Fundado en 1910
Viñeta de Isaac Cruikshank que muestra al Monstruo de Londres cortando a una mujer con un cuchillo

Viñeta de Isaac Cruikshank que muestra al Monstruo de Londres cortando a una mujer con un cuchillo

Picotazos de historia

El monstruo de Londres: el primer agresor en serie que aterrorizó la ciudad antes de Jack el Destripador

Todos los ataques tenían en común el mismo patrón: un individuo joven susurraba obscenidades a su víctima y le asestaba tajos con un objeto cortante en zonas concretas de la anatomía (pechos, nalgas y muslos)

El periódico The Times, con fecha del 7 de marzo de 1788, publicó que el día anterior, en Great Trinity Lane, en medio de la City londinense, una joven fue asaltada por un hombre joven, de rasgos severos, tez cetrina y rostro delgado. El individuo vestía un abrigo azul y medias de lana. Este sujeto rasgó las enaguas de la joven, hiriéndola en los muslos, y huyó tras perpetrar su acto. Este es el primer caso registrado de un ataque del que la prensa londinense bautizaría como «el monstruo de Londres», quien aterrorizaría a esta ciudad un siglo antes que su sucesor, Jack el Destripador.

El entonces presidente de la compañía aseguradora Lloyd's, y reputado coleccionista y filántropo, John Julius Angerstein, dejó un minucioso relato de los sucesos en una breve obra que escribió sobre ellos, titulada Relato circunstancial de todas las barbaridades perpetradas por los monstruos. Fue publicada en el año 1790, y el autor apoyaba la teoría de la existencia de varios individuos. Pero volvamos al principio.

En mayo de 1788, la señora Smith paseaba por Fleet Street, famosa por ser considerada la calle donde se concentran las oficinas de prensa, cuando, mientras esperaba frente a la puerta de la casa que iba a visitar, fue asaltada por un desconocido. Este le susurró comentarios lascivos y desagradables.

En ese momento, se abrió la puerta de la casa y la señora Smith entró rápidamente. Allí, mientras la reanimaban tras la desagradable experiencia, se dieron cuenta de que había recibido dos cortes con un cuchillo o un objeto afilado. El primero, a la altura del pecho, no llegó a atravesar el corsé; el segundo le había producido una herida sangrante en el muslo izquierdo.

Lugares aproximados de los ataques del Monstruo de Londres. Algunas chinchetas representan el área general de múltiples ataques

Lugares aproximados de los ataques del Monstruo de Londres. Algunas chinchetas representan el área general de múltiples ataquesWikimedia Commons

A lo largo de ese mes se informó de al menos tres asaltos más. Todos tenían en común el mismo patrón: un individuo joven susurraba obscenidades a su víctima y le asestaba tajos con un objeto cortante en zonas concretas de la anatomía (pechos, nalgas y muslos). La mayoría de las veces se quedaba un momento para observar la reacción de la víctima. Siempre se trataba de una persona delgada, con voz ansiosa y sombrero de tres picos.

Los ataques desaparecieron durante un año, o al menos esa fue la impresión, pero reaparecieron en mayo de 1789. A lo largo de dicho año se repetirían los ataques en siete ocasiones más; todas las víctimas fueron descritas como jóvenes y bonitas. En 1790, la violencia de este orate alcanzaría un nivel que generaría pánico entre la población y, posiblemente, un efecto de emulación e histeria.

El día 18 de enero de 1790, las hermanas Ana y Sarah Porter regresaban a su casa tras asistir a un baile celebrado en el palacio de Saint James, con motivo del cumpleaños de la reina Carlota (esposa del rey Jorge III). Al ser asaltadas, una de las hermanas recibió un golpe en la cabeza y la otra, una profunda cuchillada en el trasero.

La importancia social de las víctimas hizo que los magistrados investigaran sucesos similares en busca de alguna pista, con la sospecha de estar ante un criminal en serie o un maniático. Descubrieron que la misma noche en que las hermanas Porter habían sido atacadas se produjeron cuatro asaltos muy parecidos.

Retrato de Ana Potter

Retrato de Ana Potter

Ese mes de enero se registraron nueve agresiones atribuibles al mismo individuo. Febrero solo contabilizó una, pero en marzo se detectó una variación en el patrón del agresor. Por las heridas y el modo de actuar, se dedujo que llevaba fijadas a la altura de sus rodillas cuchillas u otro objeto cortante, con los que agredía a las jóvenes.

En abril volvió a cambiar de método. Ahora se acercaba a sus víctimas con un ramo de flores y las invitaba a apreciar el delicado aroma que despedían. Dentro del ramillete había una delgada hoja, bien afilada, con la que les cortaba la cara cuando se acercaban confiadas. Ese mes se produjeron doce asaltos, y la población estaba al borde de la histeria.

Para entonces, la prensa londinense (The Times, World, Argus, Diary, etc.) se hacía eco del pánico y era muy crítica con la policía. El presidente de la empresa Lloyd's, el mencionado John Julius Angerstein, llegó a ofrecer una recompensa de 100 guineas (una guinea equivalía a una libra y un chelín) por la captura del criminal, a quien la prensa ya había bautizado como «el monstruo de Londres».

Fue durante el mes de junio, tras el quincuagésimo séptimo ataque del monstruo, cuando, paseando por el parque de Saint James, la señorita Ana Porter creyó reconocer a su agresor. En ese momento estaba acompañada por su prometido, el señor Coleman. La señorita Porter se lo contó a su prometido, quien siguió al sospechoso, lo alcanzó y lo llevó a casa de los Porter, donde las dos hermanas lo reconocieron como su agresor. El joven fue identificado como Renwick Williams, galés de origen, de veintitrés años de edad y que se ganaba la vida haciendo flores artificiales.

Viñeta satírica que muestra a Williams como el Monstruo de Londres atacando a las hermanas Porter. Sugiere que Williams debería ser ahorcado, no transportado.

Viñeta satírica que muestra a Williams como el Monstruo de Londres atacando a las hermanas Porter. Sugiere que Williams debería ser ahorcado, no transportado.

En el juicio que se celebró, siete señoras —además de las hermanas Porter— declararon reconocerle. Los jueces y fiscales se encontraron con un problema: el código existente (denominado «código sangriento» por tipificar más de trescientos motivos de condena a muerte) no contemplaba este tipo de agresiones, que eran una novedad dentro del corpus jurídico británico. Con el objetivo de que el reo recibiera una condena significativa —de lo contrario, las señoras podrían tomar venganza contra los magistrados—, buscaron un delito aplicable y lo hallaron en la acusación de «deliberada, maliciosa y felonamente, rasgar, cortar, dañar y desfigurar las prendas de ropa de las damas».

Al final, Williams fue absuelto del delito grave, aunque fue condenado a dos penas de dos y cinco años de prisión, y a una multa de 400 libras. Con todo, no terminó el asunto, ya que surgieron imitadores. Pero para entonces, los legisladores ya habían trabajado, y el código sangriento se enriqueció con un nuevo motivo para la pena de muerte.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas