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Manolo Garcia attending El Ultimo de la Fila music band event in Madrid on Tuesday, 27 May 2025.

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Manolo García: «He oído a algún político decir que la cultura no da votos»

El cantante ha sido galardonado con la Medalla de Honor de la SGAE 2026

«La cultura claro que da votos». Manolo García no suele levantar la voz en el debate público, pero cuando lo hace, lo hace sin rodeos. El músico catalán, galardonado con la Medalla de Honor de la SGAE 2026, dejó una de las reflexiones más directas de los últimos tiempos durante su paso por Atención obras (RTVE), el programa que presenta Cayetana Guillén Cuervo.

No fue una entrevista al uso. En plena promoción de su nuevo disco, Drapaires poligoneros, y a las puertas del regreso de El Último de la Fila junto a Quimi Portet tras 28 años, una gira de 12 conciertos que recorrerá España esta primavera y verano, aprovechó el espacio para ir más allá de lo musical y entrar en un terreno que rara vez aborda de forma explícita: el político.

«He oído a algún político decir que la cultura no da votos». La frase quedó suspendida unos segundos. Y después, la réplica: la cultura no solo da votos, construye criterio. «Te lleva a la reflexión… a ser más libre en la crítica». En su discurso no hay consignas ni posicionamientos concretos, sino una idea clara: una sociedad formada es una sociedad con mayor capacidad de análisis.

Para entender ese planteamiento hay que volver atrás, a los años 80 que él mismo evocó en la entrevista. «Este país era bastante feliz», recordó, describiendo una etapa marcada por la consolidación de la democracia tras la Transición. España venía de una dictadura reciente y atravesaba un proceso de apertura política y social que tuvo hitos clave, como la aprobación de la Constitución de 1978 y los cambios de gobierno que marcaron la década siguiente. En ese contexto, el país vivió una transformación profunda en libertades, pero también en mentalidad colectiva.

Manolo Garcia y Quimi Portet en una rueda de prensa para su gira de 2026

Manolo Garcia y Quimi Portet en una rueda de prensa para su gira de 2026GTRES

Es a ese clima al que se refiere cuando habla de «colores bonitos». No como una idealización, sino como la percepción de una sociedad que empezaba a expresarse sin las limitaciones del pasado. La cultura, y en particular la música, se convirtió en uno de los principales vehículos de esa nueva etapa. Movimientos como la Movida madrileña o el auge del pop-rock nacional no solo marcaron una estética, sino también una forma de entender el momento que atravesaba el país.

De ahí que el artista insista en el papel activo de la cultura en ese periodo. No como acompañamiento, sino como impulso. «Todos íbamos a una», ha señalado en otras ocasiones, en referencia a una idea de comunidad que, según deja entrever, hoy resulta más compleja.

Ese posicionamiento conecta con su propia relación con la política. Nunca ha estado afiliado a ningún partido y se ha definido como un «escéptico participativo». Ha afirmado que no vota desde el referéndum de la OTAN y que evita cualquier tipo de cercanía con representantes públicos. En distintas etapas ha realizado comentarios sobre figuras políticas concretas, siempre enmarcados en el contexto del momento y centrados más en el lenguaje o el discurso que en una identificación ideológica.

Su mirada, en todo caso, se ha caracterizado por una cierta distancia crítica hacia el funcionamiento del sistema político. «Los políticos se han convertido en estrellas de rock», ha afirmado en alguna ocasión, señalando también la necesidad de poner el foco en cuestiones como la equidad y la ausencia de abusos.

Esa coherencia se traslada también a su forma de vida. Tras la disolución de El Último de la Fila, tomó una decisión poco habitual: controlar sus derechos de autor y sus grabaciones. Un movimiento estratégico que hoy se traduce en independencia. Más de diez millones de discos vendidos y un catálogo que sigue generando ingresos constantes con canciones como Insurrección o Pájaros de barro. A partir de ahí, construyó su propio modelo. Sociedades que gestionan su música, sus giras y sus inversiones. Un estudio en Barcelona, una casa en el Empordà, una estructura sólida sin grandes artificios. A eso suma otra faceta menos visible: pinta y vende sus propios cuadros entre Barcelona y Girona. Y, sin embargo, nada de eso se traduce en una vida de exceso. García insiste en lo contrario. Apuesta por una forma de vida austera, alejada del consumo ostentoso y de los códigos habituales del éxito. No hay coches de alta gama, ni grandes despliegues, ni una exposición constante ligada al lujo. Su forma de gestionar el dinero pasa más por conservar y reinvertir que por gastar.

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