Jácome con su concejala en las Termas de Muiño
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Críticas al alcalde de Orense por vestir a su concejala en bañador y mirarla de arriba abajo
Gonzalo Pérez Jácome pretendía realizar una denuncia pública contra las recomendaciones de la Xunta de Galicia de evitar el baño en las Termas de Muíño
Con una cuenta atrás digna de un programa de televisión –«Cinco, cuatro, tres...»–, el alcalde de Orense, Gonzalo Pérez Jácome, ha hecho gala de su habitual teatralidad y populismo mediático para lanzarse, junto a su concejala de Festejos, Noa Rouco, a las aguas de las Termas de Muíño, en Outariz.
El gesto, grabado y difundido en redes sociales, pretendía ser una denuncia pública contra las recomendaciones de la Xunta de Galicia de evitar el baño en este enclave termal por supuestos motivos sanitarios. «Libre acceso ya a las más bonitas de Orense: Termas de Muíño» comenta Jácome ante un letrero que indica «A Xunta de Galicia recomenda non bañarse», aludiendo a que se trata de una «normativa autonómica surrealista».
Al ver el vídeo, cargado de humorismo involuntario y calculado efectismo, es inevitable evocar una de las imágenes más icónicas de la propaganda política española del siglo XX: el célebre baño del exministro Manuel Fraga junto al embajador de Estados Unidos, Angier Biddle Duke, en Palomarrs en 1966, cuando intentó tranquilizar a la opinión pública tras el accidente nuclear que involucró bombas atómicas estadounidenses en la costa almeriense.
Aquel chapuzón, cuidadosamente fotografiado, pretendía transmitir una falsa sensación de normalidad frente al riesgo de radiación. Medio siglo después, Jácome retoma ese simbolismo, aunque adaptado al ecosistema de las redes sociales y la cultura del espectáculo. «Como si volviéramos 50 o 60 años hacia atrás, con aquello de Palomanes, ¿no era Palomanes?», pregunta a los cámaras, que no tardan en corregirle y apuntar: «Palomares», le dicen sorprendidos al ver que desconoce incluso el nombre.
Vestido con bañador y un micrófono de solapa estratégicamente enganchado en el vello del pecho, arremete contra lo que califica de normativa «surrealista», alegando que la administración autonómica no ha sabido clasificar adecuadamente las aguas de las termas. Según afirma, ni se consideran parte del río, ni piscina ni fuente termal regulada, lo que impide su uso recreativo. Para respaldar su versión, asegura que el propio Concello realiza análisis «periódicos» que certificarían la salubridad del agua, aunque no aporta ningún documento o dato contrastable que lo respalde.
Mientras Jácome toma la palabra y controla completamente el discurso del vídeo, Rouco permanece en un segundo plano, en absoluto silencio. No interviene, no se le dirige la palabra, ni se le formula ninguna pregunta. La escena carece por completo de diálogo: es un monólogo del alcalde, que marca los tiempos, los gestos y hasta la puesta en escena. La concejala aparece como acompañante muda, sin espacio para expresar opinión propia ni para contextualizar su presencia en el vídeo.
El momento más comentado y polémico ocurre cuando Jácome menciona su nombre. Con un gesto, la señala, la mira de arriba abajo y, acto seguido, continúa hablando sin darle la palabra. La concejala, graduada en Turismo por la universidad de Vigo, es tratada más como parte del decorado que como figura política activa.
En su declaración final, mientras se recuesta teatralmente sobre el agua como si protagonizara un anuncio turístico, Jácome proclama: «Paraíso natural, incomparables en el mundo, ¡háganme caso!». Lo que podría haberse interpretado como un gesto de reivindicación del patrimonio natural y termal de Ourense, termina reflejando una visión política donde la búsqueda de notoriedad se impone al rigor institucional.