Montaje de la nueva propiedad de Julio Iglesias en Orense
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El pueblo que vive de los ataúdes espera la llegada de Julio Iglesias
El pequeño municipio de Piñor, en Orense, es conocido por ser uno de los mayores productores de féretros de España
Julio Iglesias, uno de los artistas más internacionales de la historia de la música española, ha sorprendido al adquirir recientemente una espectacular finca en el pequeño municipio de Piñor, en el corazón de Galicia. Tras décadas viviendo entre Miami, Punta Cana y Marbella, el cantante ha decidido echar raíces en una tierra que guarda un profundo vínculo con su historia familiar: su padre, el doctor Julio Iglesias Puga, era originario de Orense.
La propiedad, valorada en unos cuatro millones de euros, está situada en la aldea de Villarino, a apenas dos kilómetros del núcleo urbano de Cea, en la provincia de Orense. Iglesias y su mujer, Miranda Rijnsburger, se enamoraron de la vivienda que pertenecía al exalcalde de Orense, Manuel Cabezas, y su esposa Ada Arroyo. La finca cuenta con más de 1.500 metros cuadrados construidos, rodeados de plena naturaleza, y dispone de lago artificial, ascensor, garaje para veinte vehículos, zona ajardinada y hasta espacio para instalar un helipuerto. Una piscina algo profunda, ya está siendo reformada.
Pero lo más singular no está dentro de la finca, sino fuera. Piñor, el municipio en el que Iglesias ha decidido instalarse, es conocido popularmente como «el pueblo que vive de la muerte». Con poco más de 1.100 habitantes, su principal motor económico es la fabricación de ataúdes. Actualmente, nueve empresas funerarias continúan en activo (aunque llegaron a ser trece), produciendo alrededor de 2.500 féretros al año, que se exportan sobre todo a España y Portugal. De hecho, la empresa Ataúdes Gallego lidera la producción con una línea ecológica pionera en el sector. Casi todos sus vecinos viven de esto.
El origen de este peculiar modelo económico se remonta a décadas atrás, cuando los bosques de pinos del entorno favorecieron la aparición de pequeños talleres artesanales. Aprendices que aprendieron de los primeros carpinteros decidieron abrir sus propios negocios, y así el sector se fue multiplicando hasta convertirse en la principal fuente de empleo de la zona. Hoy en día, varias generaciones continúan con esta tradición local que, aunque silenciosa, sostiene económicamente al municipio.
Casa do concello de Piñor
Y precisamente para rendir homenaje a este legado, el Ayuntamiento—cuyo alcalde, José Luis González, proviene también de una familia funeraria— ha impulsado un proyecto único en Europa: A Casa do Cadaleito, un centro cultural dedicado a la historia de la fabricación de ataúdes. El edificio, situado en la histórica Vía da Plata, a escasos metros del nuevo albergue de peregrinos, ha sido rehabilitado con una inversión de 110.000 euros aportados por la Diputación de Orense en dos fases. El objetivo era convertir este espacio en un reclamo turístico y un lugar de reconocimiento a los artesanos del ataúd. Es además una parada atractiva para quienes hacen el Camino de Santiago por esta ruta.
Durante la pandemia del COVID-19, el pueblo se vio obligado a duplicar su producción de féretros ante la altísima demanda. Pasaron de fabricar 200 ataúdes al mes a más de 400, compensando el freno de las importaciones chinas, de las que muchas funerarias dependían hasta entonces. La gama de precios es amplia: los modelos más económicos rondan entre 500 y 1.000 euros, pero los más lujosos pueden alcanzar los 7.000, considerados auténticos Ferraris funerarios.
El entorno ofrece también sorpresas culturales y paisajísticas. Muy cerca se encuentra el Monasterio de Oseira, conocido como el «Escorial gallego», uno de los conjuntos monásticos más impresionantes de Galicia. Además, se conserva el castro de Guimarás, yacimiento de la Edad del Hierro explorado por el célebre prehistoriador Florentino Cuevillas.
Una de las nueve empresas de ataúdes que hay en la localidad
Y para quienes se animen a visitar este pintoresco municipio, también tiene opciones para disfrutar de la gastronomía local. En el pueblo hay dos bares —el Restaurante Ateneo y el Bar O’Refugio, situado en la Ruta de la Plata a la altura de Cátelas— donde se puede comer menú del día o encargar comida para llevar.