Los llamados 'Los Cinco de Cambridge'
Los 'Cinco de Cambridge' y otros espías británicos en la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial
Varios británicos se alinearon con el comunismo y el nazismo en el siglo XX, jugando roles clave en la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial, lo que dejó una huella profunda en la historia política y social de Gran Bretaña
En Gran Bretaña hubo admiradores del comunismo y del nazismo que consideraron estas ideologías como una alternativa al bipartidismo oligárquico que los gobernaba. La Guerra Civil Española fue el primer escenario donde aparecieron. Un par de millares de ingleses participaron en las Brigadas Internacionales, formando parte del Batallón Británico, una de las unidades más importantes de la XV Brigada Internacional.
Sus primeros mandos fueron George Nathan y Fred Copeman. El primero de ellos, miembro de los servicios secretos británicos, tenía en su haber el asesinato de varios dirigentes nacionalistas irlandeses y murió en la batalla del Jarama. Su relevo fue Fred Copeman, un duro estalinista procedente de la marina, que, decepcionado del comunismo, se convertiría al catolicismo años después, haciendo duras declaraciones contra su antigua ideología.
Sin embargo, la principal atracción por el comunismo no provino de los obreros industriales, sino de los descendientes de la alta sociedad británica. Esmond Romilly, sobrino de Winston Churchill, fue brigadista y después se casó con Jessica Mitford, una de las hijas de David Bertram Ogilvy Freeman-Mitford, segundo Barón de Redesdale, y Sydney Bowles, hija del fundador de la revista Vanity Fair.
Los comunistas ingleses, sin opciones de llegar al poder, sirvieron fielmente a su patria ideológica, la URSS. Hijos de grandes familias, ocuparon los cargos de responsabilidad que se esperaban de ellos, pudiendo servir mejor a los intereses soviéticos.
Los más famosos fueron los denominados «Cinco de Cambridge», un grupo de universitarios reclutados por la inteligencia soviética en la Universidad de Cambridge durante el periodo de entreguerras. En la Guerra Civil Española, ingresaron a servir a la inteligencia británica y continuaron su labor durante la Segunda Guerra Mundial.
En la postguerra, fueron activados por sus verdaderos amos. Guy Burgess sirvió en el MI5, encargado de la contrainteligencia, y también en el Foreign Office, entregando al KGB más de 389 documentos sobre la capacidad nuclear de los EE. UU. e informando sobre los planes fundacionales de la OTAN. Su amigo Donald Maclean fue jefe del departamento americano del Ministerio de Asuntos Exteriores británico, y en ese puesto pasó información sobre el esfuerzo militar estadounidense en la Guerra de Corea y la OTAN en Europa Occidental.
Kim Philby, como jefe de la Sección IX del MI6, tuvo acceso a documentos de la CIA y el FBI. Desde su puesto, pudo advertir sobre las sospechas de la CIA hacia Maclean y Burgess, quienes pudieron ponerse a salvo en la URSS.
Kim Philby en una rueda de prensa en Londres, 1955
Kim Philby, quien fue corresponsal de The Times en el bando nacional durante la Guerra Civil, entrevistó a Francisco Franco. Según informes desclasificados, Philby recibió órdenes de los servicios secretos soviéticos de asesinar a Franco, pero no lo hizo. En 1963 fue descubierto y desertó a la URSS, convirtiéndose en el traidor inglés más famoso. Murió con el rango de coronel del KGB. Su labor consistió en sabotear operaciones, delatar agentes y descubrir las redes de información occidentales para los soviéticos.
El cuarto fue Anthony Blunt, topógrafo de los cuadros de la Reina y oficial de inteligencia del MI5, quien fue desenmascarado en 1964, pero no fue detenido, aunque se le vigiló estrechamente. El quinto fue John Cairncross, traductor de alemán en el centro de descifrado de códigos, que informó a los soviéticos sobre el desarrollo nuclear británico.
Los «Cinco de Cambridge» fueron objeto de mofas por parte de los de Oxford. Sus acciones ayudaron a que la URSS acelerase su desarrollo nuclear y provocaron un gran daño al mundo occidental. Cuando el comandante soviético Vasili Mitrojin desertó en 1992 a Gran Bretaña, se descubrió la magnitud de la traición de los estalinistas ingleses.
Sin embargo, también existieron figuras opuestas durante la Segunda Guerra Mundial. John Amery y William Joyce fueron los casos más célebres al optar por Adolf Hitler. John Amery era hijo de Leopold Amery, antiguo corresponsal del The Times, político conservador y ministro en diversos departamentos. En 1936, John se estableció en Francia y simpatizó con el Partido Popular Francés de Jacques Doriot, una escisión fascista del Partido Comunista.
Durante la Segunda Guerra Mundial, colaboró con los nazis ofreciendo conferencias a prisioneros de guerra británicos para formar una unidad de las Waffen-SS, el Britisches Freikorps, que no pasó de 59 voluntarios y tenía un fin puramente propagandístico. Al final del conflicto, John Amery fue condenado a muerte en noviembre de 1945 y ahorcado el 19 de diciembre de 1945.
William Joyce nació en Brooklyn, Nueva York, hijo de un estadounidense de origen irlandés y de una inglesa. La familia regresó a Gran Bretaña, donde Joyce apoyó a los unionistas del Ulster y colaboró con el MI5. Fascinado por el fascismo, siguió a Oswald Mosley, un antiguo diputado laborista que fundó la Liga de los Fascistas Británicos. No obstante, al encontrar la falta de antisemitismo en esta formación, abandonó para formar un grupúsculo abiertamente nazi.
Varios británicos se alinearon con el comunismo y el nazismo en el siglo XX, jugando roles clave en la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial, lo que dejó una huella profunda en la historia política y social de Gran Bretaña
Antes del estallido de la guerra, se trasladó a Alemania con su esposa, Margaret Joyce, y ambos colaboraron como locutores en las emisiones en inglés de la radio alemana. Joyce se hizo famoso por su sentido del humor y su acento, siendo conocido por el pseudónimo de Lord Haw-Haw. Al final de la guerra fue detenido y, a cambio de no revelar sus antiguas colaboraciones con el MI5, su esposa no fue juzgada por traición.
William Joyce fue ahorcado el 3 de enero de 1946, en la prisión de Wandsworth. Al día siguiente, fue ejecutado por traición Theodore Schurch, un soldado británico de origen suizo, que sirvió de espía a los alemanes en los campos de prisioneros, delatando los intentos de fuga de sus compañeros. La ejecución fue realizada por Albert Pierrepoint, un verdugo de fama y heredero de una conocida familia de ejecutores.