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El general Serrano obtuvo las mayores distinciones militares y civiles de su tiempo, era Grande de España y recibió el Toisón de Oro

El general Serrano obtuvo las mayores distinciones militares y civiles de su tiempo

La dictadura del general Serrano, de la victoria sobre el cantonalismo a la caída de la Primera República española

Se cumplen 150 años de la «dictadura» del general Serrano que derrotó al Cantonalismo y puso en jaque al Carlismo

Al general Serrano solo le faltó ser Rey, porque participó y formó parte de los grandes cambios políticos y militares que afectaron a España durante la segunda mitad del siglo XIX. El golpe de Estado del general Pavía a principios de enero de 1874 trasformó la Primera República Española, que apenas tenía once meses de vida en los que habían gobernado cuatro presidentes, en una república unitaria, centrada en solucionar los dos grandes problemas militares del momento: la guerra carlista en el norte y la sublevación cantonal murciana, que tenía a Cartagena como último reducto federalista.

Por surrealista que parezca, Pavía no dio el golpe de Estado para ocupar el poder, es más, preguntó a Castelar si quería continuar como presidente del gobierno, pero este lo rechazó. En su lugar colocó al general Francisco Serrano y Domínguez, que tenía tras sus espaldas una gran experiencia en batalla, pero también con intrigas políticas y palaciegas.

Como nuevo presidente de esta «nueva» república, su primer objetivo fue acabar con la resistencia cantonal de la ciudad de Cartagena, que llevaba casi seis meses sitiada. El 12 de enero de 1874, el último bastión cantonal de la Primera República española se rindió, poniendo fin al conflicto. Con esta victoria, además consiguió centrar todos los esfuerzos militares en el norte, donde el Ejército estaba luchando contra los carlistas, que contaban con cierto apoyo del Papa Pío IX, quien «llamó Rey a don Carlos» María Isidro de Borbón, como explica Javier Santamarta del Pozo en su libro dedicado a la Primera República.

La tercera guerra carlista había empezado en 1872 durante el reinado de Amadeo I, y continuó durante todo el periodo de la república en un contexto de crisis dinástica que había empezado con la muerte de Fernando VII y que en 1868 obligó a Isabel II a exiliarse en Francia. De hecho, Francisco Serrano, fue protagonista de la revolución, La Gloriosa, tras regresar de su exilio en Canarias y firmar el manifiesto de España con honra. Atrás habían quedado los años en los que luchó en la primera guerra carlista y en los que fue ministro del primer gobierno de Isabel II que, paradojas de la vida, pagó una dote de tres millones de pesetas para la boda del general.

El «general bonito» contra los carlitas

En el gobierno que formó el general entraron liberales unionistas, radicales e incluso monárquicos. Las cortes estaban cerradas, Serrano ejercía todos los poderes presidenciales y debía atender una guerra civil contra los partidarios de don Carlos. En principio, el puesto no le quedaba grande, había sido presidente con Amadeo I, presidente del Congreso y Regente del Reino, entre otros cargos, pero era necesario fortalecer el estado para recuperar la normalidad constitucional.

El 27 de febrero de 1874, La Gaceta de Madrid (actual Boletín Oficial del Estado) publicaba la siguiente noticia: «en vista de la incompatibilidad constitucional que existe entre las funciones del Jefe de Estado y las que corresponden al Presidente del Consejo de Ministros, D. Francisco Serrano y Domínguez renuncia a este último cargo, reservándose solo, como Presidente del Poder Ejecutivo de la República, las facultades y atribuciones comprendidas en el título 40 de la Constitución de 1869, y las extraordinarias de que se halla investido hasta el restablecimiento de la paz pública».

Era un acuerdo del gabinete presidido por Serrano para conseguir un estado sólido y con futuro, ya fuese republicano o monárquico. Con la derrota del cantonalismo, las tropas y armamento se destinaron al norte para combatir el Carlismo. En febrero de 1874 las tropas de la república unitaria cercaron Bilbao, y dos meses después consiguieron liberarla. El general Serrano se desplazó al norte para dirigir varias ofensivas, como la de Somorrostro o el sitio de Pamplona.

Con la guerra olvidó atender otros frentes políticos y en diciembre de 1874 recibió la noticia del levantamiento del general Martínez Campos en favor de una restauración de la monarquía de los Bordones. La fugaz y caótica Primera República había terminado, pero al general Serrano aún le quedada jugar una última carta. No reconoció a Alfonso XII hasta 1875, después fundó el grupo Izquierda Dinástica y volvió a sentarse en la silla de la presidencia del Senado entre 1883 y 1884. El Duque de la Torre, ejemplo de político-militar de su época, murió un año después, legando una historia esencial para conocer la España liberal, monárquica y republicana del siglo XIX.

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