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Retrato idealizado de Ricardo elaborado en el siglo XIX por el pintor francés Merry-Joseph Blondel

Retrato idealizado de Ricardo elaborado en el siglo XIX por el pintor francés Merry-Joseph Blondel

La verdadera historia de Ricardo Corazón de León, el rey que luchó más en Tierra Santa que en su reino

Su reputación fue tal que incluso sus enemigos reconocieron su valía al describirlo como un «león en la batalla»

El acero de su espada resuena en las crónicas medievales, pero su leyenda ha traspasado siglos. Su nombre es Ricardo I Plantagenet, aunque su legado ha hecho que se le conozca como Ricardo Corazón de León. Fue rey de Inglaterra, pero «pasó en Inglaterra, en total, menos de seis meses durante su reinado de diez años», escribió el prestigioso medievalista John Gillingham. También se convirtió en héroe nacional tras regresar de las Cruzadas, aunque su verdadera batalla siempre estuvo en su reino. Ahora bien, ¿quién fue en realidad Ricardo I y de dónde le viene esa fama milenaria?

Nació en el Palacio de Beaumont, en Oxford, en 1157, como el tercer hijo del matrimonio entre Enrique II de Inglaterra y Leonor de Aquitania, una de las mujeres más influyentes de su tiempo. Pasó gran parte de su juventud en Francia y heredó el trono en 1189 tras una tormentosa rebelión familiar.

Al poco tiempo de ser coronado, partió con un ejército hacia Oriente para liberar Jerusalén, que había caído en manos de Saladino en 1187. Se unió a la Tercera Cruzada junto al emperador del Sacro Imperio, Federico Barbarroja, y Felipe II de Francia. El rey de Inglaterra conquistó la ciudad de Acre, derrotó a los ejércitos sarracenos en Arsuf y se convirtió en símbolo de la cristiandad.

Batalla de Arsuf

Batalla de Arsuf

Su reputación fue tal que incluso sus enemigos reconocieron su valía al describirlo como un «león en la batalla», como dejó escrito el cronista árabe Baha al-Din Ibn Shaddad. Incluso Saladino lo respetaba, según apuntan varias crónicas árabes. A pesar de los esfuerzos de los cruzados, Jerusalén no fue tomada, aunque Ricardo estuvo a las puertas de la ciudad en dos ocasiones, porque «sería más pecado perderla tras tomarla que no intentar tomarla sin poder conservarla», según escribió el poeta normando Ambroise, que acompañó al monarca durante la cruzada.

La campaña terminó con un acuerdo entre los cruzados y Saladino, en el que se acordó, entre otros puntos, que los peregrinos cristianos podrían visitar los santos lugares sin problema, pero que la ciudad permanecería bajo control musulmán.

La traición de Juan sin Tierra

Durante su viaje de regreso a Inglaterra, en 1192, fue capturado cerca de Viena por Leopoldo V de Austria, con el que había tenido graves disputas durante el asedio de Acre. El austriaco entregó a Ricardo a su señor, Enrique VI, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. La noticia llegó a Londres, y Leonor de Aquitania intentó reunir unos 150.000 marcos de plata para pagar su rescate.

Era una cantidad imposible, que equivalía a dos o tres años de ingresos de la Corona inglesa, según recoge el historiador Jonathan Riley-Smith en su libro sobre las cruzadas. Tras dos años de cautiverio, fue liberado y Corazón de León pudo seguir su camino a Inglaterra.

Ante la larga ausencia del rey, su hermano menor, Juan, apodado como Juan sin Tierra porque no heredó grandes territorios como sus hermanos, vio la oportunidad perfecta para hacerse con el poder. En 1193, conspiró con el rey de Francia, Felipe II Augusto, para alcanzar el trono de Inglaterra. A cambio del apoyo militar y su reconocimiento, Juan cedió los territorios de Anjou y Normandía al rey francés.

Además, se proclamó protector del reino, desafiando a la autoridad que había ocupado ese papel durante los largos años de ausencia de Ricardo. A pesar de los esfuerzos, muchos nobles y el clero se mantuvieron fieles a Ricardo y consideraron a su hermano un traidor. Cuando llegó a Londres la noticia de la liberación de Ricardo, Juan huyó a Normandía temiendo represalias, pero Corazón de León perdonó a su hermano y ocupó su legítimo lugar en el trono. Tras estabilizar su reino, Ricardo abandonó la isla y se instaló en Normandía para luchar contra Felipe II de Francia durante cinco largos años.

Tumba de Ricardo junto a la de su madre Leonor de Aquitania en la Abadía de Fontevrault, Francia

Tumba de Ricardo junto a la de su madre Leonor de Aquitania en la Abadía de Fontevrault, Francia

Aunque fue un militar reconocido, fue un rey ausente que desatendió la administración, no protegió sus fronteras, dejó un país empobrecido y al borde de la crisis dinástica, según apuntan historiadores como Gillingham y Christopher Tyerman.

A pesar de todo ello, la historia lo ha recordado con bondad, como el perfecto caballero cruzado, generoso e imbatible, gracias a poetas coetáneos como Ambroise y la literatura romántica inglesa del siglo XIX, en especial Ivanhoe, de Walter Scott, donde Ricardo aparece como arquetipo de rey justo que salvó Inglaterra de su hermano traidor.

El cine hizo el resto, a través de multitud de películas en las que su imagen se convirtió en icono del nacionalismo inglés. Ricardo Corazón de León murió a manos de un ballestero anónimo durante el asedio de Châlus en 1199 y fue enterrado junto a su madre, Leonor, en Fontevraud, situada en la región de Los Países del Loira, antigua provincia de Anjou. Aunque, ironías de la historia, el corazón de Ricardo descansa en la catedral de Ruan.

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