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Juego de porcelana

Juego de porcelana

Picotazos de historia

El truhan que prometió oro y se apropió del secreto de la porcelana

Böttger, un buscavidas, se hizo un nombre pregonando arcanos conocimientos que le permitían transmutar el plomo en oro

En otro picotazo les introduje la figura histórica del Elector de Sajonia y Rey de Polonia Augusto II el Fuerte. El gigante –medía más de dos metros de estatura– que reunió una fabulosa colección de obras de arte y de joyas de todo tipo e hizo de su capital el foco cultural de Centroeuropa. Pero Sajonia le debe más por otro motivo que ahora les relataré.

Retrato de Johann Friedrich Böttger

Retrato de Johann Friedrich Böttger

En 1701 había un alquimista –más bien un pícaro, más cercano al buscavidas que al estafador– de nombre Johann Friedrich Böttger (1682 – 1719) quien había sido aprendiz en una botica de Berlín y había recibido cierta instrucción de un padrastro ingeniero. Bottger descubrió que a nadie le llamaba la atención un mísero aprendiz pero que envuelto en ropillas de gente de bien y pregonando arcanos conocimientos que le permitían transmutar el plomo en oro, inmediatamente se convertía en el centro de todo tipo de atenciones. También descubrió que había que tener cuidado en que liga se quería jugar, pues tuvo que huir a Dresde para evitar ser puesto en «custodia y protección» por el Rey Federico Guillemo I de Prusia, siempre hambriento de oro.

Lo descubrió pero no tuvo precaución o, sencillamente, no pudo resistirse a la peligrosa atención de los poderosos. Habló a Augusto de sus portentosas habilidades y este puso un laboratorio a su disposición y fondos. Para que no se distrajera le encontró habitaciones en el castillo de Albrechtsburg en Meissen. Además encargó de su protección y seguridad. Böttger se encontró prisionero dentro del castillo, permanentemente vigilado y con una hora al día para pasear en los jardines, bajo vigilancia de sus carceleros. En 1707, tras tres años de nulos resultados, Augusto puso al científico von Tschirnhaus como supervisor de los trabajos de Böttger, y este recibió una severa advertencia.

Fortaleza de Königstein; a la izquierda el edificio en el que se alojaban los presos estatales

Fortaleza de Königstein; a la izquierda el edificio en el que se alojaban los presos estatales

Böttger quería salvar el cuello y la única opción que le quedaba era colaborar con Von Tschirnhaus en su búsqueda de la decodificación del secreto de la porcelana y, a regañadientes, lo hizo. Von Tschirnhaus era lo contrario que Böttger, un científico riguroso, metódico y con un genuino interés en el conocimiento. Hizo pruebas con diferentes terrenos, localizó yacimientos de caolín, probó diferentes porcentajes de cuarzo y construyó hornos especiales para alcanzar altas temperaturas. Cada experimento y sus resultados le conducían a una fórmula para la fabricación de la preciada porcelana. El esfuerzo, la tensión y las malas condiciones de experimentación, inhalando los humos tóxicos producidos por las diferentes cocciones, pasaron una fatal factura a Von Tschirnhaus, que terminaría falleciendo en 1708. Pero su trabajo estaba prácticamente acabado: había dado con la formula para la fabricación de la porcelana. Böttger heredó las notas del científico y no tardó en presentar los resultados como logros personales. Augusto no se fiaba de Böttger –y con razón– por lo que mantuvo la vigilancia y confinamiento.

Ehrenfried Walther von Tschirnhaus

Ehrenfried Walther von Tschirnhaus

Augusto, gracias a la inteligencia, esfuerzo y sacrificio de Von Tschirnhaus abriría la primera fabrica de porcelana de Europa, en 1710. Sus productos aportarían ingentes ingresos en las arcas de Augusto, más que las que tendría si hubiera encontrado la mítica piedra filosofal.

Cuanto a Böttger, recuperó la libertad en 1714 pero, bajo juramento, no podía abandonar el reino de Sajonia. Fue el encargado de la fabrica real de porcelanas pero nunca dejó de ser un pícaro y un aprovechado. Se volvió alcohólico y su gestión, nunca brillante, se vio perjudicada por ello. Incurrió en abusos y malversación, perdió dinero en arriesgadas empresas para, al final, morir prácticamente arruinado a la edad de 37 años.

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