28 de agosto de 1604: firma del Tratado de Londres entre Jacobo I de Inglaterra y Felipe III de España. A la izquierda la delegación hispano-flamenca
Picotazos de historia
Sobre cornudos y canónigos en la corte de Felipe III
Tomé Pinheiro da Veiga viajó por España como magistrado durante los reinados de Felipe III y Felipe IV. Su obra, 'La Fastigínia', nos cuenta sus impresiones de la corte de Felipe III
Tomé Pinheiro da Veiga (1566-1656) fue un magistrado que alcanzó importantes cargos en Portugal durante los reinados de Felipe III y Felipe IV. Viajó por España durante ocho meses, de diciembre de 1604 a junio de 1605, dejándonos unos interesantes recuerdos de la vida en la corte de Valladolid. Su obra, La Fastigínia, nos cuenta sus impresiones de la corte de Felipe III durante los meses de abril a junio de 1605 y es muy importante en el sentido que, por primera vez, se nos da noticia de que se han representado, entre los días 10 y 28 de junio, diversos actos de bufa, mojigangas, disfraces etc, en los que aparecen representadas las figuras de Don Quijote y Sancho Panza. Dense cuenta de que el libro fue publicado el 16 de enero de 1605. Pero hablaremos de otro punto.
Don Tomé parece tener obsesión –y una buena dosis de misoginia– con los cuernos, pues tal parece que no ve otra cosa en España, dividiendo los astados en: ignorantes, vergonzantes y consentidos. Es en este último grupo donde nos muestra un ejemplo que quiero poner ante vuesas mercedes.
«Me enseñaron a un infame del hábito de Montesa, quien con ser muy noble, consentía a su mujer estar amancebada con un canónigo de la catedral de Toledo».
Queda como tarea pendiente averiguar el nombre de esta persona pues en ese tiempo la orden de Montesa era muy minoritaria y pocos eran los caballeros que portaban este hábito.
Nos cuenta Pinheiro que este trío vivía en entente cordiale hasta que un mal día la señora puso sus ojos en un joven curita, más agradable a sus apetitos e inclinaciones que adornado de bienes materiales. Disfrutaba la señora de los placeres del cuarteto hasta que llego a oídos del canónigo noticia que de ponerlos se los estaban poniendo. El canónigo fue indignado al marido consentidor a exponer sus agravios y a exigir una reparación a lo que creía una insufrible afrenta a su honor. El paciente caballero escuchó y acordó con el canónigo un precio para la ejecución de la reparación. A los pocos días, el caballero asaltó la casa donde se alojaba el joven curita y lo cosió a puñaladas.
Me queda por averiguar, junto con el nombre, el destino de los protagonistas.