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Elena Ochoa nació y creció en Puebla de Trives (Ourense)

Elena Ochoa nació y creció en Puebla de Trives (Ourense)

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El origen gallego de Elena Ochoa, la mujer que lleva unida a Norman Foster 30 años

Posee un vínculo permanente y sentimental con Puebla de Trives, el pueblo en el que vivieron sus padres y sus abuelos

El nombre de Norman Foster ya está casi más unido a España que a su Mánchester natal. El famoso arquitecto conoció nuestro país de la mano de su mujer, Elena Ochoa, a la que lleva unido 30 años de felicidad plena, y desde entonces es un enamorado de él. Se conocieron en la universidad King's College de Londres, a donde ella llegó para volver a convertirse en un rostro anónimo tras participar en el programa de TVE Hablemos de sexo. Poco importaron los 23 años de diferencia o que ella se acabase de divorciar del escritor Luis Racionero.

El amor entre ello creció y formaron una sólida unión que continúa a día de hoy en Madrid, con la Fundación Norman Foster como epicentro de sus labores profesionales. A este espacio de investigación y educación arquitectónica en el barrio de Chamberí se une ahora la nueva sede de Ivorypress, un proyecto cultural que Elena Ochoa creó hace tres décadas y que ahora estrena sede en la capital. Lo que comenzó con la publicación de un libro del escultor Eduardo Chillida pronto se convirtió en una editorial de libros de artistas de renombre que ahora tiene su espacio en la calle Orfila.

Ochoa divide su tiempo con Norman Foster entre distintas propiedades de lujo repartidas por el mundo, desde su ático con vistas al Támesis en Londres a su refugio de varios millones de euros en St. Moritz (Suiza) pasando por una exótica propiedad en Leedon Park (Singapur) o el palacete señorial de la madrileña calle Monte Esquinza. Sin embargo, no olvida sus raíces gallegas y también se deja caer por su pueblo natal, Puebla de Trives.

En este recóndito municipio orensano creció su padre, Pepe Fernández Rodicio, un farmacéutico que se emparentó al casarse con los López-Ochoa. De su unión nacieron cinco hijos, siendo Elena, la que más disfrutaba de la localidad en compañía de sus abuelos, don Paco y doña Pía, tal y como confesaron vecinos del pueblo a El Mundo. Tras el fallecimiento de estos y con el propio devenir de su vida adolescente y universitaria, la joven Elena Ochoa espació sus visitas a Puebla de Trives.

Tomó el apellido de su madre y se formó en psicología clínica, convirtiéndose tras su titulación en una profesora universitaria seria y brillante de Psicopatología en la Universidad Complutense de Madrid. Ocupó su puesto durante dos décadas, hasta que en 2001, se marchó a Londres y su vida cambió al conocer a Foster. Sin embargo, en todo este tiempo no ha olvidado su vínculo sentimental con el norte de España.

El pazo Casa Grande Trives es ahora el mejor hotel rural de la zona

El pazo Casa Grande Trives es ahora el mejor hotel rural de la zona

«Mi infancia vive continuamente escondida en mí», explicó en una entrevista para Vogue. «Galicia, donde nací y estudié hasta los dieciséis años; el País Vasco, donde aprendí a caminar y donde pasé muchos veranos de pequeña combinados con Sangenjo, en las Rías Bajas», añadió. Al recordar esos meses estivales también se acordó de sus abuelos y padres, a los que definió como «maravillosos». «Se fueron para siempre demasiado pronto».

Puebla de Trives puede presumir, a día de hoy, de poseer uno de los cascos antiguos mejor conservados de Galicia. Se alza como un tesoro oculto en el macizo central orensano donde los pazos señoriales conviven con un entramado de calles y casas construidas en piedra.

El mirador de Pedras de Rome

El mirador de Pedras de Rome

De todas ellas destaca la Casa Grande Trives, uno de los pazos más bonitos de la zona y en el que uno puede hospedarse. La típica galería de su fachada junto con el patio central con vegetación autóctona hace las delicias de los que quieran pasar un par de días recorriendo la zona. Visitar el monasterio de San Salvador de Sobrado, muestra significativa del románico español, la antigua fábrica de chocolate, cruzar uno de los muchos puentes romanos –como el ponte Bibei o el ponte Calabar– o esquiar en Manzaneda son otras de las actividades imprescindibles. El mirador Pedras de Rome también es una parada obligatoria.

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