Kim Kardashian y su guardaespaldas, en Nueva York
El comando de los abuelos ladrones que robaron a Kim Kardashian a punta de pistola
Un total de 12 personas están involucradas en el asalto a Kim Kardashian, pero no todas podrán ir a juicio
Una mujer atada, amordazada y encerrada en el baño, a punta de pistola, en un lujoso apartamento en el corazón de París. Aunque podría sonar a una escena sacada de una película de terror, esa fue la cruel realidad que vivió Kim Kardashian el 3 de octubre de 2016. En plena Semana de la Moda, la famosa empresaria se encontraba descansando en su exclusivo apartamento en la calle Tronchet, cuando una banda de cinco atracadores encapuchados irrumpió en su habitación. Lo que comenzó como una tranquila noche se convirtió en una pesadilla aterradora, en la que la estrella fue despojada de millones de dólares en joyas, mientras temía por su vida, atrapada en su propio baño, sin saber si iba a sobrevivir para contar su historia.
Mientras su guardaespaldas estaba fuera con su hermana Kourtney, Kim, completamente sola y vulnerable, escuchó los pasos de los ladrones acercándose por las escaleras. Gritó con todas sus fuerzas, pero nadie respondió. Fue en ese momento cuando, como relató meses después en Keeping Up With the Kardashians, comprendió que algo estaba terriblemente mal. Atada y con el miedo a flor de piel, solo podía pensar: «Van a dispararme». Pero, lo que realmente deseaban los atacantes no era su vida, sino su fortuna, especialmente las joyas que la estrella mediática había mostrado sin pudor en sus redes sociales. El golpe, valorado en unos 10 millones de dólares, incluyó el lujoso anillo de diamantes que su entonces marido Kanye West le había regalado, tasado en 4 millones de dólares. Y no se conformaron con eso: también se llevaron pulseras, pendientes y un reloj, dejándola vacía no solo de bienes materiales, sino de una paz que jamás recuperaría.
Uno de los detenidos por el robo a Kim Kardashian
El robo a Kim fue aterrador no solo por su visibilidad global, sino por la frialdad de los ladrones, que usaron un modus operandi de vieja escuela. A las 3:00 a.m., vestidos como policías, un grupo de hombres de unos 60 años irrumpió en el parisino Hotel de Pourtalès. Tras amenazar al conserje, lo obligaron a guiarlos hasta la suite de Kim. Una vez dentro, la arrastraron al pasillo, la empujaron contra la cama y la ataron con cinta adhesiva, apuntándole con un arma a la cabeza. Desesperada, intentó llamar al 911, pero no funcionaba fuera de EE. UU., dejándola indefensa. Los ladrones escaparon rápidamente, en bicicletas y a pie, con el botín, dejando a la creadora de contenido traumatizada. Tras lo sucedido, confesó sentirse como un «robot, sin emociones».
La investigación llevó a la captura de 17 personas en 2017, pero el juicio, que debía comenzar en 2021, se ha retrasado varias veces por la pandemia, la saturación de tribunales y el temor a que el escándalo afectara el turismo antes de los Juegos Olímpicos de París 2024.
Kim Kardashian
9 años después, diez de los implicados en el robo finalmente se enfrentan a juicio. La mayoría de ellos son hombres de entre 70 y 80 años, nacidos en la década de 1950, por lo que algunos no podrán comparecer: uno de los acusados, con demencia avanzada, será absuelto, y otro ya falleció. A pesar de las pruebas, casi todos niegan su implicación en el crimen. Entre los detenidos están Yunice Abbas, de 67 años, quien ya ha confesado, y Aomar Ait Khedache, apodado «El Viejo Omar», quien presuntamente organizó todo. Estos «abuelos ladrones» no parecen tener remordimientos, pero el juicio, tras años de espera, promete más revelaciones.
El suceso dejó un montón de incógnitas sin resolver, especialmente en cuanto a las joyas robadas. Yunice, un ladrón de toda la vida con un pasado delictivo bastante pesado, fue el que más sacó del asalto, llevándose 75.000 euros (unos 85.000 dólares). Sin embargo, el anillo de compromiso de Kim nunca fue vendido, ya que temían que fuera fácil de rastrear. La mayoría de las joyas fueron fundidas o destruidas, dejando solo rastros de lo que pudo haber sido el golpe del siglo. En un giro macabro, Abbas, que escribió un libro titulado «Yo robé a mano armada a Kim Kardashian», confesó que ese asalto iba a ser su último gran trabajo antes de «jubilarse» del crimen. Después de enterarse del daño emocional que causó a la víctima, se disculpó, pero dejó claro que no lamentaba ser atrapado, solo el sufrimiento que provocó en la socialité.