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Multitud agolpada frente al Palacio de las Cortes, mientras se gestaba la proclamación de la República en el interior del edificio

Multitud agolpada frente al Palacio de las Cortes, mientras se gestaba la proclamación de la República en el interior del edificio

150 años

Enero de 1874, un momento decisivo para la historia del país: «Creíamos disuelta nuestra España»

La proclamación improvisada de una república sin respaldo popular, acentuó las divisiones, entre otras cosas, porque muchos recursos públicos quedaron en manos de los más radicales, demagogos y vocingleros

En el año de 1873 llegó a ponerse en riesgo la propia existencia de España como proyecto histórico. Parecían haberse desatado todos los infiernos. Los enfrentamientos políticos se habían transformado en conflictos homicidas cada vez más enconados. Llegó a haber tres guerras civiles paralelas. Y un Estado que cada vez parecía más sumido en la impotencia.

La abdicación del Rey Amadeo, incapaz de reconducir a unos partidos que habían hecho de las Cortes una mezcla de jaula de grillos y patio de Monipodio, fue el detonante del final del proceso revolucionario. La proclamación improvisada de una república sin respaldo popular, acentuó las divisiones, entre otras cosas porque muchos recursos públicos quedaron en manos de los más radicales, demagogos y vocingleros.

Caricatura de la revista satírica La Flaca del 3 de marzo de 1873 sobre la pugna entre los radicales, que defienden la república unitaria, y los republicanos federales

Caricatura de la revista satírica La Flaca del 3 de marzo de 1873 sobre la pugna entre los radicales, que defienden la república unitaria, y los republicanos federales

Esta situación contribuyó a enajenar el apoyo de crecientes grupos sociales. Los católicos que asistían con impotencia a cómo la Iglesia española «proseguía su particular calvario» en palabras de Menéndez Pelayo, fueron alejándose de los partidos existentes. También el incipiente movimiento obrero español, y los habitantes del medio rural hastiados de las desamortizaciones de la perdida de sus patrimonios comunales.

En Cuba, el alzamiento separatista, iniciado en 1868, cobraba fuerzas en gran parte por la intransigencia de la oligarquía azucarera. La rebelión carlista se reavivó con la proclamación de la primera República y sus propuestas anticlericales. A mediados de junio del 74, el gobierno había perdido en la práctica el control de la cuarta parte de España.

Proclamación de la Primera República

Pero lo peor estaba por llegar. La proclamación de la República federal condujo a una enésima división del republicanismo en dos facciones, una partidaria de llegar a la República federal por medios políticos; la otra que pretendía su implantación inmediata por procedimientos revolucionarios y que inició la anárquica revuelta cantonalista.

A mediados de aquel nefasto año España se deslizaba hacia una peligrosa anarquía. Un político de profundas convicciones republicanas, como fue Castelar, escribió tiempo después: «Hubo días de aquel verano que creíamos disuelta nuestra España: de las provincias llegaban las ideas más extrañas y los principios más descabellados. Unos decían que iban a resucitar la antigua corona de Aragón. Otros que iban a constituir una Galicia independiente bajo el protectorado de Inglaterra. Jaén se apercibía para una guerra con Granada. Salamanca temblaba por la clausura de su gloriosa Universidad. (…..)». La indisciplina reinaba en las filas del ejército, mientras los cantonalistas se adueñaban de numerosas ciudades eliminando o expulsando a las autoridades legítimas.

La sustitución de Salmerón por Castelar permitió detener la caída hacia el abismo de la república española, pero no revertirla. Hubo que asaltar numerosas capitales de provincia de Levante, Andalucía y Castilla y León, pero se perdió el control de Cartagena y de la flota allí basada. Esta situación dejó sin medios al ejército para detener los avances carlistas en el norte ni para controlar los extendidos desórdenes públicos.

Un mes decisivo

La llegada de 1874 implicó la una vertiginosa aceleración de los acontecimientos políticos. El día 2 de enero una alianza entre los federalistas radicales y los partidarios de Salmerón llevó a la retirada de la confianza al presidente Castelar, que tuvo que dimitir. Ante los riesgos que suponía la vuelta al poder de los federalistas más radicales, el día 3, el capitán general de Castilla la Nueva, Manuel Pavía procedió a ocupar el edificio de las Cortes tras dar a los diputados cinco minutos para abandonarlo. A continuación, una alianza ocasional de los partidos moderados y conservadores acordó encargar la presidencia del Gobierno al general Serrano, con poderes especiales para gobernar por decreto. En la práctica una dictadura militar.

La rápida recuperación de la autoridad pública, tanto en los gobiernos locales y provinciales, como en las fuerzas armadas, que recuperaron rápidamente disciplina y eficacia, con la sustitución de los mandos más tibios. En pocos días se apagaron los rescoldos de la rebelión cantonalista. Cartagena se rindió el 11 de enero tras un preciso bombardeo y la flota fue recuperada por mandos leales al gobierno.

El último acontecimiento importante en aquel decisivo mes fue el inicio del tercer, y último sitio de Bilbao. Sucedió el 21 de enero con la caída de Portugalete en manos de los carlistas tras un furioso bombardeo. Se trataba de un ambicioso movimiento estratégico, pues la conquista de una capital de provincia podía suponer el reconocimiento del gobierno de don Carlos VII por parte de las potencias conservadoras.

Se trató de un grave error pues el fracaso del sitio demostró que los carlistas libraban una guerra que nunca podrían ganar. El fin de los disturbios en el resto de España, harta de la anarquía republicana, permitió acumular las fuerzas y la firmeza imprescindibles para iniciar el proceso que llevaría al fin de los conflictos y al inicio de la Restauración. Enero de 1874, había resultado, al fin y al cabo, un mes decisivo.

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