Joaquin Sabina, en una imagen de archivo
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El patrimonio de Sabina a los 76 años y tras decir adiós a la música
El cantante se despidió de los escenarios el pasado domingo en un concierto histórico
Joaquín Sabina colgó el bombín el pasado domingo en un concierto histórico en el Movistar Arena con el que cerraba una etapa de casi medio siglo. Ahora, ya convertido en una leyenda viva de la música española, el artista será ese que «se tumba a tu lado en la alfombra /a la orilla de la chimenea / a esperar que suba la marea», como diría en uno de sus canciones.
Lo cierto es que, con más de 200 en su haber, es sencillo citar sus versos para hablar de casi cualquier tema, incluso su jubilación si se menciona, por ejemplo, Nos sobran los motivos con su mítico «este adiós no maquilla un hasta luego / este nunca no esconde un ojalá / esta ceniza no juega con fuego, este ciego no mira para atrás». Mire o no hacia atrás, parece que Sabina ya está instalado en ese «hogar del jubilado» que describía su mujer, Jimena Coronado, al terminar el concierto con una imagen en la que se le veía rodeado de su entorno más cercano.
A sus 76 años, el cantante puede disfrutar de una jubilación dorada y eso que, según él, siempre ha sido un «inútil» para las cuestiones administrativas, «incluso para el dinero». Si tenemos en cuenta sus empresas y propiedades, su patrimonio rondaría los 7 millones de euros y los gestiona a través de tres sociedades distintas: Relatores S.L., Ultramarinos Finos S.L. y El Pan de mis Niñas. Estas le han servido para administrar sus derechos, sus bienes inmuebles y otras actividades asociadas a su carrera como ventas, regalías, conciertos y derechos de autor.
De hecho, esta forma de declarar y ceder derechos a sus sociedades generó controversia fiscal y el Tribunal Supremo dictó sentencia al respecto: debía pagar 2,5 millones de euros a Hacienda por los ejercicios fiscales 2008-2010, al considerar que los ingresos gestionados por sociedades tenían que tributar como IRPF.
«Estos sistemas no tenían intención de ingeniería fiscal alguna, sino de facilitar la gestión de mi música y mis ingresos de derechos de autor», defendió el artista en su día. Aunque presentó un recurso, este fue inadmitido a trámite e interpuso una sentencia condenatoria. Asumió públicamente el pago y reavivó el debate sobre la fiscalidad de artistas y sus irregularidades.
Entre sus bienes inmuebles destaca su casa de La Latina, un elegante piso en el centro de la capital que ha convertido en su refugio personal. Sabina, acompañado de su esposa Jimena Coronado, ha encontrado en este rincón de la ciudad no solo un espacio para descansar después de sus intensos conciertos, sino también un lugar en el que la creatividad fluye libremente.
Está ubicado en un edificio de principios del siglo XX y en su interior, destacan los techos altos, las molduras de yeso y el suelo de madera, que aportan una sensación de calidez. La decoración, aunque discreta, es un reflejo de los gustos eclécticos del cantante. Hay numerosos objetos que remiten a su carrera y a sus vivencias: discos de vinilo, libros, fotografías y recuerdos de sus viajes.
Además, posee otra casa junto al mar, situada en la localidad de Rota (Cádiz), en el corazón de la Costa de la Luz. A diferencia del dúplex madrileño con más de 300 metros cuadrados, esta propiedad consta de 250 metros cuadrados con jardín y piscina, lo que la sitúa en un precio que no baja de los 600.000 €. Entre una casa y otra, pasará ahora sus días. «Quiero estar en casa, leyendo y pintando. Además, ya no salgo, no voy a ningún sitio», decía el de Úbeda hace tan solo unas semanas. Ahora tiene todo el tiempo del mundo para hacerlo.