25 de enero de 2022

La Puerta de Alcalá en 1936 con el retrato de Stalin

La Puerta de Alcalá en 1936 con el retrato de Stalin

La mano de Stalin en la guerra española

Stalin, convencido de que si España acababa en manos de Franco resultaría una amenaza para Francia y con ello un peligro para la URSS. Entonces decide enviar material bélico y ordenar además al Komitern que organizara el envío de voluntarios para ayudar en la guerra
Aunque el socialista Francisco Largo Caballero era simpatizante de los moderados fabianos y colaboró activamente con la dictadura de Primo de Rivera, en los años 30 se radicalizó.
Con la llegada de la República, Largo evitó que quemaran la vivienda del general Mola y pidió que las expropiaciones fueran legales e indemnizadas. Incluso propuso el uso de la artillería para sofocar las algaradas de la CNT y del minúsculo PCE. Entonces los comunistas se infiltraron en la UGT y Largo viró hacia la izquierda para mantener el control del sindicato. La penetración triunfó en las Juventudes Socialistas, que se volvieron más violentas, aunque adulando a Largo Caballero, calificándole de «el Lenin español».
La tímida Reforma Agraria, que José Antonio Primo de Rivera calificó de insuficiente en el Parlamento aceleró la crisis y con la concesión del voto a la mujer, que ya había iniciado el dictador Miguel Primo de Rivera, en noviembre de 1933 los socialistas perdieron las elecciones.
La izquierda fue la primera en abandonar la democracia a favor de la violencia en 1934. En mayo, Largo llamó a la huelga. En octubre, vociferó por el alzamiento contra la República. En Barcelona, la «república catalana independiente» duró diez horas. En Asturias, la insurrección contra el gobierno electo llevó a duros enfrentamientos con las fuerzas republicanas.
En agosto de 1935, en el VII Congreso de la Comintern, Dimitrov presentó la idea del Frente Popular con estas palabras: «Camaradas, ustedes recordarán el antiguo relato de la captura de Troya […] El ejército atacante pudo alcanzar la victoria solo cuando, con la ayuda del famoso caballo de Troya logró penetrar en el centro mismo del campo enemigo». 

El Frente Popular triunfa

El 16 de febrero de 1936, el Frente Popular gana las elecciones, con menos del 50 % de los votos emitidos. La izquierda aumentó un millón de votos y la derecha sumó 750.000 votos más. Crecieron las quemas de iglesias y conventos. En el Parlamento, el Frente Popular comenzó a obstaculizar que los diputados de la derecha ocuparan sus escaños.
Con sólo 17 diputados, los comunistas extendieron su influencia. El 5 de abril, las maniobras del estalinista Vittorio Codovilla y de Santiago Carrillo, llevaron a las juventudes socialistas a ser absorbidas por los comunistas, dándoles 40.000 militantes más. Por su lado, comenzaron los enfrentamientos entre los socialistas Indalecio Prieto y Largo Caballero.
Los frentepopulistas agravaron y sistematizaron la violencia. En junio, Gil Robles, líder de la CEDA, leyó ante las Cortes una lista: 160 iglesias incendiadas, 269 asesinatos políticos, 1.287 casos de agresión, 69 oficinas políticas destruidas, 113 huelgas generales, 228 huelgas parciales, 10 redacciones de periódicos asaltadas…
La situación se extremó el 11 de julio, cuando fuerzas policiales y pistoleros socialistas asesinaron al diputado Calvo Sotelo. El golpe de Estado empezó el 17 de julio de 1936 y su fracaso llevó a la Guerra Civil.
La Iglesia Católica era el blanco principal del odio del Frente Popular. Proliferaron grupos exaltados con los nombres más peregrinos: los «linces de la república», los «leones rojos», las «furias», «Espartaco», etc. Fueron asesinados once obispos, una quinta parte del total, así como el 12 % de los monjes y el 13 % de los sacerdotes. Resultaron martirizadas 283 monjas; algunas fueron violadas previamente. 

Ayuda extranjera

Moscú suministró al Frente Popular mil aviones, 2.750 tanques, blindados y cañones y gran cantidad de equipo militar. Los franceses aportaron 300 aviones. El Gobierno recibió tanto material como los rebeldes, pero era más heterogéneo y su uso fue ineficiente. Los casi mil tanques rusos eran mejores en todo que los alemanes e italianos pero los abandonaban fácilmente, por lo que hacia el final de la guerra, los legionarios tenían un regimiento entero equipado con blindados rusos capturados.
Stalin envió mil pilotos y unos 2.000 especialistas de diferentes clases. Unos 40.000 extranjeros combatieron por el Frente Popular con 10.000 sanitarios y especialistas. El contingente más nutrido, unas 10.000 personas, provino de Francia; también llegaron 5.000 alemanes y austríacos, 3.350 italianos, alrededor de 2.500 ingleses y otros tantos de Estados Unido, 1.500 de Checoslovaquia y una cifra igual de Yugoslavia y Canadá; los países escandinavos y Hungría aportaron cada uno un contingente de mil hombres. Hubo grupos más pequeños de unos cuarenta países. Las bajas fueron muy elevadas: 2.762 bajas británicas con 1.762 heridos y 543 muertos. Perecieron alrededor de 900 norteamericanos.

El PCE asume el poder

El Frente Popular manejó mal sus finanzas. Disponían de una de las mayores reservas mundiales de oro: 700 toneladas. Entregaron a Stalin más de las dos terceras partes a cambio de armas que podían haber conseguido a crédito o con dinero. Moscú se quedó con 500 millones de dólares en oro, más otros 100 millones obtenidos mediante las exportaciones; y cuando todo terminó, Stalin dijo que aún le debían 50 millones y, a pesar de cobrar al contado y en oro, reclamó un precio político por el suministro. La influencia del PCE creció, regida por la embajada soviética y unidades de la NKVD y la GPU, al mando de Alexander Orlov.
Largo Caballero, entonces jefe de Gobierno, en septiembre de 1936, rehusó que los comunistas absorbiesen al PSOE, como hicieron con sus Juventudes. En enero de 1937, después de recibir una carta de Stalin con exigencias, Largo expulsó de su despacho al embajador soviético, Marcel Rosenberg. Fue el fin de Largo y también de Rosenberg.
En una reunión del ejecutivo del PCE, con asistencia de soviéticos como Marty y Orlov, se decidió quitar a Largo, usando como pretexto su negativa a disolver las milicias del troskista Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM).
Juan Negrín, el nuevo primer ministro, fue elegido por el estalinista Arthur Stashevsky como el títere ideal: un profesor adinerado y de costumbres licenciosas, fácil de extorsionar. Apenas Negrín llegó al cargo, los comunistas se apoderaron del Ministerio del Interior y los puestos claves policiales y paramilitares. La purga coincidió con la masacre que realizó Stalin en Rusia usando los mismos métodos. 

Las purgas

A pesar de la guerra en marcha se intensificaron los enfrentamientos dentro de la izquierda. En Barcelona, durante la primavera de 1937, el PCE luchó contra el POUM y los anarquistas. Hubo disturbios y combates encarnizados en mayo.
El 14 de junio, Orlov, de la NKVD, ordenó arrestar a los líderes del POUM, fueron torturados en las checas. Hasta bien entrado 1938, los estalinistas asesinaron al troskista Andreu Nin y miles de izquierdistas como Erwin Wolff, exsecretario de León Trotsky, el austríaco Kurt Landau, el periodista británico «Bob» Smilie y José Robles, catedrático de la Universidad Johns Hopkins. Consiguieron escapar Orwell y Willy Brandt.
Entre 1937 y 1938 Stalin liquidó a sus principales agentes en el mundo. Igual que en la URSS, prácticamente todos los que ayudaron a Moscú a imponerse a la izquierda en España, a su vez fueron liquidados. Sabían demasiado.
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