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02 de marzo de 2024

Pedro I en su lecho de muerte. Cuadro de Iván Nikítin.

Pedro I en su lecho de muerte. Cuadro de Iván Nikítin

Picotazos de historia

El testamento de Pedro I: una falsificación con consecuencias

Revelaba los pasos a seguir para dominar Europa. No solo se ciñó a Europa, la expansión de Rusia por Asia Central se vio como una extensión de las instrucciones del testamento con idea de alcanzar la India para apoderarse de ella

A principios del siglo XIX el historiador Charles Louis Lesur publicó un documento, que se presumía había sido robado de los archivos del Kremlin por un misterioso personaje conocido como el caballero d´Eon de Beaumont, que rápidamente se distribuyó en todas las cancillerías de Europa. Este documento era el testamento de Pedro I de Rusia y revelaba los pasos a seguir para dominar Europa. No solo se ciñó a Europa, la expansión de Rusia por Asia Central se vio como una extensión de las instrucciones del testamento con idea de alcanzar la India para apoderarse de ella. Algo que, lógicamente, puso de los nervios a los británicos y que daría lugar a un largo periodo de Guerra Fría entre las dos potencias. Rusia continuaría con su expansión por Asia y el Reino Unido bascularía entre las políticas de «hacía adelante», alejando las fronteras con la adquisición o control de los territorios limítrofes con la India o «magistral inactividad» reforzando las fronteras existentes sin intervenir «oficialmente» fuera de ellas. A esta partida de ajedrez entre paranoicos se le denominó «El Gran Juego» y el escritor Kipling le dio gran publicidad.
En Europa Central cualquier iniciativa, o carencia de ella, por parte del imperio ruso fue vista con el prejuicio del maldito documento lo que condicionó, y de no poca manera, las respuestas diplomáticas del Reino Unido, Alemania y el imperio Austrohúngaro a las iniciativas diplomáticas rusas en relación a los menguantes territorios del imperio otomano.
Lo más grande de todo este asunto es que Pedro I «el Grande» de Rusia murió sin hacer testamento. Ni siquiera había nombrado heredero. Así que durante un siglo la política de medio mundo se vió condicionada por una mentira. El llamado testamento de Pedro I fue una falsificación mandada fabricar por Napoleón Bonaparte como parte de su campaña propagandística previa a la campaña de Rusia. Y todos se lo tragaron con anzuelo, sedal y plomos.
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