Castro Girona en la Guarnición de Melilla pasando revista a las tropas
Cómo la toma de Xauen convirtió a Castro Girona en uno de los grandes generales de España
Su gesta militar, marcada por la audacia, la inteligencia y el liderazgo indiscutible, lo llevó a escribir su nombre en la historia con letras de oro
En los albores del siglo XX, en una campaña que pondría a prueba el temple y la pericia de los más grandes militares, un nombre resurgió con fuerza entre las filas del Ejército español: Alberto Castro Girona. Su gesta militar, marcada por la audacia, la inteligencia y el liderazgo indiscutible, lo llevó a escribir su nombre en la historia con letras de oro.
El 13 de diciembre de 1924, su ascenso a general de División fue aprobado tras un juicio contradictorio que solo reafirmó su valía en el campo de batalla. La Orden General del Ejército, fechada el 26 de diciembre de ese mismo año, no escatimó en elogios a su brillante carrera y sus hazañas, destacándolo como un líder nato, capaz de transformar cada enfrentamiento en una obra maestra de estrategia y coraje.
Alberto Castro Girona con sus condecoraciones
Pero su papel en la historia militar española en el protectorado de Marruecos comenzó antes. En 1920, fue el hombre que tomó Xauen, demostrando su habilidad no solo en la táctica bélica, sino en la comprensión del territorio y sus gentes. Reputado africanista, hablaba árabe con fluidez y conocía cada rincón de Yebala, lo que le otorgaba una ventaja invaluable en el conflicto.
Su destreza se puso de manifiesto en las complejas operaciones de repliegue en la zona occidental del protectorado, una estrategia cuidadosamente diseñada por el general Miguel Primo de Rivera con el objetivo de reorganizar las posiciones españolas y consolidar el control territorial con el menor coste humano posible. En este contexto de movimientos calculados y decisiones de alto riesgo, Castro Girona demostró una maestría inigualable en la conducción de sus tropas.
Cartel turístico de Xauen de época del protectorado español de Marruecos. Autor: Mariano Bertuchi
Su capacidad táctica sobresalió en los combates de monte Cónico y Alalex, donde la rapidez, la precisión y el profundo conocimiento del terreno fueron determinantes para lograr la victoria con mínimas bajas. El 20 de septiembre, en una acción magistral que dejó atónitos a sus adversarios, llevó un convoy hasta Gorgues, liberando la posición de un asedio brutal. Aquella jornada se recordó como un acto de servicio eminente a la patria.
Días después, en el collado de Dar Raid, la resistencia feroz de los rebeldes se encontró con la tenacidad de sus tropas. El 25 de septiembre, rompiendo el cerco en Taranes, y el 26, al tomar el Zoco de Arbáa, confirmó su genio militar al utilizar maniobras impredecibles que minaron la moral enemiga.
Las siguientes campañas, desde la evacuación del sector de Draa el-Asef hasta la resistencia en el bosque Tenafet, fueron prueba de su dominio absoluto del arte de la retirada táctica. Su genialidad se manifestó en Xauen, donde organizó la retirada de sus tropas con tal sigilo y disciplina que el enemigo ni siquiera percibió el movimiento hasta que ya era demasiado tarde.
El episodio de Taranes a Kerikera fue otro hito de su genio estratégico. Consciente del peligro que representaba un enemigo bien parapetado en las alturas, ordenó evacuar sigilosamente la impedimenta y el ganado la noche anterior. Cuando las tropas se pusieron en marcha, lo hicieron con tal precisión que los rebeldes no descubrieron su ausencia hasta el amanecer, cuando la victoria de Castro Girona ya era un hecho consumado.
El destino lo llevó a liderar la columna del Zoco el Arbáa el 19 de noviembre, cuando el general Serrano cayó en combate y Berenguer fue herido. Con una fuerza formidable de veintidós batallones, nueve baterías y un contingente de tropas de élite del Tercio y Regulares, guio a sus hombres con maestría. El 5 de diciembre, al mando de dos banderas y dos batallones, recuperó el blocao de Sidi Musa, demostrando que su temple y liderazgo no se amilanaban ante la adversidad.
Sin embargo, su papel no solo se limitó a la estrategia militar, sino también a la política y la administración del protectorado. Entre el 23 y el 25 de diciembre de 1922, en sus conferencias telegráficas con el ministro Alba, defendió la implantación del protectorado civil en la zona occidental, asegurando que sería bien recibido en las cabilas si se respetaban los acuerdos previos con El Raisuni. En contraste, advertía que la situación en el sector de Melilla era crítica y que cualquier solución requería una presencia militar reforzada o un ataque directo a Alhucemas para consolidar la línea avanzada.
Castro Girona comprendía que la lucha de Abd el-Krim no cesaría fácilmente y que cualquier intento de negociación requería astucia y previsión. Aunque reconocía la importancia de un alto comisario civil para facilitar el diálogo con las cabilas, era consciente de que el problema militar seguía siendo la clave para la estabilidad de la región.
Castro Girona no solo fue un brillante estratega, sino un líder que inspiraba a sus tropas con su valentía y su compromiso inquebrantable. Conocedor del terreno, de la cultura local y de las complejidades del conflicto, supo combinar la fuerza con la astucia, la audacia con la prudencia. La historia lo reconoce como un héroe que transformó la guerra en un arte y la estrategia en una ciencia, consolidando su legado como uno de los grandes generales del Ejército español.
Su historia es la de la determinación inquebrantable, la inteligencia sin igual y la lealtad absoluta a su patria. En cada batalla, en cada retirada impecable, en cada victoria obtenida con sangre y acero, Alberto Castro Girona forjó su inmortalidad en la historia militar de España.