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Borja Sémper, a su llegada al Congreso de los Diputados

Borja Sémper, a su llegada al Congreso de los DiputadosEFE

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Borja Sémper revela que pensó que «no saldría de esta» con su cáncer: «Gracias a mi mujer estoy vivo»

En su entrevista más íntima, el político revela cómo la intuición de Bárbara Goenaga fue la clave definitiva para salvarle la vida

Borja Sémper ha regresado a la primera línea política con una perspectiva vital completamente renovada tras atravesar el desierto de un cáncer de páncreas. Diez meses después de su diagnóstico y tras superar cuatro meses de una quimioterapia que él mismo define como «veneno para el tumor, pero también veneno para ti», el portavoz nacional del Partido Popular se ha sentado esta mañana frente a Ana Rosa Quintana para desnudarse emocionalmente y rendir un tributo público a la mujer que le salvó la vida: la actriz Bárbara Goenaga.

En una conversación marcada por la naturalidad y la ausencia de eufemismos, Sémper ha reconocido que hoy está vivo gracias a la insistencia de su pareja, quien se empeñó en que se realizara unas pruebas médicas que él mismo había postergado. «Se empeñó en que hiciera lo que había dejado de hacer, que era cuidarme. Un día dije: ‘Vale’. Pensando en que me dejaría en paz tras hacerme la prueba», confiesa el político, revelando que la intuición de la intérprete guipuzcoana fue clave para detectar la enfermedad en un estadio previo.

La conexión de Bárbara con esta enfermedad es profunda y dolorosa, ya que el cáncer de pulmón se llevó a sus dos padres, lo que explica esa vigilancia casi instintiva que ha terminado rescatando a Sémper de un desenlace fatal. El político no ha ocultado la crudeza de los momentos en los que el miedo le empujó a «ir cerrando carpetas y dejar todo atado», especialmente pensando en sus cuatro hijos (dos de ellos aún muy pequeños) y en el impacto que su ausencia tendría en su familia.

«Solo podía pensar en el marrón que le iba a dejar a mi mujer, a mis hijos... Eso es lo que más me pesó en aquellos primeros días», ha dicho con una sinceridad que choca con la rigidez habitual de la esfera política, antes de admitir con vulnerabilidad: «Me daba miedo dejar de vivir».

También, ha descrito el proceso como un «cambio brutal» no solo interno, sino físico, recordando cómo el espejo le devolvía la imagen de un hombre sin cejas ni pestañas, hinchado por la medicación, una realidad que le ha servido para quitarse «mucha tontería de encima» y dejar atrás la coquetería que antes le caracterizaba.

Esta dura experiencia ha servido para consolidar una relación que comenzó a finales de 2014, uniendo dos mundos aparentemente distantes como son la política y la interpretación. Ella, con una carrera que arrancó siendo apenas una niña en la mítica serie vasca Goenkale y que ha pasado por producciones de éxito nacional como Amar es para siempre o Cuéntame, ha sido el pilar inamovible de Sémper en este trance.

Mientras él retomó su agenda con un desayuno informativo en el Nueva Economía Fórum el pasado 5 de mayo, ella celebra la recuperación de su marido volviendo a sus raíces en la televisión vasca ETB con un nuevo proyecto musical. Este equilibrio entre el drama vivido y la ilusión del presente es lo que ahora define a la pareja, quienes tras mudarse recientemente a una nueva casa, afrontan el futuro con una escala de valores donde el tiempo se ha vuelto el activo más preciado.

Lejos de misticismos, el veterano popular asegura que el cáncer le ha enseñado a elegir mejor sus batallas y sus compañías. «Ya no quiero tonterías, no quiero rodearme de gente tóxica. El tiempo, sea el que sea, no deja de ser escaso», ha sentenciado ante Ana Rosa Quintana, subrayando que ahora disfruta de cumplir años, algo que antes le pesaba. La enfermedad, paradójicamente, le ha permitido descubrir la bondad de los amigos, tanto dentro como fuera del espectro político, y le ha reafirmado en su deseo de vivir sin filtros.

«Sabía que tenía amigos, pero no sabía la talla que tenían. También mis compañeros, muchos de mis adversarios y de Feijóo, que se ha mostrado conmigo como un segundo médico. He descubierto también la bondad de la gente y la generosidad. También he aprendido a querer rodearme solo de gente buena en la vida», ha asegurado.

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