01 de diciembre de 2022

El Protectorado español de Marruecos

El Protectorado español de Marruecos

La presencia española en el Sáhara y Ma el Ainin, el líder de la oposición a la presencia extranjera

Las alianzas y guerras entre los grupos eran constantes y cambiantes. A veces se aliaban con el sultán y a veces lo combatían, pero de estas relaciones, como señaló la ONU en su momento, no se puede suponer nada parecido a soberanía

Cuando España aún poseía territorios en África existían nombres propios conocidos por el público general a través de las noticias que los corresponsales y colaboradores iban incluyendo en los periódicos, algunas de guerra y otras de paz. De los nombres propios que fueron populares quizás solo quede en la memoria colectiva española el de Abd el Krim. Pero hubo más.
Uno de los más importantes e interesantes personajes que tuvo contacto con españoles en la etapa colonial fue el cheij saharaui Ma el Ainin. Después de varias exploraciones por el Sáhara, se puede decir que el primer establecimiento permanente lo puso Emilio Bonelli Hernando en 1884 en Río de Oro. Las fronteras entre posesiones españolas y francesas se delimitaron en el Tratado de París de 1900, pero no fueron más que pactos sobre el papel que daban prestigio colonial. La ocupación total del territorio no se conseguiría hasta 1936. En este escenario aparece nuestro personaje conocido a partir del libro de Ángel Domenech Lafuente Ma el Hainín, señor de Semara (Tetuán1954).

Ma el Ainin, señor de Semara

Había nacido en el interior de la actual Mauritania en la década de 1830, sin saberse exactamente el año. El Sáhara era un territorio común de tribus nómadas que se desplazaban por amplias extensiones de desierto, buscando pastos o comerciando, en lo que hoy son Mali, Mauritania, Argelia o Marruecos. Las alianzas y guerras entre los grupos eran constantes y cambiantes. A veces se aliaban con el sultán y a veces lo combatían. Y de estas relaciones, como señaló la ONU en su momento, no se puede suponer nada parecido a soberanía. El personaje pertenecía a una élite, lo que le permitió estudiar el Corán y la cultura islámica. A los dieciocho años visitó al sultán Mohamed. Nomadeó por Mauritania y se estableció en Bir Nazarán (Sáhara Occidental) dedicado a la meditación y el estudio y aglutinando un grupo de discípulos formados en letras, leyes y justicia cheránica.
En esa época, el sultán de Marruecos no tenía autoridad sobre el sur del país más allá del río Dra y trataba de consolidarla mediante expediciones. El 1886 el sultán Hassan llegó hasta Tiznit y Gulimime, y, más tarde, estableció un puesto militar en Tarfaya que fue abandonado poco después. En ese momento los habitantes, de la tribu Izarguien, aceptan la presencia del Mazjen gracias a Ma el Ainin, entonces con gran prestigio entre sus habitantes, lo que le daba autoridad moral e influencia.
No tardó en tener contacto con los españoles que empezaban a aparecer por el desierto. En 1892 fue el negociador en el rescate de unos cautivos españoles, uno de los negocios más prósperos de los saharauis de entonces. En 1898 decidió acampar en un lugar de la Saguía el Hamra donde encontró humedad y unos juncos que dieron nombre al emplazamiento: Smara. Decidió fundar un emplazamiento en ese oasis de la ruta caravanera y contó con el apoyo del sultán Abdelaziz que le proporcionó materiales y trabajadores procedentes de Tarfaya y Agadir. Puede considerarse la primera ciudad del desierto, con una kasba y una gran mezquita con biblioteca.
Ma el Ainin se convierte en el líder de la oposición a la presencia extranjera. Como señala Diego Aguirre en Historia del Sahara Español (1988), se convirtió en el instigador de la muerte de Xavier Coppolani que era el Comisario del Gobierno General en la Mauritania francesa. Esto lo puso en el punto de mira de las autoridades francesas. Ma el Ainin acudió a Fez en 1906 para solicitar la ayuda del sultán que le entregó 500 fusiles y municiones. Luego entregará más por el miedo a que una derrota en el Sáhara supusiera la entrada francesa en el sur marroquí. Francia maniobra, consigue que Alemania deje de ayudar a los mauritanos y que España apoye con el envío del Álvaro de Bazán a Cabo Juby (después Villa Bens y hoy Tarfaya). Consigue también que España le deje entrar en su territorio en persecución de los rebeldes. En este momento, Ma el Ainin pasa a ser también enemigo de España en el Sáhara. Pero las acciones militares se dirigen contra destacamentos y patrullas francesas y no contra las escasas tropas españolas que estaban estacionadas en Villa Cisneros y a las que no daban todavía ninguna importancia como colonizadores.

Rebeldía con Francia y alianza con España

El continuo hostigamiento hizo que Francia se decidiera a acabar con la rebelión de manera expeditiva nombrando, en 1908, al coronel Gouraud para la misión. A partir de entonces las derrotas del caudillo saharaui son constantes hasta la final en 1910 al pie del Atlas, en Um Rebia, por el general Moinier. Después de esta batalla, sin fuerzas suficientes, con su autoridad mermada y sin los seguidores de antes, se retiró a Tiznit donde murió en 1910. En 1913 el coronel Mouret destruyó Smara.
Su desaparición supuso el final de la rebeldía saharaui y abrió las puertas a la ocupación española de su parte. Porque España no tenía potencia ni interés en mantener una guerra en el desierto por ocupar tierras sin valor económico. Su política era pactar la ocupación con la población local.
Ma el Ainin nunca fue vasallo del sultán y siempre gozó de una enorme libertad de acción en sus territorios de nomadeo tradicional, que incluían en su de lo que hoy es Marruecos. Sus hijos continuaron combatiendo a los franceses con el título de sultán; El Heiba llegó a tomar Marraquech en 1912, cuando ya se había instalado el Protectorado francés y fue un éxito efímero. Al morir este, su hermano Marabbi Rebbu, el sultán azul, sin posibilidades de derrotar a Francia, acaba retirándose a Cabo Juby bajo protección española. Ese año Francia declara pacificado el Sáhara y los españoles aprovechan la ocasión para ocupar Sidi Ifni, Daora y Smara. Cuando Galo Bullón entró en Smara, describe la población como casi abandonada, con algunos edificios en pie cuidados por un descendiente del cheij y el palmeral trace de perecer. Los españoles levantaron un puesto militar y refundaron la ciudad.
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