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Los Guerreros de Terracota constituyen el mayor descubrimiento arqueológico del siglo XX

Los Guerreros de Terracota constituyen el mayor descubrimiento arqueológico del siglo XXEFE

Se cumplen 50 años del considerado mayor descubrimiento arqueológico del siglo XX

Hace medio siglo del descubrimiento de los Guerreros ed Terracta de Xi'an

Medio siglo después de su hallazgo fortuito, los Guerreros de Terracota de Xi’an afrontan hoy nuevos desafíos, esta vez en forma de amenazas medioambientales y retos tecnológicos asociados a su conservación y excavación.

Descubiertos en 1974 por unos campesinos que buscaban agua, estos soldados de arcilla fueron creados para custodiar simbólicamente la tumba del primer emperador de la China unificada, Qin Shihuang (221-210 a. C.), y hoy constituyen uno de los tesoros arqueológicos más valiosos del planeta, informó Efe.

El hallazgo (considerado el más importante del siglo XX en el ámbito de la arqueología), sin embargo, no se hizo público hasta un año después.

Zhao Kangmin, el arqueólogo local que primero tomó conciencia de la magnitud del descubrimiento, decidió mantenerlo en secreto por temor a que las figuras fueran destruidas en el contexto del final de la Revolución Cultural, que aún amenazaba con arrasar vestigios del pasado.

Solo cuando la noticia llegó a las altas esferas del régimen comunista se autorizó la excavación, que en su primer año ya permitió recuperar unas 500 piezas.

Desde entonces, las campañas arqueológicas han permitido desenterrar alrededor de 2.000 figuras, entre soldados, caballos y carros, además de incontables armas y utensilios.

No obstante, se estima que el mausoleo alberga hasta 8.000 estatuas distribuidas en una extensión de más de 50 kilómetros cuadrados. Una dimensión colosal que obliga a adoptar un ritmo de trabajo pausado pero constante.

Las autoridades chinas, conscientes de la fragilidad de estos restos, optan por una estrategia de excavación extremadamente cuidadosa.

«Es más útil excavar los sitios despacio», explica el profesor Peter Cobb, de la Universidad de Hong Kong, quien subraya que los avances tecnológicos permitirán en el futuro documentar con mayor precisión cada hallazgo.

Así lo demuestran las últimas excavaciones realizadas entre 2009 y 2023 en la sima número 1, que han sacado a la luz más de 220 nuevos soldados, 16 caballos, cuatro carros y múltiples armas y herramientas.

Tecnologías como el escaneo digital en 3D y los sistemas satelitales de posicionamiento han revolucionado las metodologías de conservación y documentación, asegurando que cada fragmento descubierto sea registrado con rigor científico.

Pero mientras el subsuelo protege a los guerreros aún ocultos, los ya expuestos enfrentan un enemigo silencioso: el deterioro ambiental.

Factores como la humedad, la contaminación atmosférica, las variaciones extremas de temperatura derivadas del cambio climático e incluso la condensación provocada por el aliento de los millones de turistas que cada año visitan el sitio constituyen una amenaza constante para la integridad de las figuras.

Ya en 2013, un equipo de la Universidad Jiaotong de Xi’an alertó sobre estos peligros en un artículo publicado en Environmental Science and Technology, donde propusieron un innovador sistema de «cortina de aire» para proteger las fosas del entorno nocivo.

El estudio advertía de que las oscilaciones térmicas provocaban grietas, mientras que los contaminantes suspendidos dañaban los pigmentos originales y favorecían la proliferación de moho por la condensación.

Aunque esta solución aún se encuentra en fase de estudio, las naves que resguardan al ejército cuentan actualmente con sofisticados sistemas de climatización que regulan temperatura y humedad, generando una especie de cápsula de protección para los valiosos vestigios.

«El contexto es vital», concluye el profesor Cobb. «Si partes del yacimiento desaparecen por la erosión o los efectos del cambio climático, perdemos una pieza insustituible del relato histórico que nos ayuda a entender nuestra civilización».

Así, los Guerreros de Terracota continúan librando, en el siglo XXI, una batalla tan silenciosa como crucial: la de su propia supervivencia.

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