Óscar Puente interpretando a Valerio en 'El Avaro' de Molière, en el Teatro Maravillas de Madrid
Los 11 años de Óscar Puente como actor de teatro y su éxito con 'El avaro' de Molière
El ministro de Transportes ha confesado recientemente que cotizó once años como actor profesional
Antes de gestionar trenes, retrasos y dar explicaciones ante los micrófonos, el ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, ya sabía lo que era plantarse bajo un foco y arrancar una función con el público en silencio. No es una metáfora: acumuló once años cotizados como actor profesional, veinte como abogado y más de una década como político. Cambió el telón por el atril, pero la escena nunca le fue ajena.
Todo empezó en 1989. Tenía veinte años y estudiaba Derecho en Valladolid cuando, casi por casualidad, se apuntó con su hermana al Aula de Teatro de la facultad. Allí, el director, Juan Antonio Quintana, le hizo leer un papel y zanjó la prueba con un rotundo: «Tú te quedas aquí». De no haber hecho teatro «ni en el colegio» pasó a ensayar a diario y a sumergirse en los clásicos como si llevara años preparándose.
Su recorrido fue más amplio de lo que muchos esperan. Antes del gran éxito llegaron Romeo y Julieta, donde se midió con Shakespeare; Don Duardos, de Gil Vicente; Don Perlimplín, de Federico García Lorca; y un montaje inspirado en Mérimée en el que interpretó al virrey del Perú. Papeles distintos, registros variados y una disciplina que fue afinando voz, gesto y presencia.
El gran salto llegó con El avaro, de Molière. Encarnó a Valerio en una versión adaptada por Enrique Llovet y dirigida por Quintana que alcanzó alrededor de quinientas representaciones. El montaje llenó teatros en Valladolid, desembarcó en la Gran Vía madrileña y recibió el espaldarazo definitivo con una crítica elogiosa de Eduardo Haro Tecglen en El País. A partir de ahí, funciones ampliadas, primeros puestos de taquilla, giras por España, paso por el Corral de Comedias de Almagro y actuaciones en Francia y Portugal. Años de aplausos que él mismo recuerda como irrepetibles.
En aquella compañía coincidió con actores que después tendrían una carrera consolidada como Diego Martín y Eva Hache, y compartió cartel en la capital con figuras tan populares como Lina Morgan y José Sazatornil. Entre el público pasaron nombres como Pedro Almodóvar o Arturo Pérez-Reverte.
Mientras tanto, llevaba una doble vida: abogado de día, actor de noche. Salía del despacho a las seis, se vestía de Valerio y subía al escenario. Estudiaba en hoteles, apenas pisaba clase y encajaba horarios con precisión casi quirúrgica. Una rutina exigente que, sin buscarlo, le dio una habilidad clave: cambiar de registro sin titubear.
La etapa teatral terminó con un monólogo de Goethe acompañado por música de Beethoven junto a la Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Lo dejó con treinta y un años. Reconoció después que durante un tiempo sintió el «gusanillo» de quien abandona el aplauso, pero insiste en que no fue una vocación absoluta, sino una casualidad prolongada.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente
Luego llegó la política a tiempo completo. Militante del PSOE desde 1990, dio el salto en Valladolid en 2004, fue concejal, líder municipal y alcalde durante ocho años, hasta alcanzar el Consejo de Ministros bajo la presidencia de Pedro Sánchez. Un escenario distinto, con focos más duros y críticas menos indulgentes.
Al repasar su trayectoria, la reflexión surge sola: en política no basta con tener argumentos, hay que saber defenderlos con presencia, firmeza y control del tempo. Él asegura que no quiere jubilarse, que trabajará hasta el último aliento. La frase suena casi a actor que no está dispuesto a abandonar el escenario. Cambian los decorados, cambian los guiones, pero la función continúa. Y el público, como siempre, decide si aplaude… o silba.