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16 de abril de 2024

Italia se consagró campeón mundial de fútbol de 1934

Italia se consagró campeón mundial de fútbol de 1934

La importancia del deporte en la Italia fascista: la mejor baza para la propaganda

El fascismo, que surgió como sinónimo de juventud, hará del deporte y de la Educación Física bazas importantes de propaganda y elementos de mejora frente a la decadente sociedad liberal

El deporte como actividad social fue un hecho bastante reciente, impulsado por Pierre de Coubertin, cuando reanudó, en Atenas, los Juegos Olímpicos en 1896. Sin embargo, la actividad deportiva quedó como algo ligado al mundo del ocio de las elites dirigentes de la sociedad. El resto bastante tenían con sobrevivir en las duras condiciones de finales del siglo XIX e inicios del siglo XX. No obstante, los diferentes deportes que fueron apareciendo atrajeron la atención de una sociedad que en sus momentos de ocio necesitaba distraerse, y contó incluso con la ayuda de algunos estamentos, principalmente los religiosos, que vieron en aquellas actividades deportivas un modo de distraer a la juventud de forma sana, y que no adoptase los vicios de beber o fumar de sus mayores. El lema latino Mens sana in corpore sano es una cita que proviene de las Sátiras del autor romano Décimo Junio Juvenal. La definición será retomada por aquellos que pretendían restaurar la antigua gloria de su comunidad nacional y querían cuidar de su juventud.

Lando Ferretti fue el responsable de que el deporte competitivo se convirtiese en la imagen de Italia

Después de la Primera Guerra Mundial y la desaparición de una generación de hombres en combate, los jóvenes, como espacio ancho de la pirámide social, se convirtieron en un verdadero referente de cambio, apetecido por los nuevos movimientos políticos, y subrayadas sus cualidades por actividades como el deporte, donde podían ser resaltadas aún más. El fascismo, que surgió como sinónimo de juventud, hará del deporte y de la Educación Física bazas importantes de propaganda y elementos de mejora frente a la decadente sociedad liberal.

El deporte como propaganda

Los instrumentos de esta nueva labor fueron la Opera Nazionale Balilla (ONB), orientada a la juventud y la niñez, y la Opera Nazionale de Dopolavoro (OND), para los trabajadores. El máximo responsable de la OND fue Augusto Turati, un hombre entregado al deporte que presidió algunas de sus federaciones, como tenis, esgrima y atletismo, y también fue miembro del CONI (Comité Olímpico Nacional Italiano) y, por su gran querencia por el cine, se dio cuenta del importante protagonismo que el deporte podía tener a nivel propagandístico.

Por su gran querencia por el cine, se dio cuenta del importante protagonismo que el deporte podía tener a nivel propagandístico

La OND será una organización de masas que, por su carácter lúdico, atraerá a más de cuatro millones de trabajadores, siendo organizados por un centenar de miles de voluntarios. La divulgación del deporte, pero especialmente la organización de viajes de vacaciones a otras regiones, estimulo el conocimiento global de Italia para una generación de trabajadores que nunca habían salido de sus regiones. El presidente del CONI será Lando Ferretti, de 1925 a 1928, director después de Lo Sport fascista. Él fue el responsable de que el deporte competitivo se convirtiese en la imagen de Italia. Las victorias deportivas italianas encumbraron al país hacia lo más alto lo situaron entre los mejores y convirtió a los atletas en verdaderos héroes. Digno ejemplo de ello fueron el ciclista Gino Bartali el piloto Tazio Nuvolari, el boxeador Primo Carnera, el futbolista Giuseppe Meazza, el mediofondista Luigi Beccali y la vallista, Trebisonda «Ondina» Valla.
Trebisonda «Ondina» Valla

Trebisonda «Ondina» Valla

Los Juegos Olímpicos, los mundiales de fútbol y los Campeonatos Mundiales de Boxeo se convirtieron en verdaderos escaparates de la nueva Italia. Para ello se hizo una fuerte inversión en la construcción de estadios y polideportivos en las principales ciudades italianas. Incluso la necesidad de potenciar un equipo de fútbol de la capital, llevó a Mussolini a propugnar que se uniesen tres de los cuatro equipos capitalinos (Foot Ball Club di Roma, el Alba Audace y el la Società di Ginnastica e Scherma Fortitudo). El Lazio se opuso a la unión, para dar origen el 22 de agosto de 1927 a la Associazione Sportiva Roma, cuyo estadio, el Flaminio, fue propiedad del PNF, y su primer presidente, Italo Foschi. Su presidente y fundador fue el verdadero organizador del calcio, como elemento competitivo de masas, atrayente y con nuevos equipos capaces de arrebatar el scudetto a los equipos del norte (Milan, Inter y Juventus), a través de las fusiones de las asociaciones futbolísticas romanas.
La apuesta por el fútbol tuvo efectos positivos al proclamarse campeona del mundo de fútbol en el Mundial de 1934, y cuatro años después repetir el liderazgo en el campeonato de 1938, disputado en Francia. El mérito fue del entrenador, Vittorio Pozzo, quien innovo con un 2-3-2-3. Antiguo oficial de Alpini en la guerra, supo meter entrenamiento y unidad de grupo a la selección nacional. El equipo fue reforzado con «naturalizados», argentinos de origen italiano (Luis Monti, Raimundo Orsi, Enrique Guaita y Atilio De María), que añadieron su técnica a la escuadra azzurri. Su máxima figura será el delantero Giuseppe Meazza «il balilla».
Luigi Beccali en Budapest compitiendo en los 1.500 metros lisos

Luigi Beccali en Budapest compitiendo en los 1.500 metros lisos

No obstante, en los Juegos Olímpicos fue donde los italianos destacaron, quedando en segundo puesto con 36 medallas, 12 de oro, 12 de plata y 12 de bronce, en Los Ángeles, en 1932; en los famosos Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, que inmortalizó Leni Riefenstahl en Olympia, Italia quedó tercera con 22 medallas, ocho de oro, nueve de plata y cinco de bronce, tras Alemania y los EE.UU. Una de las estampas de las Olimpiadas de ese año fue el triunfo de Trebisonda «Ondina» Valla, quien ganó los 80 metros vallas, convirtiéndose en la primera campeona olímpica de Italia, realizando el saludo romano, momentos antes de recibir la medalla de oro. Su eterna rival en Italia, Claudia Testoni, fue cuarta en aquella competición, dejando al atletismo italiano como una de las grandes potencias deportivas del momento.

Los boxeadores representaban el éxito de las comunidades de inmigrantes, o los afroamericanos marginadas por el racismo

El otro deporte de masas con mayor aceptación en las clases populares fue el boxeo. El pugilismo era muy promocionado por desviar la violencia de las calles, y no existía una parroquia o sede política sin su gimnasio correspondiente, donde los adolescentes empezaron a curtir guantes. El éxito del boxeo estaba asentado en los campeones que habían triunfado saliendo del anonimato de barrios periféricos, convirtiéndose en verdaderos ídolos locales. En los EE.UU. los boxeadores representaban el éxito de las comunidades de inmigrantes, o los afroamericanos marginadas por el racismo. La solución italiana fue el gigante Primo Carnera, quien con sus 125 kilos y más de 2 metros de altura consiguió el Campeonato Mundial de Boxeo de los pesos pesados de 1933. El deporte se convirtió en asignatura, tanto para jóvenes varones como mujeres, convirtiéndose en modelo de su aplicación en otros países.
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