María de Padilla y Blanca de Borbón
El asesinato de Blanca de Borbón: «Dime Castilla, ¿qué te he hecho yo?»
El trágico destino de la joven esposa de Pedro I el Cruel, abandonada por su marido en plena guerra civil castellana, sin que nunca se hayan sabido las causas
En el siglo XIV, se libraba en Castilla una sangrienta guerra civil entre el rey Pedro el Cruel, llamado por sus partidarios el Justiciero, y sus medio hermanos bastardos, los Trastámara, liderados por los gemelos Enrique y Fadrique. Una joven nieta del rey de Francia, Blanca de Borbón, se vería mezclada en esta contienda al ser prometida como esposa del rey, con trágicas consecuencias para ella.
Nacida en Vicennes, la joven Blanca era hija de un duque y descendía por parte de madre y de padre de la realeza de Francia. No fue la primera opción de Pedro para contraer matrimonio, ya que éste había intentado en primer lugar aliarse con Inglaterra casándose con una hija del rey Eduardo III, pero la princesa murió de peste antes de que el matrimonio se realizara. Después, pidió la mano de Blanca de Navarra, la joven viuda del rey de Francia, pero ésta rechazó la propuesta, alegando que era costumbre que las reinas viudas de Francia no se volvieran a casar. Bien fuera por este motivo o porque Blanca de Navarra estaba prevenida contra el carácter mujeriego y difícil del rey de Castilla, el caso es que Pedro debió buscar otra candidata.
Retrato de 1857 de Pedro I en el Consistorio hispalense, obra de Joaquín Domínguez Bécquer
El Papa Clemente VI, desde la sede de Aviñón, envió cartas a la madre de Pedro, la reina viuda María de Portugal, y al valido del rey, Juan Alfonso de Alburquerque, presionando para concertar una alianza entre Francia y Castilla por medio de otro matrimonio. La elegida fue Blanca de Borbón, apenas una adolescente, y el contrato matrimonial se selló con la promesa de una dote de trescientos mil florines, una auténtica fortuna. Curiosamente, la delegación castellana, al llegar a Francia, volvió a presentar la propuesta de matrimonio a la reina viuda Blanca de Navarra, que de nuevo la rechazó. Blanca de Borbón seguía siendo su opción «de repuesto».
La joven dama llegó finalmente a la Península y se desplazó a Valladolid para contraer matrimonio, sin embargo, el rey no estaba en la villa. Blanca fue recibida por la reina viuda María de Portugal, que tuvo que excusar la ausencia de su hijo. Pero, ¿dónde estaba el rey? Lo cierto es que se encontraba al sur, con su amante María de Padilla, con quien acababa de tener una hija. Para María de Portugal, la desobediencia de su hijo debió suponer un amargo trance.
Por un lado, mientras no se casara con Blanca, la alianza de Francia peligraba, mientras los Trastámara ganaban adeptos. Por otra parte, esta historia debió recordarle a su propia vida con el rey Alfonso XI, que sólo tuvo con ella un hijo, Pedro, y siempre se mantuvo al lado de su favorita, Leonor de Guzmán, quien le dio diez hijos, entre ellos, los gemelos Enrique y Fadrique. La rivalidad entre María de Portugal y Leonor de Guzmán fue tan encarnizada que, a la muerte del rey, Pedro I hizo asesinar a la amante de su padre, propiciando así la guerra civil que estaba asolando Castilla.
La reina viuda María de Portugal y el valido del rey, Juan Alfonso de Alburquerque, enviaron cartas al rey rogándole que volviera para celebrar el matrimonio y, cuatro meses después, por fin consintió en volver a Valladolid y casarse con Blanca. Sin embargo, sólo dos días después, abandonó a la joven, diciendo airadamente que no quería volver a verla nunca más. ¿Qué había ocurrido? Las especulaciones han sido muchas. Se dice que la joven podía haber tenido algún defecto físico, mantenido en secreto hasta ese momento, pero no parece probable.
Cabe también descartar que el rey la rechazara por amor a su amante, María de Padilla, pues no le fue nunca fiel, llegando a casarse con otra mujer tras la muerte de Blanca. La leyenda ha apuntado también a que Blanca, en su viaje desde Francia a Valladolid, tuvo amores con el medio hermano del rey, Fadrique de Trastámara, quizás confundiéndole con su prometido, pero esto parece más bien material para una novela y no la causa real del repudio.
Lo cierto es que, hoy en día, no se sabe el motivo. En una carta enviada al Papa, que le instaba a volver con su esposa, el rey Pedro I contestó que, por «ciertas confesiones» hechas por su esposa, se sentía engañado y no podía continuar con el matrimonio. ¿Qué fueron esas confesiones? Parece probable que no fueran un escandaloso motivo romántico, sino más bien económico: Francia no había pagado la suma prometida por los esponsales, y puede ser que Blanca, viéndose casada y segura, confesara que su familia no tenía manera, o no tenía intención, de pagar la dote.
Blanca de Borbón fue encerrada en varios castillos a lo largo del reino, cambiando de carceleros y despertando la compasión y la simpatía del pueblo. Circulaban romances sobre la pobre reina prisionera, y el bando de los Trastámara tomó por bandera la liberación de Blanca. Cansado de esta situación, Pedro I decidió mandarla asesinar. Blanca de Borbón murió a los veintidós años, y dicen que sus últimas palabras fueron: «Dime Castilla, ¿qué te he hecho yo?».