Avance de la Infantería Republicana durante la batalla del Jarama
El comunista inglés que luchó en la Guerra Civil y después se hizo católico y liberal
En un año, recibió el bautismo y la primera comunión en una pequeña capilla del barrio de Mayfair, y la confirmación y el matrimonio en la catedral de Westminster
La verdadera memoria de la historia la escribieron tanto grandes protagonistas de su tiempo, como gente corriente a la que poco caso se hace en los grandes relatos históricos. A través de esos testimonios se conoce la mentalidad de un tiempo pasado y cómo afectaron esos cambios sociales al devenir de la historia.
A través de la vida de un comunista reconvertido en liberal católico se puede conocer la clasista sociedad británica de principios del siglo XX, la organización (mejor dicho, desorganización) de las brigadas internacionales en la guerra civil española, la hipocresía del paraíso soviético, la gestión de los refugios antiaéreos en el Londres de la Segunda Guerra Mundial y las entrañas de los grupos de izquierdas británicos.
Detrás de este relato está Frederick Bayes-Copeman, un británico que nació en la enfermería de un asilo en 1907. Las instalaciones formaban parte de los conocidos como workhouse, unas residencias más parecidas a una cárcel que a otra cosa, donde malvivían mendigos, vagabundos y huérfanos.
Fred Copeman
De padre desconocido, su madre Elizabeth estuvo recluida ahí por ser pobre y sordomuda, a los que se considera inferiores socialmente. Su madre y su hermano pequeño George William, eran la única familia que tenía el pequeño Fred. Al poco tiempo los separaron. Fred estuvo en una escuela rural cercana y a los nueve años empezó a trabajar en la granja de la workhouse.
A partir de 1920, su vida cambió de forma radical al ingresar en la escuela preparatoria naval de Watts, en Norfolk. En su libro recuerda con cariño aquella época, en la que por primera vez se sintió integrado y valorado. Tras su ingreso no volvería a ver jamás a su madre y a su hermano. Dos años después, el joven ingresó en la Marina Real británica.
De marinero a comunista
Con solo 14 años empezó su aventura marinera embarcado en el Valiant, un buque de guerra integrado en la Flota del Mediterráneo. Intentó ascender a oficial pero no lo consiguió y se quedó como marinero raso los siguientes nueve años en los que pasó por varios buques.
En la Marina fue feliz, descubrió mundo, le aportó fuertes valores morales y hábitos personales que le servirían toda la vida. Aunque era buen marinero, tuvo varios enfrentamientos con sus superiores, por los que le abrieron expedientes disciplinarios, e incluso un juicio marcial.
Poco después, el marinero Copeman se incorporó a la Flota del Atlántico a bordo del famoso HMS Norfolk. Era 1929, y la situación económica del país provocó una reducción salarial que afectó también a la Royal Navy. En el puerto escocés de Invergordon, donde estaba atracado el buque, algunos marineros se sumaron a una huelga que organizó el comité en el que estaba Copeman.
Tras las protestas, el Alto Almirantazgo expulsó a los involucrados de la Marina, entre ellos Fred. Consiguió viajar a Londres donde empezó una nueva vida como estibador y mecánico en los muelles. Aquí empezó su relación con el comunismo a través de su adhesión al Socorro Rojo, una organización de ayuda a los perseguidos políticos que estableció en Inglaterra la Internacional Comunista.
Copeman consiguió puestos de responsabilidad, organizó las populares «marchas del hambre» y fue detenido hasta en tres ocasiones por actos como el asalto al Ayuntamiento de Londres. Al igual que muchos otros comunistas de la época el Partido le envió a luchar a la guerra civil española. Fue testigo directo del «caos organizativo» y la falta de disciplina de las Brigadas Internacionales, que intentó rectificar como Jefe del Batallón británico.
Participó en la batalla del Jarama como adjunto al mando, pasó por el hospital de Elche para curar sus heridas y regresó al frente. En su libro relata cómo fueron los combates y destaca la pésima actitud de los anarquistas y algunos camaradas. Además, se opuso a los juicios sumarísimos y la pena de muerte. El fracaso militar de la brigada británica llevó al camarada Fred de vuelta a Londres en agosto de 1937, donde el Partido le pidió una explicación sobre el desastre de Brunete.
Aprovechó el viaje para casarse con Kathleen Banks, afiliada a las Juventudes Comunistas, con la que tendría cuatro hijos. Tras un fugaz regreso a la guerra en España, un trozo de metralla y una operación de apendicitis que casi le cuesta la vida provocó su baja definitiva por ser «inútil total para el servicio».
Una conversión al catolicismo
A partir de 1938, Copeman continuó trabajando para el Partido Comunista, fue vocal en el Comité Ejecutivo, dirigió una organización de ayuda a huérfanos y viudas. Como parte de la cúpula británica viajó a la Unión Soviética para conocer de cerca las bondades del paraíso comunista. Pero durante el viaje no les permitían ir por libre, Fred consiguió salirse del grupo y fue testigo de la extrema pobreza, la falta de libertades y la desigualdad en la que vivían sus compatriotas rusos.
Desde ese momento sus creencias se vinieron abajo. A finales de verano de 1939 acabó expulsado del Partido Comunista, algo que él mismo había forzado. Con todo, empezó la Segunda Guerra Mundial, en la que no pudo luchar por sus heridas, pero auspiciado por el Ministerio de Seguridad Interior participó activamente en la defensa antiaérea de la ciudad: buscó bombas que no habían detonado y organizó el sistema de refugios antiaéreos de Londres.
Al final de la contienda, Copeman era una persona totalmente diferente. Ingresó en el Partido Laborista en 1944, y un año después recibió tres alegrías: fue nombrado concejal de su localidad, empezó su catecumenado católico, y el rey Jorge VI le nombró Caballero de la Orden del Imperio Británico. Dos años después recibió el bautismo, la primera comunión en una pequeña capilla del barrio de Mayfair, y la confirmación y el matrimonio en la catedral de Westminster durante la Semana Santa de 1947.
Siguió en la política local en Lewisham, donde vivía con su familia, y vinculado a los sindicatos. Sus antiguos camaradas comunistas le vetaron e incluso tendría prohibida la entrada a la Unión Soviética, pero también a Estados Unidos, por su pasado comunista. En plena Guerra Fría su papel político fue cada vez más reducido. Trabajó en una factoría de la Ford en Dagenham y en la central termoeléctrica de Kingsnorth, en Kent.
Fred Copeman y Photis Macris en primer plano
Sus recuerdos, su memoria, se custodian en una serie de grabaciones que realizó el Imperial War Museum a finales de los 70, y en su libro La razón en marcha, que publicó en 1948. El excomunista, católico, líder sindical, laborista y héroe de guerra murió en noviembre de 1983, en la intimidad de su hogar.