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La Infanta Cristina en una foto de archivo

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La Infanta Cristina deja su empleo en Ginebra y fija su residencia en Barcelona

Un giro laboral y una tradición vacacional definen el mapa actual de la Infanta Cristina

La desvinculación definitiva de la Infanta Cristina de la Fundación Aga Khan a principios de año ha sido la clave para cerrar sus últimas obligaciones en Ginebra y planificar su regreso a España. De hecho, este movimiento laboral estratégico despeja por completo el camino para una mudanza largamente madurada, permitiéndole cerrar una etapa de trece años en Suiza y centrar todo su futuro profesional y personal en Barcelona. Por otra parte, aunque el divorcio ya está firmado, el cordón umbilical familiar sigue intacto y con un miembro inesperado en la ecuación. Y es que, a pesar de que sus cuatro hijos, Juan, Pablo, Miguel e Irene, viven entre España y el Reino Unido, el verdadero epicentro de la familia Borbón y Urdangarin es un grupo de WhatsApp diario que esconde un detalle: Iñaki Urdangarin sigue dentro de ese chat.

Lejos de las hostilidades y los reproches públicos que dinamitaron su matrimonio, el exduque de Palma y su exmujer han logrado blindar una insólita cordialidad que desafía cualquier rencor del pasado. Tanto es así que doña Cristina no ha dudado en mantener al padre de sus hijos en el núcleo duro familiar, priorizando la estabilidad de los jóvenes por encima de la dolorosa humillación pública. Como consecuencia de esta buena sintonía, la aristócrata mantiene a rajatabla su tradición más sagrada de organizar cada principios de junio un viaje exprés con su prole para vivir aventuras en común. Se trata de una fórmula de desconexión total que ya los llevó a Creta en 2024 y a Cabo Verde en 2025. Asimismo, este año han vuelto a repetir la jugada en un destino vacacional ultra secreto, blindado a cal y canto de las cámaras para proteger su momento más feliz del año.

La Infanta Cristina e Iñaki Urdangarin junto a sus cuatro hijos

La Infanta Cristina e Iñaki Urdangarin, junto a sus cuatro hijos en una foto de archivoGTRES

Mientras tanto, al tiempo que protege estos momentos íntimos, Cristina de Borbón ejecuta el movimiento más drástico y simbólico de su vida al regresar definitivamente al lugar donde todo comenzó y donde todo se destruyó. Así, trece años después de empaquetar su vida rumbo a Ginebra, la hermana del Rey regresa con la cabeza alta a la Ciudad Condal, sin hilos ni facturas emocionales que la aten a Suiza. Sin duda, el escenario actual no tiene nada que ver con el de aquel tenso verano de 2013, pues hoy es una mujer liberada con los hijos fuera del nido, una separación superada y una profunda reestructuración profesional.

En este sentido, y según desvela en exclusiva la revista ¡Hola!, el detonante definitivo de este regreso ha sido el acuerdo para abandonar su empleo en Ginebra. A partir de ahora, centrará todo su trabajo en la Fundación La Caixa, la institución a la que lleva vinculada tres décadas y que se convierte en su único cuartel general en España.

Por si fuera poco, la hija menor de los Reyes Juan Carlos y Sofía no solo vuelve a Cataluña, sino que se instala en un piso de 300 metros cuadrados en el exclusivo barrio de Pedralbes. Curiosamente, la vivienda está ubicada exactamente en el mismo edificio donde vivió sus años más felices junto a Iñaki Urdangarin antes de que estallara el escándalo judicial. Sin embargo, esta mudanza, que se venía fraguando con absoluto secretismo desde que adquirió el inmueble en 2024, no implica ni mucho menos que la Infanta vaya a buscar una jubilación anticipada. Al contrario, su vida seguirá metida en una maleta gracias a un puente aéreo constante y frenético: Londres será parada obligatoria para ver a Juan e Irene, Madrid la verá a menudo para arropar a la Reina Sofía y Abu Dabi se mantiene inamovible en su agenda internacional mientras el Rey Juan Carlos I siga residiendo allí, sin contar los viajes que le exija su puesto.

La Infanta Cristina junto a sus hijos

La Infanta Cristina, junto a sus hijos en una foto de archivoGTRES

En el terreno puramente íntimo, su nuevo búnker de Pedralbes mantendrá las mismas rutinas espartanas que cultivó en el exilio suizo, centradas en madrugones, deporte diario, adicción a la lectura y citas muy selectas con su hermético grupo de amigas de toda la vida. Finalmente, con respecto al amor, pese a los insistentes rumores que la han intentado emparejar recientemente con un misterioso empresario de origen británico, su entorno es tajante. Los suyos cortan las especulaciones de raíz al asegurar firmemente que no hay sustituto para Urdangarin, que no tiene la menor intención de rehacer su vida sentimental y que su única y verdadera obsesión siguen siendo, como siempre, sus cuatro hijos.

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