Andrés Roca Rey con su novia
La novia de Roca Rey: mexicana, ex de torero y amiga de Victoria Federica
El maestro peruano sale con Marina Díaz desde mayo de 2024
El torero es por lo general una figura orgullosa de su arte, con una gran querencia hacia sí mismos, que ha desatado más de una pelea en el ruedo. La de Morante y Roca Rey se quedó en palabras. La chispa saltó en el callejón cuando un quite del peruano no convenció a Morante. El sevillano, fiel a su clasicismo, le dijo: «Eso se hace después del segundo puyazo, no del cuarto. Aquí no es reglamentario». El peruano, con media sonrisa, replicó: «Maestro, fúmate un purito despacito».
Si al lado de Morante, que el domingo sufrió una preocupante cornada en Pontevedra, se encuentra su mujer, Elizabeth Reyes, en la otra esquina del duelo generacional está Marina Díaz Torre, joven mexicana que desde mayo de 2024 mantiene una relación con Andrés Roca Rey.
Este verano se han dejado ver varias ocasiones por España. En junio, asistieron juntos al concierto de Maná, en el Icónica Santalucía Sevilla Fest. La joven pareja cantó, bailó y se besó sin importarles las cámaras.
Roca Rey y Marina Díaz
Menor de 30 años, estudia en el ITESO, (Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente), en la Universidad privada jesuita de Guadalajara (México). Mantiene sus redes sociales privadas y un perfil bajo ante la prensa. Su historia comenzó tras la ruptura del torero con Andrea Romero, con quien compartió siete años de relación .Ella salió, previamente, con el torero Antonio Catalán, más conocido como Toñete.
Marina se mueve en un círculo social próximo al del diestro —es amiga de Victoria de Marichalar y de la influencer María Pombo—. Precisamente con la hija de la Infanta Elena se llegó a relacionar a Roca Rey en el pasado, aunque aquello nunca se confirmó.
Así, entre la mujer Morante y la novia de Roca Rey hay más de una década de diferencia. Dos maneras de vivir el amor y el ruedo: una, con la solidez de una historia larga; otra, con la frescura de un romance que empieza. Eso sí, comparten un mismo riesgo —amar a un torero— y algo más: la discreción… y la belleza morena de ojos claros.