07 de agosto de 2022

Los barones Thyssen en la presentación de la colección Thyssen en el Museo Thyssen Bornemisza

Los barones Thyssen en la presentación de la colección Thyssen en el Museo Thyssen Bornemisza©GTRESONLINE

Dinastías y poder

Los Thyssen: ni nazis ni ascensores, pero sí obras de arte

El papel de Heini Thyssen trascendió hasta convertirse en uno de los mayores coleccionistas de pintura privada de la historia

El apellido es muy conocido en España. Quizá no tanto por su prodigiosa labor de mecenas del arte como por sus andanzas amorosas con la antigua «reina de la belleza», Tita Cervera. Sin embargo, el papel de Heini Thyssen trascendió del mundo de la industria y las altas finanzas hasta convertirse en uno de los mayores coleccionistas de pintura privada de la historia: su legado llegó a España en 1992 y desde entonces no ha dejado de estar marcado por la polémica. Las desavenencias entre los hijos del barón por una herencia tan cuantiosa han copado las páginas del cuore desde hace décadas. Casado en cinco ocasiones y con vástagos de diferentes madres, los Thyssen-Bornemisza continúan siendo una de las dinastías más poderosas del panorama internacional. Villas en Lugano, Mónaco y hasta en Sant Feliu de Guíxols han formado parte de su extraordinario patrimonio.
Los Thyssen tienen su origen en la región de Renania, donde August Thyssen consiguió crear a finales del siglo XIX un imperio de fundiciones y aceros que creció con las políticas de rearme alemanas de la Primera Guerra Mundial. Algún periodista apuntó, incluso, a que él fue el causante de la crisis marroquí de 1905 por proponer un préstamo al sultán a cambio de la explotación de las minas rifeñas. Padre de dos hijos, el mayor, Friedrich, se quedó con la mayor parte de las industrias que había construido su progenitor, mientras que el segundo, Heinrich, «segundón» temeroso de crecer a la sombra del primogénito, decidió en 1905 establecerse en Hungría, entonces perteneciente al Imperio Austro-Húngaro.
Heinich Tyssen y su esposa la baronesa Fiona Thyssen

Heinich Tyssen y su esposa la baronesa Fiona Thyssen©RADIALPRESS

Aquí radica muchas veces la confusión entre las dos ramas de la acaudalada familia: fue Fritz quien en la década de los 30 se convirtió en miembro del partido nazi y en uno de los principales financiadores de las políticas de Hitler, además de crear una sociedad para la instalación de ascensores que años después de la Segunda Guerra Mundial, se fusionaría con la familia Krupp, de consabida afinidad gamada. Su hermano menor, el patriarca de la saga Thyssen-Bornemisza, no participó en los estragos del nacionalsocialismo, ya que mucho antes de aquello, desde Hungría y como consecuencia de la revolución comunista de Béla Kun de 1919, había huido a Holanda, donde estaban radicadas varias de las empresas familiares. De esta rama surgirá una de las más increíbles colecciones de arte en manos privadas que se han conservado hasta la actualidad.
¿Pero de dónde viene lo de Thyssen-Bornemisza? Al poco de llegar a Budapest, Heinrich se casó con la única hija del barón Bornemisza, asistente del anciano Emperador Francisco José. La imposibilidad de las mujeres de heredar este tipo de distinciones honoríficas hizo que decidiese «adoptar» a su yerno para asegurar la continuidad de la baronía húngara. El matrimonio tuvo cuatro hijos, aunque solo el pequeño, nacería ya en La Haya en 1921, ciudad a la que se tuvieron que exiliar ante el estallido comunista en territorios magiares consecuencia del final de la Primera Guerra Mundial. Este, el popular Heini, será el artífice de la colección de arte Thyssen-Bornemisza que había iniciado su abuelo con unas esculturas de Rodin y que continuó su padre con lo mejor de la pintura flamenca de los siglos XV y XVI. Heredará también las empresas que incluían una imponente flota de barcos en Roterdam, astilleros, gas, petróleo y hasta un banco.
La baronesa Thyssen, Carmen Cervera, su hijo Borja Thyssen y su marido el barón Thyssen en 1990

La baronesa Thyssen, Carmen Cervera, su hijo Borja Thyssen y su marido el barón Thyssen en 1990©RADIALPRESS

En 1940, cuando Heini tenía 18 años, las tropas alemanas invadieron Holanda. Heini y sus hermanos salieron del país y se refugiaron en Suiza, donde vivían sus padres ya separados. Visitaba con mucha frecuencia la residencia de Villa Favorita, en Lugano, donde residía su padre con su nueva esposa. Aficionado al deporte, especialmente a la natación y al esquí, recibió formación académica en Friburgo y comenzó una vida de amoríos y papel couché que le llevaron a pasar por cuatro matrimonios hasta que, en la vejez, conoció a la española Carmen Cervera, ex de Tarzán –la estrella de Hollywood, Lex Barquer– y el playboy venezolano Espartaco Santoni. De la colección de aristócratas, modelos y socialities musas de Cecil Beaton que encontramos a sus espaldas, nacieron cuatro hijos, entre ellos la popular Francesca Thyssen, esposa hasta hace poco del Archiduque Carlos de Austria, nieto de la Emperatriz Zita y Jefe de la Casa Habsburgo-Lorena. Tras la boda en 1985 de Heini con Tita, adoptó al hijo que ella aportaba al matrimonio, en adelante Borja Thyssen, que ante la incredulidad de sus ahora hermanos se convertirá en uno de los herederos más potentes del patrimonio.
Desde que sucedió a su padre con el título de barón en 1947, Heini decidió reunificar el grueso de la pinacoteca familiar, comprar la parte de sus hermanos y ampliar las obras maestras de Caravaggio, Rubens, Fra Angelico y El Greco con obras impresionistas y vanguardistas del siglo XX. El Mata Mua de Gauguin da, además, nombre al yate de la familia.
A comienzos de la década de los noventa, en pleno felipismo, comenzaron las negociaciones para traer la colección de pintura a España. Mucho tuvieron que ver en ello los entonces duques de Badajoz, Luis Gómez-Acebo y la Infanta Pilar de Borbón, hermana de Don Juan Carlos. Para la inauguración en el Palacio de Villahermosa, la flamante baronesa Thyssen lució en el cuello el prodigioso brillante de 179 quilates «Estrella de la paz», el más grande del mundo: a su empeño se debía que la colección se quedase en España. Muerto el barón en 2002 y superado el litigio mediático entre sus descendientes, el Museo Thyssen-Bornemisza sigue en Madrid y parece que también la colección particular de Carmen Cervera quien, con buen ojo, supo continuar la iniciada por los Thyssen a comienzos del siglo XX.
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