15 de agosto de 2022

Nueva Planta de la Real Audiencia del Principado de Cataluña

Nueva Planta de la Real Audiencia del Principado de Cataluña

La verdad sobre los fueros y la constitución catalana

Los fueros supuestamente fueron abolidos en 1714, pero no sólo a los catalanes, sino los de toda España. Lo que se perdieron fueron unos privilegios que solamente gozaban nobles y comerciantes

Cuando el 15 de marzo de 1891 se fundó la Unión Catalanista, al acto inaugural fueron Ángel Guimerà, Josep Coroleu, Ramon Picó, Joan Josep Permanyer o Antoni Aulèstia, entre otros. Todos ellos con sensibilidad catalanista, pero apolíticos.
Con anterioridad Josep Coroleu y Josep Pella habían publicado un libro titulado Los fueros de Cataluña (1878). En él los autores defendían una serie de aspectos que podemos definir como conservadores. Entre ellos, que solo los padres de familia tenían derecho al sufragio; que solamente los catalanes nacidos en el Principado gozarían de todos los derechos; que Cataluña tenía un carácter católico excluyente. Y concluían con un ataque al Estado español liberal. La base de este movimiento conservador se transformó en partido político, al crearse la Lliga de Catalunya. En ella se integró la burguesía catalana de la mano de Enric Prat de la Riba, Josep Puig i Cadafalch y Francesc Cambó.
Fue la Lliga de Catalunya –de la mano de Unió Catalanista– los que se reunieron en Manresa los días 25, 26 y 27 de marzo de 1892 para aprobar las Bases per a la Constitució Regional Catalana, más conocida como Bases de Manresa. Estas idearon un proyecto autonomista –que no era independentista–, moderado y que se acercaba a la funcionalidad de la ley anterior al 1714.

Tenemos un texto falso que habla de una constitución y unos fueros

En esencia lo que reclamaban era una supuesta constitución y unos fueros. ¿Existieron? Esta concepción se basa en el siguiente texto:
«La nación catalana es la reunión de los pueblos que hablan el idioma catalán. Su territorio comprende: Cataluña con los condados del Rosellón y la Cerdaña, el Reino de Valencia y el Reino de Mallorca. Los tres pueblos que forman la nación catalana tienen una constitución política propia y están federados entre sí y con el Reino de Aragón mediante ciertas condiciones que son objeto de una ley especial. Cataluña es el Estado político formado, dentro de la Confederación, por los catalanes del Principado y de los condados del Rosellón y de la Cerdaña. El Principado de Cataluña es libre e independiente».
Este texto se conoce como el Juramento de Felipe V. Y es falso. Encajaron una serie de frases, a su propio interés, para elaborar una enunciación de cosas que nunca existieron. Ni constitución, ni federación, ni conciliaciones con Aragón, ni fueros, ni independencia. La cita la sacó del olvido, en el libro La victoria catalana de 1705, el historiador Antoni Porta i Berguedà, en 1984. Antoni Porta recoge lo que Coroleu i Pella publicaron en el 1878, en el libro anteriormente citado. Así pues, tenemos un texto falso que habla de una constitución y unos fueros. La pregunta que debemos formularnos es, ¿existió alguna vez una constitución y unos fueros catalanes?
El significado, hoy en día, del término constitución nada tiene que ver con el de la Edad Media. En Cataluña nunca existió una constitución como la Norteamericana, la de Cádiz de 1812, o la que actualmente tenemos en España. Siendo la de los EE.UU., de 1787, la primera constitución moderna.

Cuando se pide volver a las constituciones de antes del 1714, se está pidiendo que un territorio del siglo XXI sea gobernado con leyes de la Edad Media

El término constitución, cuando hablamos de Cataluña, debemos entender que eran leyes o normas. El rey, en su discurso inaugural de la Cortes, daba una serie de mensajes para el buen funcionamiento del territorio. Si esta propuestas –mensajes– reales eran aprobadas por las Cortes, el siguiente paso era elaborar una ley o norma que diera forma a esa propuesta. Una vez aprobada por las Cortes entraba en vigor. Era un sistema legislativo que era modificado con la evolución de los tiempos. En terminología actual podríamos asimilarlo al decreto de ley. Cataluña tuvo muchas constituciones –recopiladas en el libro Usatges, Constitucions de Catalunya– a lo largo de la historia. El decreto de Nueva Planta revocó parcialmente aquellas leyes y se empezaron a aplicar otras. Cuando se pide volver a las constituciones de antes del 1714, se está pidiendo que un territorio del siglo XXI sea gobernado con leyes de la Edad Media. Por lo tanto, los usatges –observancias– y constituciones –normas o leyes– eran los usos y costumbres de una época que quedaron superadas con el paso de los años.

No es cierto que Cataluña perdiera independencia, después del 1714, al perder su constitución y sus fueros

Los fueros supuestamente fueron abolidos en 1714, pero no sólo a los catalanes, sino los de toda España. Ahora bien, es falso afirmar que Cataluña perdió los fueros. En estas dos frases parece como si nos estuviéramos contradiciendo, pero verán que no es así. Lo que se perdieron en el 1714 fueron unos privilegios que solamente gozaban nobles y comerciantes. A nivel europeo se profesionalizó la política y, con ella, se modernizó la vida cotidiana. Esta profesionalización y modernización llegó como consecuencia del decreto de Nueva Planta. Gracias a ello, en Cataluña, se abolieron las fronteras comerciales interiores y exteriores. ¿Qué significaba esto? Un fabricante de paños que tenía la fábrica en Igualada, por ejemplo, tenía que pagar tres tributos –a los nobles de aquellos territorios– si quería vender sus productos en Barcelona. Eso era el fuero. En realidad un arancel. Por lo que respecta a las fronteras exteriores, hasta ese momento sólo Cádiz y Sevilla podían comercializar con América. A partir de ese momento cualquier puerto español podía hacerlo.
Así pues, cuando hablemos de fueros, no nos estamos refiriendo a unos privilegios o unas leyes que regían para todos los ciudadanos de Cataluña. Hablamos de unos privilegios señoriales que se perdieron en 1714. Esos privilegios querían recuperarlos los mismos que antaño los habían perdido. Es cierto que muchos siguieron enriqueciéndose pues, a partir del 1714 Cataluña tuvo el monopolio del textil, metalurgia, licores y tráfico de esclavos, pero querían más. Esta gran mentira que edificó el nacionalismo y después el independentismo sigue hoy en día en boca de todos. No es cierto que Cataluña perdiera independencia, después del 1714, al perder su constitución y sus fueros. Lo único que ocurrió es que se modernizó legislativamente y los nobles dejaron de enriquecerse gracias a un arancel.
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