08 de febrero de 2023

Martirio de santa Eugenia

Martirio de santa Eugenia representada como monje. Miniatura del Menologion de Basilio II

Picotazos de historia

La curiosa historia de santa Eugenia-Eugenio, mártir y abad

Eugenia decidió abrazar la vida religiosa. En ese tiempo no había conventos para mujeres y estas no eran aceptadas en las comunidades religiosas, formadas exclusivamente por hombres

Si buscasen en internet «santa Eugenia» descubrirían que hay siete personas en el santoral que responden a tal nombre. De estas, cuatro fueron mártires y tres abadesas. Hubo una que hizo doblete, siendo mártir y abadesa pero siendo diferentes personas y de distinto sexo. Se lo explico.
La mayor información que tenemos sobre santa Eugenia de Roma o de Alejandría no viene a través de la Leyenda dorada, un texto hagiográfico compilado por Jacobo de la Vorágine en el siglo XIII y que nos presenta la vida y milagros de 180 santos y mártires, haciendo especial hincapié en los detalles de su glorioso martirio. La Leyenda dorada fue un medio muy efectivo de difusión de las vidas de los santos, del mismo modo que las representaciones artísticas de las iglesias y catedrales. Pero volvamos al tema de santa Eugenia.
Con santa Eugenia, para empezar, hay dudas de cuando situarla. ¿En el siglo III o en el IV d. C:? No hay certeza. La Leyenda dorada nos cuenta que fue hija de Felipe, un noble romano que fue nombrado prefecto de Egipto. Motivo por el cual se trasladaría a la ciudad de Alejandría, acompañado de toda su familia (esposa y tres hijos: Atilio, Sergio y Eugenia). La niña era muy espabilada. Estando en Alejandría pidió su mano un joven noble. Los padres de Eugenia, vendiendo el producto, cometieron el error de señalar los antepasados ilustres de la familia del novio. «¿Me caso con él o con ellos?» –respondió Eugenia. No se volvió a hablar del asunto.

De Eugenia a Eugenio, el abad

Salió un día acompañada por sus dos eunucos domésticos –en ese tiempo, no podía haber familia elegante sin capones en casa. Cuantos más, mejor. Los criados de Eugenia eran hermanos y se llamaban Proto y Jacinto–. Iban los tres cuando pasaron junto a un convento. Los monjes estaban en ese momento cantando un himno. La música y la letra del cántico provocaron la epifanía de Eugenia, que se convirtió en ese momento. Algo contagioso porque le pasó lo mismo a Proto y Jacinto. Eugenia decidió abrazar la vida religiosa. En ese tiempo no había conventos para mujeres y estas no eran aceptadas en las comunidades religiosas, formadas exclusivamente por hombres. No hubo problema. Proto y Jacinto se pusieron a trabajar en el nuevo look de Eugenia. Unos tijeretazos y otros cuantos arreglos aquí y allá y...surgió Eugenio.
Salieron en cuadrilla –Eugenio y sus capones– e ingresaron como postulantes en el mismo monasterio de donde surgió el himno que escucharon. Pasaron los años. Los tres fueron aprobados e hicieron votos, pasando a ser miembros de pleno derecho de la comunidad. Eugenio era inteligente, culto y preparado, por lo que en pocos años acabó siendo elegido abad del monasterio. Su fama de santidad, rectitud y sabiduría creció en Alejandría y las personas acudían a él buscando consejo. Una noble del lugar, de nombre Melanzia o Melania, dio por desarrollar una desenfrenada pasión por el abad. Varias veces trató de seducirlo sin resultados. Despechada y rechazada, de acosadora pasó a actriz trágica, denunció al pobre abate por seducción, acoso y violación. Entonces eran tiempos bárbaros, no como ahora, así que ante semejante denuncia se apresó a Eugenio y lo arrojaron a una celda hasta el día del juicio. Eugenio fue llevado ante el tribunal, que resultó estar presidido por su padre. No tuvo más remedio que revelar su verdadera identidad para salvarse de la acusación.
Felipe, el padre de santa Eugenia, acabó convirtiéndose y alcanzó el obispado, la santidad y el martirio. Ya puestos, Eugenia no paró hasta convertir a su madre (Claudia) y a los dos hermanos mencionados. Los cuatro se fueron a Roma a predicar, el padre se quedó de obispo en Alejandría. Por fin, en tiempos del Emperador Galieno (218 – 268), Eugenia alcanzó el martirio. Cuenta la Leyenda que la intentaron matar de diferentes formas y no hubo manera, siempre salía indemne. Para asegurar el finiquito se encargó a un gladiador que la decapitara. Dicho y hecho. De pasó dieron matarife a los hermanos recortados, que habían acompañado a Eugenia hasta en el convento que fundó.
La vida de esta santa, uno de los primeros travestís que se conocen, dio lugar al dicho de «buscar los huevos de la santa» como equivalente a una empresa imposible.
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