104 cartas fueron incautadas por la Marina Real Británica durante la Guerra de los Siete Años
Revelan las cartas destinadas a marineros franceses confiscadas por Reino Unido durante la Guerra de los Siete Años
Los mensajes fueron llevados al Almirantazgo en Londres, nunca llegaron a abrirse y quedaron en el olvido hasta ahora. La colección se encuentra en los Archivos Nacionales de Kew
Más de un centenar de cartas enviadas a marineros franceses por sus prometidas, esposas, padres y hermanos, pero que nunca llegaron a su destinatario, han sido abiertas y estudiadas por primera vez desde que fueron escritas hace más de dos siglos atrás. El profesor de la Facultad de Historia de la Universidad de Cambridge, Renaud Morieux, ha desvelado esas misivas en un artículo publicado este martes en la revista Annales. Histoire, Sciences Sociales.
Durante meses el profesor se ha encargado de analizar y descodificar un total de 104 cartas que habían permanecido selladas durante más de 250 años. De ellas ha destacado una complicada ortografía y caligrafía: sin puntuación ni mayúsculas, además de estar completamente rellenadas para no desperdiciar ningún centímetro del costoso papel.
Esta correspondencia, que fue incautada por la Marina Real británica durante la Guerra de los Siete Años, ofrece información sobre los amores, las vidas e incluso las disputas familiares de todos, desde campesinos ancianos hasta esposas de oficiales adinerados. Asimismo, las cartas ofrecen nueva y valiosa evidencia sobre las mujeres y los trabajadores franceses, así como sobre las diferentes formas de alfabetización.
104 cartas fueron incautadas por la Marina Real Británica durante la Guerra de los Siete Años
Los mensajes fueron llevados al Almirantazgo en Londres, nunca llegaron a abrirse y quedaron en el olvido hasta ahora. La colección se encuentra en los Archivos Nacionales de Kew (Reino Unido).
Morieux apunta que dio con la caja con las misivas «por curiosidad»: «Había tres montones de cartas unidas por una cinta. Las cartas eran muy pequeñas y estaban selladas, así que le pregunté al archivero si se podían abrir y así lo hizo. Me di cuenta de que era la primera persona en leer estos mensajes tan personales desde que fueron escritos. Sus destinatarios previstos no tuvieron esa oportunidad. Fue muy emotivo», subraya.
El profesor añade: «Estas cartas tratan sobre experiencias humanas universales, no son exclusivas de Francia o del siglo XVIII. Revelan cómo todos afrontamos los principales desafíos de la vida. Cuando estamos separados de nuestros seres queridos por acontecimientos que escapan a nuestro control, como la pandemia o las guerras, tenemos que descubrir cómo mantenernos en contacto, cómo tranquilizar, cuidar a las personas y mantener viva la pasión. Hoy tenemos Zoom y WhatsApp. En el siglo XVIII, la gente solo tenía cartas, pero lo que escribían me resulta muy familiar».
Cartas de amor
«Podría pasar la noche escribiéndote… Soy tu esposa para siempre fiel. Buenas noches, mi querido amigo. Es media noche. Creo que es hora de descansar», así escribió Marie Dubosc a su marido, Louis Chambrelan, primer teniente del Galatée, un buque de guerra francés, en 1758.
Marie desconocía dónde estaba Louis ni si su barco había sido capturado por los británicos. El marinero nunca recibió su carta y ambos nunca se volvieron a encontrar. La mujer murió al año siguiente en Le Havre (Francia), casi con certeza antes de que su marido fuera liberado, quien regresó sano y salvo a Francia en 1761.
Otra carta confiscada por la Marina Real británica
Otro ejemplo curioso de correspondencia fueron las enviadas al joven marino Nicolas Quesnel desde Normandía. El 27 de enero de 1758, su madre de 61 años, seguramente analfabeta, envió un mensaje escrito por un escriba desconocido para quejarse:
«El primer día del año (es decir, el 1 de enero) le has escrito a tu prometida (…). Pienso más en ti que tú en mí (…). En cualquier caso, les deseo un feliz año nuevo lleno de bendiciones del Señor. Creo que estoy por la tumba, llevo tres semanas enfermo. Felicita a Varin (un compañero de barco), solo su esposa me da la noticia», reza el mensaje.
Unas semanas más tarde, la prometida de Nicolas, Marianne, le escribió para pedirle que enviase una carta a su madre para demostrar que era un buen hijo y dejara de ponerla en una situación incómoda. Parece que la madre del joven marino había culpado a Marianne por el silencio de Nicolas. La prometida del marino francés escribió: «La nube negra se ha ido, una carta que tu madre ha recibido de ti ilumina el ambiente».
Difícil hacer llegar la correspondencia
Durante la Guerra de los Siete Años (1756-1763), a pesar de que Francia comandó algunos de los mejores barcos del mundo, carecía de marineros experimentados y Gran Bretaña supo aprovechar esto encarcelando a tantos marineros franceses como pudo durante la contienda: en 1758 un total de 19.632 marineros franceses fueron detenidos en Gran Bretaña. Algunos de estos hombres murieron por enfermedades y desnutrición, pero otros muchos fueron liberados.
Captura del HMS Brune, buque francés, obra de John Cleveley El Viejo
Mientras tanto, sus familias esperaron e intentaron repetidamente contactar con ellos e intercambiar noticias. «Estas cartas muestran a personas que enfrentan desafíos colectivamente. Hoy en día nos resultaría muy incómodo escribir una carta a una prometida sabiendo que las madres, las hermanas, los tíos, los vecinos la leerían antes de enviarla, y muchos otros la leerían al recibirla. Es difícil decirle a alguien lo que realmente piensas de él cuando la gente te mira por encima del hombro. Había mucha menos división entre lo íntimo y lo colectivo», indica Morieux.
En el siglo XVIII, enviar cartas desde Francia a un barco era increíblemente difícil y poco fiable. Por esta razón, a veces la gente enviaba diversas copias a diferentes puertos con la esperanza de llegar a un marinero. E incluso pedían a otras familias de la tripulación que insertaran mensajes para sus seres queridos en sus cartas.
Morieux encontró una amplia evidencia de estas estrategias en las cartas de Galatée, que, como tantas otras, nunca llegaron a sus destinatarios previstos. El Galatée navegaba de Burdeos a Quebec cuando fue capturado en 1758 por el barco británico Essex y enviado a Portsmouth. La tripulación fue encarcelada, se confiscaron todas sus pertenencias y el barco se vendió.