Julián Chivite López
Unzu Wines
Julián Chivite: «Llevo 53 vendimias a mis espaldas y este es el mejor rosado de mi vida»
Undécima generación de una familia navarra dedicada al vino, tras la muerte de tres hermanos y la compra de la bodega familiar por el Grupo Peralada, lanzó la suya propia
La familia Chivite forma parte de una de las grandes sagas históricas del vino español. Sus orígenes se remontan a 1647, cuando aparece el primer documento notarial vinculado a la familia y al cultivo de la vid en Cintruénigo (Navarra). Julián Chivite López trabajó junto a su padre en el histórico proyecto familiar, figura clave en la modernización del vino navarro y uno de los grandes visionarios del sector en España. Tras la entrada del Grupo Perelada, decidió iniciar una nueva etapa personal en 2023 junto a sus hijos con la creación de Unzu Wines. Ahora lanza Unzu Rosé 2025. «Llevo 53 vendimias a mis espaldas y creo que nunca he elaborado una garnacha tan extraordinaria como la de esta cosecha 2025. El rosado, sencillamente, es un fuera de serie. Quizás uno de los mejores rosados de mi vida».
—Su familia se dedicaba ya al mundo del vino. ¿Siempre tuvo claro que quería seguir en esta profesión?
—Sí. Mi familia se ha dedicado al mundo del vino desde 1647. Yo represento la undécima generación y, de alguna manera, estaba cantado que acabaría trabajando con mi padre, que se llamaba Julián, igual que yo. He vivido este mundo desde niño y la verdad es que me apasiona.
—¿Qué ha sido lo más duro?
—Sin duda, perder a mis tres hermanos menores. Y, como consecuencia de todo aquello, haber tenido que vender la bodega familiar que llevaba nuestro apellido, Chivite. Hoy pertenece al grupo Perelada.
Julián Chivite López
—Decidió dejar Chivite para fundar su propia bodega con 73 años, cuando la mayoría ya está disfrutando de la jubilación.
—Yo soy feliz dedicándome a esto. Quizá la más perjudicada haya sido mi mujer, pero también es mi gran apoyo, junto con mis hijos, claro. Ellos se apellidan Unzurrunzaga y de ahí nace la marca Unzu.
—¿No fue duro abandonar el proyecto familiar?
—No. Simplemente, entendí que el grupo Perelada y la familia Chivite tenemos maneras diferentes de entender el mundo del vino y también culturas empresariales distintas. Con los cambios que hubo en la dirección general, vi que mi etapa allí había terminado y que ya no tenía mucho sentido seguir.
—¿Cuál fue la mayor lección que aprendió de su padre?
—Es una pregunta difícil, porque mi padre fue un hombre muy completo, con un carisma arrollador y un don de gentes único. Siempre era él mismo, y eso, cuando eres joven, te marca muchísimo. Quizá su integridad y su valentía fueron sus mayores virtudes.
Profesionalmente, fue un visionario, un adelantado a su tiempo. Como dato, tuvo el número 120 del Registro General de Exportadores de España; y no hablo solo del vino, sino del conjunto de empresas exportadoras del país en aquella época, cuando aquí prácticamente nadie pensaba todavía en salir fuera. Fue mi gran maestro.
—¿Por qué cree que siempre se ha denostado el vino rosado?
—Quizá también hayamos tenido parte de culpa las propias bodegas. Ha habido mucha leyenda alrededor de los orígenes del rosado, mucha confusión con los claretes… Pero en mi familia el rosado siempre ha ocupado un lugar muy importante. Navarra, y concretamente mi pueblo, Cintruénigo, tiene seguramente algunas de las mejores garnachas de España.
—¿Qué tiene de especial el Unzu Rosé 2025?
—Yo siempre digo que elaboré el segundo rosado pálido de este país, y fue en la cosecha de 2014. Aquello, para mí, fue una obra inacabada. Por eso hoy estoy especialmente feliz con Unzu Rosé 2025. Sinceramente, creo que es el mejor rosado que he hecho en toda mi vida profesional. Proviene de mi pueblo, de unas garnachas tintas únicas. De ahí salen su frescura, su vivacidad y toda la elegancia que tiene.