Fundado en 1910

24 de julio de 2024

La batalla de Waterloo, óleo de William Sadler

La batalla de Waterloo, óleo de William Sadler

La batalla de Waterloo, la última derrota de Napoleón

Las estrategias militares que utilizó Napoleón en la batalla no sirvieron demasiado y la toma de decisiones errónea acabó no solo con la derrota, sino con su final como Emperador

El domingo 18 de junio de 1815, unos 75.000 hombres del ejército de Napoleón se enfrentaron a las tropas inglesas del Duque de Wellington en los campos de Waterloo, en Bélgica. Napoleón acababa de volver de su destierro en la isla de Elba y reunió a su ejército para luchar de nuevo contra las potencias aliadas, conocidas como la Sexta Coalición: España, Reino Unido, Rusia, Suecia, Portugal y Prusia. La estrategia militar de Bonaparte consistía en enfrentarse a ellos de uno en uno. Primero a los ingleses, después invadiría Bélgica, donde sabía que contaba con el apoyo de la población local y rearmaría su ejército para acabar con los prusianos.

Tenía que batallar a los ingleses y vencerlos antes de que consiguieran sumar fuerzas con el resto de las potencias

Pero el reloj corría en contra de Napoleón, tenía que batallar a los ingleses y vencerlos antes de que consiguieran sumar fuerzas con el resto de las potencias. Por su parte, los británicos se encontraban ya en el continente con tropas poco entrenadas, una clara desventaja que podría salvarse si el ejército prusiano del general Gebhard Leberecht von Blücher conseguía llegar a tiempo a Waterloo para sumar sus fuerzas contra Napoleón. Ambas estrategias se basaban en la rapidez de acción.

Además, los soldados que conformaban las tropas francesas eran veteranos y estaban confiados en la habilidad estratégica de su líder para devolver a Francia su poderío. El sábado 17 de junio, los dos ejércitos se encontraron en los campos de Waterloo, pero las lluvias y el barro hicieron imposible cualquier avance de infantería y caballería, por ello los ingleses se situaron en el Mont Saint-Jean, para resguardarse de la artillería gala.

Mapa de la zona de Bélgica en la que tuvo lugar la batalla, marcada en color rojo

Mapa de la zona de Bélgica en la que tuvo lugar la batalla, marcada en color rojo

A la mañana siguiente comenzó la batalla, pero la posición elevada que había elegido Wellington otorgó una ventaja decisiva respecto a los franceses: más tiempo, el necesario para que las tropas prusianas pudieran llegar en su apoyo. Las tropas aliadas se desplegaron en una línea compacta, aprovechando el terreno a su favor, mientras la infantería francesa avanzaba impetuosa, decidida a romper las defensas aliadas. Sin embargo, los soldados de Wellington mantuvieron la posición durante el enfrentamiento.

Pero la batalla tomó un giro inesperado para los franceses, el ejército prusiano de Von Blücher apareció en el campo de batalla para unirse a las fuerzas británicas. Esto marcó un punto de inflexión en el curso de la batalla. Los franceses, exhaustos por los combates anteriores, se encontraron ahora con una fuerza algo superior en número y, sobre todo, frescas y en perfecto estado. La moral de las tropas de Napoleón comenzó a flaquear y la balanza cayó a favor del ejército aliado. Napoleón, el líder audaz que había inspirado a sus hombres en innumerables victorias, se encontró en una situación desesperada. La línea francesa se rompió y su ejército atacado por la caballería y artillería enemiga se fragmentó. Ante el panorama de derrota, Napoleón ordenó la retirada de sus hombres, aunque se realizó de forma desordenada y caótica.

La posición elevada que había elegido Wellington otorgó una ventaja decisiva respecto a los franceses: más tiempo, el necesario para que las tropas prusianas pudieran llegar en su apoyo

Las estrategias militares que utilizó Napoleón en la batalla no sirvieron demasiado y la toma de decisiones errónea acabó no solo con la derrota, sino con su final como emperador. A finales de 1815 se firmó el Segundo Tratado de París, que ratificaba el fin del Imperio napoleónico firmado en el Tratado de 1814 tras la abdicación de Napoleón I y su primer destierro. Para Bonaparte significó el fin de su segundo reinado como emperador de los franceses, pero también marcó el inicio de una nueva realidad política en Europa. Napoleón se vio obligado a aceptar los términos del Tratado que había firmado y el Rey francés Luis XVIII recuperó su trono el 8 de julio. Llegado su final, Napoleón se entregó y fue desterrado de nuevo, pero esta vez lo enviaron a la isla de Santa Elena, a casi 2.000 kilómetros de tierra firme. Allí escribió sus memorias durante los últimos seis años de su vida.

Comentarios
tracking