Norman Foster
El edificio de Norman Foster que causa rechazo entre los arquitectos
Aunque promete ser muy eficiente y moderno, nació tras derribar un rascacielos histórico en Manhattan y por eso se ha convertido en objeto de debate
Dicen que el problema no es la torre nueva, sino lo que hubo que hacer para construirla. El rascacielos que JPMorgan Chase levantó en el número 270 de Park Avenue, en Manhattan, ha colocado a Norman Foster, arquitecto británico, premio Pritzker y uno de los nombres más influyentes de la arquitectura contemporánea, en el centro de la polémica porque su proyecto parte de una decisión que muchos profesionales cuestionan: derribar un edificio que funcionaba perfectamente para sustituirlo por otro más alto.
270 Park Avenue en construcción
La crítica se dirige sobre todo a ese gesto inicial. Para levantar la nueva sede, diseñada por Foster + Partners y con 60 plantas, se demolió el Union Carbide Building, una torre de 1960 y 215 metros considerada un refinado ejemplo del modernismo corporativo de posguerra. No estaba abandonada ni tenía fallos estructurales graves; al contrario, había sido renovada poco antes. Su desaparición implicó perder toda la energía y recursos ya invertidos en su construcción, algo que para muchos especialistas resume el verdadero problema ambiental.
Skyline de Nueva York
El arquitecto Xavier Rodríguez Hurtado lo explica de forma directa: «Derribar un rascacielos completo para levantar otro el doble de alto es, en términos ambientales, una operación de enorme impacto, y es lógico que genere rechazo».
Según detalló en La Vanguardia, la decisión no se debió a una urgencia técnica, sino a una estrategia urbana. En 2017, Nueva York aprobó una normativa para modernizar el área de East Midtown, donde se ubica Park Avenue, permitiendo construir torres más altas a cambio de inversiones privadas en mejoras públicas. La intención era rejuvenecer un distrito con edificios envejecidos y reforzar la competitividad internacional de la ciudad.
270 Park Avenue
Ahí entra el matiz que complica el debate. La nueva torre, que suma 423 metros, ha sido diseñada con estándares energéticos muy superiores a los de su predecesora. Será totalmente eléctrica, funcionará con energía hidroeléctrica y cuenta con certificaciones como LEED Platinum y WELL, lo que en teoría garantiza un rendimiento ambiental muy alto durante décadas. Pero el propio Rodríguez introduce la clave temporal: «Si realmente logra mantener un alto rendimiento durante 70, 80 o incluso 100 años, el impacto ambiental inicial debería analizarse en una escala temporal mucho más amplia y no solo en el momento de su construcción».
270Park Avenue en 2023
En otras palabras, la discusión no gira solo en torno a este edificio, sino a una pregunta de fondo que divide hoy al mundo de la arquitectura: si es más sostenible construir desde cero o adaptar lo que ya existe. El especialista insiste en que la eficiencia real de un rascacielos no se mide únicamente cuando está en uso, sino también en todo lo que ha costado levantarlo.
Norman Foster
Existen ejemplos que refuerzan esa idea. El Empire State Building, con más de noventa años, fue sometido a una profunda rehabilitación energética que redujo su consumo anual cerca de un 38%, demostrando que actualizar edificios antiguos puede ser una alternativa eficaz. Por eso el 270 Park Avenue se ha convertido en algo más que una nueva torre en el skyline neoyorquino: es el símbolo de un dilema contemporáneo que enfrenta progreso, negocio y sostenibilidad.