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25 de abril de 2024

Un médico del estudio inyecta placebo ―en lugar de medicamento― a una de las víctimas del experimento Tuskegee

Un médico del estudio inyecta placebo –en lugar de medicamento– a una de las víctimas del experimento Tuskegee

Picotazos de historia

El experimento Tuskegee: vergüenza de la investigación médica

El estudio se inició para tratar de entender mejor una enfermedad que, en aquel entonces, no tenía un tratamiento fiable y los que había causaban importantes efectos secundarios

El denominado «Experimento Tuskegee» está considerado como uno de los sucesos más lamentables de la historia de Norteamérica y de la medicina en general. El experimento se desarrolló entre los años 1932 y 1972, en la localidad sureña de Tuskegee –en el estado de Alabama– e involucró a más de seiscientos aparceros de raza negra en el estudio de la evolución y desarrollo de la sífilis: desde sus fases iniciales hasta la muerte.
El estudio se inició para tratar de entender mejor una enfermedad que, en aquel entonces, no tenía un tratamiento fiable y los que había causaban importantes efectos secundarios. Se reclutaron individuos a quienes no se les informó debidamente del tipo de experimento en el que iban a participar, consecuencias, etc. De esta manera, el consentimiento dado por los sujetos estaba completamente viciado de origen y era nulo. Como les explicaba, se contrataron a unos seiscientos individuos para el experimento, de estos cuatrocientos estaban ya infectados o fueron infectados con el virus de la sífilis, los otros doscientos individuos sanos fueron utilizados como grupo de control para establecer comparaciones.
En 1928 se descubrió la penicilina, diez años después (1939) se logró la purificación de la misma y en 1941 se estaba probando con seres humanos. En el año 1947, el tratamiento con penicilina era la praxis común y recomendada en las infecciones de tipo venéreo. Los científicos del experimento Tuskegee, en vez de tratar a los sujetos de estudio con penicilina y dar el experimento por concluido, decidieron ocultar la información sobre el tratamiento existente y, en su lugar, seguir documentando la progresión, hasta sus últimas y dolorosas consecuencias. Además, se previno a los sujetos de estudio que específicamente evitaran la penicilina, ya que estaba siendo utilizada con otros grupos de control. Incluso se les amenazó con la perdida de las mezquinas ventajas que se les ofreció como compensación: bonos de comida, transporte gratuito, seguro de deceso, etc.
En 1972, una filtración sobre los informes del experimento llegó a la prensa, lo que permitió que se conociera todo sobre el repugnante asunto y diera lugar a la cancelación del programa. Para entonces, de los cuatrocientos infectados, veintiocho había muerto de sífilis y más de cien a consecuencias de complicaciones derivadas de la infección no tratada. Además, más de cuarenta mujeres contrajeron la enfermedad y diecinueve niños nacieron infectados.
Tras hacer pública la existencia del experimento, una comisión especialmente creada por el congreso, declaró que el experimento «no tenía justificación médica». Se clausuró y se inició un acuerdo de compensación para los supervivientes y familiares infectados a consecuencias de ello. Las indemnizaciones se valoraron en un total de nueve millones de dólares de 1974, a repartir entre supervivientes, infectados y familiares, así como la promesa de recibir un tratamiento médico apropiado. El 16 de mayo de 1993 el presidente Bill Clinton pidió públicas disculpas.
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