El presidente Salvador Illa, con su esposa Marta Estruch, y el Papa León XIV
Marta Estruch, la mujer de profundas convicciones católicas que asesora en la sombra a Salvador Illa
Ha cultivado una presencia pública mínima, muy alejada de la exposición mediática de otras parejas de líderes políticos, como Begoña Gómez
La reciente visita del Papa León XIV a Barcelona ha vuelto a poner el foco sobre el entorno más cercano de Salvador Illa, dejando ver el papel que desempeña su esposa en los actos institucionales de mayor relevancia. Casados en segundas nupcias y padres de una hija adolescente, ambos han protegido su vida familiar con extrema discreción a lo largo de los años. De hecho, Marta Estruch ha cultivado una presencia pública mínima, muy alejada de la exposición mediática de otras parejas de líderes políticos, como Begoña Gómez, esposa del presidente Pedro Sánchez, con quien, sin embargo, mantiene una excelente relación personal.
Esa voluntad de permanecer en un segundo plano se vio parcialmente alterada con motivo de la visita del Pontífice a la Ciudad Condal, una de las escasas ocasiones en las que ha acompañado a Illa en un acto de gran proyección pública. El momento más significativo para el matrimonio tuvo lugar durante la audiencia privada de treinta minutos que el Papa les concedió en el Palacio Episcopal, un encuentro en el que Marta no se limitó a ejercer un papel secundario, sino que formó parte activa del núcleo de la reunión.
Durante la cita, que tuvo lugar el nueve de junio, en la que se abordaron asuntos como la situación internacional, las políticas migratorias y los desafíos éticos que plantea la inteligencia artificial, ella se convirtió también en una pieza relevante del protocolo. Para la ocasión, prescindió de sus habituales gafas oscuras y apostó por un sobrio recogido hacia atrás que reforzaba una imagen marcada por la elegancia y la discreción. Fiel a las normas de etiqueta vaticanas, lució un conjunto negro de líneas depuradas, sin estampados ni adornos llamativos, con escote cerrado y una estética austera perfectamente adaptada al contexto religioso.
Begoña Gómez, Pedro Sánchez, Salvador Illa y Marta Estruch en el Primavera Sound
La audiencia sirvió además para que Salvador hiciera entrega al Santo Padre de una copia del acta de colocación de la primera piedra de la Sagrada Familia, fechada en 1882, un gesto cargado de simbolismo que puso el broche a una reunión en la que la figura de Estruch volvió a demostrar que, pese a su habitual discreción, desempeña un papel relevante en los momentos institucionales más destacados de la carrera política de su marido.
Así las cosas, aunque ha mantenido siempre un férreo blindaje mediático, se sabe que el matrimonio comparte unas sólidas convicciones religiosas que han marcado buena parte de su trayectoria vital en común. Esta sintonía espiritual ayuda a explicar la naturalidad con la que el líder socialista ha hablado de su fe en distintas ocasiones, reconociendo públicamente que, aunque no acude a misa cada semana, la oración forma parte de su rutina diaria y los valores cristianos influyen en su manera de entender la política y la vida. Según ha explicado en diversas entrevistas, cada noche dedica unos minutos a revisar mentalmente la jornada, analizar sus decisiones y reflexionar sobre los retos que tiene por delante, un ejercicio de introspección que completa con la oración para encontrar serenidad, fuerza e inspiración.
Cuando sus compromisos institucionales se lo permiten, Illa y Estruch participan en la misa dominical en la parroquia de La Roca del Vallès, el municipio donde han fijado su residencia. De hecho, su vinculación con la Iglesia católica ha quedado patente en diferentes momentos de los últimos años. Ya en 2021 ambos participaron en un encuentro privado con el arzobispo Juan José Omella en la comarca del Matarraña, una relación que volvió a hacerse visible en marzo de 2024 durante una audiencia oficial en el Vaticano con el papa Francisco.
A sus cerca de 60 años, y pese a la escasez de datos biográficos sobre sus orígenes, Marta posee una identidad profesional completamente autónoma e independiente de la carrera meteórica de su marido. Lejos de ejercer como un mero apéndice protocolario, cuenta con una sólida trayectoria en el tejido corporativo privado como empleada de la multinacional Nestlé en su sede de Esplugues de Llobregat.
En una de las contadas ocasiones en las que ha roto su anonimato, Estruch detalló su labor como responsable de marca de la división Countlines (la gama de productos y pequeños bocados de chocolate de la firma suiza), un puesto que compagina con naturalidad mientras asume una agenda institucional creciente pero selectiva. En los últimos meses, su presencia se ha normalizado en citas clave como en alguna que otra gala de los Premios Ondas, consolidándose como una influyente consejera en la sombra que aporta pragmatismo y estabilidad al jefe del Ejecutivo catalán.