Sonsoles Ónega y su novio Juan Montes
La razón por la que Sonsoles Ónega no viviría con su novio «ni en broma»
La presentadora mantiene un discreto noviazgo desde hace tres años con el financiero Juan Monte
«Yo tengo niños pequeños con los que vivo una semana sí o una semana no. Si me casara, no viviría con él, ni de broma». Con esta contundencia, Sonsoles Ónega despejaba cualquier duda sobre el futuro doméstico de su relación con el financiero Juan Monte Carrasco. La periodista, que esta semana cambió su rol habitual de presentadora por el de invitada para promocionar su novela Llevará tu nombre, aprovechó los focos para normalizar una tendencia al alza que ella misma abandera sin complejos: el amor sin convivencia.
Esta decisión nace de una gestión pragmática de su realidad personal. Con sus hijos Yago y Gonzalo, fruto de su matrimonio de once años con el abogado Carlos Pardo Sanz y que aún son menores de edad, la comunicadora prioriza un entorno familiar estable durante las semanas que le corresponde la custodia. Para la ganadora del Planeta, la plenitud emocional no pasa necesariamente por compartir la logística de un hogar común, sino por preservar la independencia y la calidad del tiempo compartido, especialmente cuando existen responsabilidades familiares previas y carreras profesionales de alta intensidad.
Sonsoles presentando su espacio en Antena 3 TV
Esta filosofía de vida tiene un nombre técnico en la sociología moderna: parejas LAT (Living Apart Together). Se trata de relaciones estables y comprometidas donde ambos miembros eligen mantener residencias separadas para evitar las fricciones que a menudo surgen al integrar a una nueva pareja en el día a día con menores. Al asentir ante los comentarios de sus colaboradores sobre «no romper el romanticismo», Ónega ratifica que vivir separados es, para ellos, la receta para mantener viva la llama sin el desgaste de la rutina doméstica ni los conflictos de convivencia.
La entrevista también sirvió para desmontar el misterio de la alianza que lucía en su mano y que muchos interpretaron como un compromiso inminente. Lejos de ser una joya de pedida, Sonsoles explicó con humor que se trata de un rediseño sentimental realizado por su tío joyero a partir de unos pendientes que le regaló su madre. Aunque bromeó con que Juan le pide matrimonio «todos los días» desde que se conocieron a principios de 2023, la presentadora tiene claro que un papel firmado no cambiaría su estructura de vida actual. Su relación con el director de Finanzas Corporativas de UBS España se basa en el contraste: él es un «disfrutón» y ella una mujer que apenas tiene tiempo para el ocio debido a su autoexigencia laboral. Esa distancia física del modelo LAT funciona como el bálsamo necesario para que dos mundos tan exigentes converjan sin colisionar.
Finalmente, Ónega aprovechó este espacio de vulnerabilidad para reflexionar sobre los sacrificios de su éxito, reconociendo con cierta amargura que se ha «perdido la infancia de sus hijos» por no renunciar a su carrera. En este contexto, su defensa de una vida independiente cobra aún más sentido. Para una mujer que ya gestiona el peso de la responsabilidad profesional y materna, añadir la complejidad de una convivencia tradicional podría resultar agotador. Al elegir vivir «separados pero juntos», Sonsoles y Juan demuestran que el amor en la madurez no entiende de moldes fijos, sino de acuerdos que respeten la libertad individual y la paz mental por encima de las convenciones sociales