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21 de febrero de 2024

El sello de seis reales azul al lado de un sello de dos reales con su color original anaranjado y otro fruto del error de impresión

El sello de seis reales azul al lado de un sello de dos reales con su color original anaranjado y otro fruto del error de impresiónIBERPHIL / British Library

Cómo un error convirtió a este sello postal en un tesoro de la filatelia española

Una investigación resuelve el enemiga de esta joya de la filatelia española: fue el resultado de un error de impresión

El sello de dos reales azul de 1851 con la esfinge de Isabel II es una de las grandes rarezas de la filatelia –la colección de sellos postales– española y mundial. Originalmente, este sello debía ser anaranjado; sin embargo se sabe de la existencia de tres ejemplares de color azul. Su singularidad es tal que ha constituido uno de los grandes misterios de la filatelia y que decenas de expertos han intentado resolver durante más de 150 años, pero gracias a un hallazgo inesperado en Zaragoza se ha despejado las dudas sobre la historia del sello español más buscado.

¿Error o prueba?

El investigador José Antonio Herráiz encontró unos documentos en el archivo de la Diputación de Zaragoza (DPZ) que daban explicación a esta tonalidad azul. En 1868, una publicación de una revista inglesa filatélica, según indica Herráiz, se publicó una nota de un coleccionista que aseguraba tener en su poder «un sello de dos reales azul, de España de 1851» y que no encontraba «catalogado en ningún sitio». Algo que era imposible porque «nadie lo conocía», revela Herráiz.
A partir de entonces comenzó el debate de si ese sello fue una prueba o un error, siendo en este segundo caso una característica de revalorización, es decir, «cuando no se corresponde con el diseño previamente aprobado y sale a la venta por los canales regulares tras haber escapado a los controles de fabricación», dice el estudioso de filatelia, algo que los hace únicos. Herráiz aclara que «un ensayo o prueba se puede producir cuando el impresor decide probar el sello en otro color para saber si queda mejor o peor».
La prueba irrefutable de que el sello azul de dos reales fue un error se encontró en 1898, «solo se conocían dos ejemplares. Ese año se descubrió en Madrid, dentro de un bloque de sellos de seis reales que se estaba cortando, el tercer dos reales azul», expone el académico.
Un señor de Toledo fue a Madrid buscando comprador para un bloque de 16 sellos de seis reales. Entró primero a la Filatelia Gálvez, que no quiso comprarlo al tener los matasellos bastante borrosos. Probó suerte en el establecimiento más próximo al anterior, la de los hermanos Vives, que sí lo adquirieron.
Herráiz destaca que «los sellos se vendían mejor por unidad, por lo que decidieron cortarlos y, cuando lo hicieron, se dieron cuenta de que había uno distinto». Es por ello que este tercer ejemplar cuenta con una pareja, un sello azul de seis reales al que va adjunto.
Concluye que «a partir de ese momento, todo el mundo entendió que se trataba de una confusión, se aceptó que eso no era un ensayo ni una cosa extraña, había salido así». El motivo fue descubierto por Herráiz el 25 de julio del verano pasado, cuando por un golpe de suerte accedió a la caja que le dio la respuesta.

Un descubrimiento fortuito

Investigando en el archivo de la DPZ accedió al contenido de la caja correspondiente al servicio de Correos en Zaragoza durante el año 1851. Buscaba información de un sobreporte local (lugares donde en aquella época había que pagar algo más por recibir el correo) pero no lo encontró. En cambio, había descubierto algo más impresionante: «No podía creer lo que estaba viendo cuando comencé a hojear los papeles del dos reales azul, me concentré exclusivamente en ellos».
En dicha caja estaba el informe sobre el descubrimiento del error en el Gobierno de Zaragoza, las instrucciones de la Fábrica del Sello, tras advertir esa equivocación, y el informe del Gobernador de Zaragoza, José María Gispert, sobre el cumplimiento de las instrucciones recibidas.
Estos archivos, fechados desde el día 24 de diciembre de 1850 al 28 de marzo de 1851, han sido claves para desentrañar el misterio, «es el maná de cualquier investigador, porque prácticamente responde a todas las preguntas que uno pueda hacerse, detalla el origen, el desarrollo y la conclusión», declara el investigador.
El primer documento de esta carpeta es una circular de la Fábrica Nacional del Sello dirigida a Gispert. «Los sellos entonces se enviaban a los gobiernos civiles, no a Correos, porque los envíos además eran de Hacienda, eran papel timbrado», refiere Herráiz.
Dicha comunicación presenta un formato de circular porque figura escrito a mano «Zaragoza», y se presupone que a cada provincia se mandó uno como el que encontró José Antonio Herráiz. En ese papel se relata el envío de los sellos de seis reales y se añade una factura duplicada --para que una copia quedara en Zaragoza y otra se devolviera a Madrid firmada-- la cual no se ha encontrado. También figura la firma del grabador y director de la Fábrica Nacional del Sello, Bartolomé Colomina.
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