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La gesta del Semíramis: el fin de la Batalla de los Once años en el Gulag

La gesta del Semíramis: el fin de la Batalla de los Once años en el Gulag

Grandes gestas españolas

La gesta del Semíramis: el fin de la batalla de los once años en el Gulag

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En relatos anteriores abordábamos las vivencias de los miembros de la División Azul en los gulags soviéticos. El que sería uno de los cautiverios colectivos más largos de la historia bélica contemporánea. finalizaba el 2 de abril de 1954. En esa fecha, el puerto de Barcelona asistía a uno de los hechos más intensos, inolvidables y emocionales de la España de Franco. Volvían a casa. en el barco Semíramis, los casi 300 hombres que, tras sobrevivir en el frente más letal de la Segunda Guerra Mundial, habían vivido la más amarga de las experiencias del «terror rojo».

Todavía hoy sobrecogen las imágenes las blanquinegras que recogen los gritos desaforados de los cautivos de la División Azul en la cubierta del desvencijado buque con nombre de reina babilónica. Y casi más emociona el delirio de la muchedumbre que, enfervorizada, no solo aguardaba en el muelle el retorno de los héroes, sino que trepaban para alcanzar las cubiertas y abrazarlos, llegando casi a escorar la nave.

El navío Semíramis

El navío Semíramis

No solo divisionarios

Fue impactante saber que del gélido e infernal cautiverio no volvían solos, sino que les acompañaban republicanos: 15 pilotos de aviación y 19 marineros también prisioneros por haber solicitado tanto en la URSS como en las embajadas francesa e italiana el poder volver a España. Era algo que se consideraba traición por los soviéticos. Y junto a ellos, también viajaban10 niños de la guerra procedentes de aquel contingente enviado por el Frente Popular a Rusia para apartarlos de la Guerra Civil y adoctrinarlos para ser futuros líderes comunistas y que seguían retenidos en la URSS contra su voluntad.

Los líderes divisionarios habían insistido en que fueran repatriados todos los españoles que quisieran hacerlo, sin distinción de su filiación. Es más, los capitanes Palacios y Oroquieta impusieron el silencio sobre los desertores, sobre los que habían flaqueado y no habían tenido un comportamiento ejemplar, e incluso sobre quienes habían sido sus guardianes. En un alarde de generosidad y espíritu cristiano en grado sumo daban su palabra de que no serían juzgados por responsabilidad alguna. Ambos militares, caballeros y españoles de corazón y convicción hicieron un pacto de silencio que cumplirían hasta su muerte, ejemplo de esa España de la reconciliación que afloró después de la guerra.

El gulag

El gulag

Las difíciles gestiones

La llegada de los españoles culminaba un más que arduo proceso diplomático iniciado desde que se tuvo constancia de la existencia de los primeros prisioneros. Y fue difícil por diversos y aparentemente insalvables motivos: España y Rusia no se reconocían oficialmente como países. Rusia no reconocía la existencia de estos cautivos ni había suscrito los tratados internacionales, ni firmado los derechos y salvaguarda de los prisioneros de guerra. Tampoco era baladí la inquina de Stalin a los españoles por su derrota en la guerra civil ni el uso de prisioneros como mano de obra esclava. Como ejemplo, Plufger recuerda que la primera obra pública comunista acometida había sido el Canal Blanco un canal del que se decía que no transportaba agua sino sangre, por las miles de vida que cercenó.

Pese a esta panorámica imposible, las gestiones para la repatriación se fueron sucediendo durante once años en diferentes ámbitos. Múltiples vaivenes diplomáticos en Italia, Alemania, Suecia, Finlandia, el Vaticano, Suiza, y con el Comité Internacional de la Cruz Roja. Que en 1946, se bloqueara el ingreso de España en las Naciones Unidas redujo aún más las escasas posibilidades del proceso.

Negociaciones secretas de la URSS/ España. La ambigua política de Franco

Hasta casi los años 90 ni familiares, ni historiadores supieron de la existencia de contactos secretos entre ambos países, La magna obra de Francisco Torres Cautivos en Rusia, principal fuente de estas líneas, explica que desde la URSS se ofreció un acuerdo: la compra de productos y materias primas por compañías rusas y como muestra de «buena voluntad» ofrecían la liberación de los españoles. A cambio Franco no se alinearía con el eje angloamericano. Era un doble juego: por un lado impulsaban la condena de Franco pero a la vez buscaban un acuerdo con España. Franco, con el carácter que se atribuye a los gallegos no dijo ni que sí ni que no y decidió permanecer a la expectativa. En Ginebra en el 46 se reunían diplomáticos de ambas naciones y los soviéticos indicaban que podían empezar liberando a «los mandos de la División Azul», es decir, a los oficiales.

La División Azul en el gulag

La División Azul en el gulag

Franco trató el tema con Carrero Blanco, pero fueron inflexibles: debían repatriar a todos los españoles que se encontraban en la URSS contra su voluntad. Aunque sorprenda incluso eso ya incluía a los republicanos y a los niños de la guerra. Y fueron taxativos: «el interés del Gobierno español es igual para todos los españoles y no establece diferencias entre ellos. Si tuviera que hacer una preferencia –que no debe– lo haría por los más modestos».

Una segunda ronda de conversaciones tuvo lugar en 1947, pero el futuro Pablo VI torció los acuerdos. En 1949 se intentaría de nuevo a través de Egipto y la compañía Shelton, donde se propuso la liberación de los cautivos vía Alejandría. Tampoco funcionó.

Otras vías

Por su parte, la Asociación de Familiares Prisioneros en Rusia iniciaba en 1948 contactos con la alemana Sociedad Evangélica de Ayuda a Prisioneros e Internados de Guerra. La URSS había procedido a la liberación masiva de prisioneros italianos para fortalecer al PCI por lo que buscaron la ayuda del comunista Palmiro Togliatti, también se dirigieron a Eva Perón, a Pío XII… Y pidieron que Franco aligerara su propaganda anticomunista, habitual en sus discursos, que consideraban contraproducente, pero de nada sirvió.

España seguía insistiendo ante el Vaticano, ante el nuevo y católico embajador británico en la URSS David Kelly, y ordenaba a los representantes españoles en Estocolmo y Ankara que presionasen a sus gobiernos. La respuesta fue demoledora: «la petición fue acogida con interés, pero declinamos llevarla a cabo». Con la apertura de la embajada argentina en Moscú Franco escribió a Perón, que se ofrecería a colaborar. Tampoco se llegó a nada.

La gesta del Semíramis: el fin de la Batalla de los Once años en el Gulag

En diciembre de 1950 España comenzaba su integración en los organismos internacionales de la ONU. Eran ya 434 prisioneros los ya identificados al Comité Internacional de la Cruz Roja parecía que la repatriación solo era cuestión de tiempo, pero tampoco. En 1952 los embajadores españoles en Roma, París y Londres seguían trabajando con tesón. Los familiares desesperados se dirigían a Franco, que financia en dólares un viaje a Alemania de sus representantes y del franciscano Miguel Oltra.

Pero 1953 es el año crucial, el epicentro de las negociaciones se traslada a Londres porque el embajador, Primo de Rivera, y hermano del fundador de la Falange, había iniciado exitosos contactos con el Foreign Office para la mediación británica.

Cualquier filtración podía fustrarla. Se decidió mantener el silencio tanto mediático como a los propios familiares. La impaciencia de estos iba in crescendo y llegaban las críticas al gobierno. En este ambiente fue el propio Franco quien los nombra en el discurso en la Pascua Militar con ese lenguaje grandilocuente.

«A pesar de los años y sufrimiento mantienen enhiestos el espíritu y el amor a la Patria, con un patriotismo tan ejemplar y fortaleza que causan la admiración de sus propios carceleros y de los alemanes, rusos e italianos y todos cuantos ex cautivos han podido salir del infierno soviético».

Y es que cuando alemanes e italianos fueron liberados así lo habían narrado. Suministraron información e incluso enviaron cartas a familias de los divisionarios que conocieron en el cautiverio. Que los españoles siguieran allí era especialmente sangrante.

El viaje

Con la muerte de Stalin ese mismo año desaparecerá el obstáculo más insalvable y se autoriza la liberación. La condición es que la Cruz Roja francesa actúe como intermediaria y que sea España quien la organice y corra con todos los gastos. Una Comisión Interministerial se pone rauda y veloz manos a la obra

Por las mismas fechas los divisionarios van siendo trasladados en tren desde sus campos de origen y concentrados. La emoción está a flor de piel ya que muchos camaradas llevaban años sin verse y sin saber si estaban o no vivos. A ello se une al mal agüero de los incrédulos, porque no había sido la primera vez que como tortura psicológica les anunciaban una falsa repatriación que nunca llegó. Comenzaron también presiones para disuadirles de su salida, argumentando que a su llegada a algunos los iban a procesar.

Trepando al Semíramis

Trepando al Semíramis

La repatriación

Pese a lo que se ha escrito, como recuerda Torres, máximo experto en el cautiverio, la labor de la Cruz Roja francesa fue testimonial. Desde España se asume la contratación del barco para el viaje, el envío suministros como ropa, alimentos y medicinas y hasta los mismos médicos tienen ir desde España, ya que se desconocen las condiciones físicas en las que vuelven. Según recuerda Plufgger los españoles perdieron una media de 18 kilos. El barco iba sobrecargado, viajaban más de los que se esperaba. Muchos se encontraron extraños en las camas con sábanas, la ropa limpia, la comida… Todo les parecía raro y algunos para poder tenían que tirarse al suelo.

Salen de Odessa

Al fin, el contingente español salía de Vorochilovgrado cruzaba el Dnieper y llegaba a Odessa y el 26 de marzo de 1954, embarcaban en el Semíramis y su capitán Irasimos Fokasa, partía en dirección a Estambul. Como tuvieron buen tiempo, pasaron la mayor parte de la travesía en la cubierta del barco. En España iba creciendo la expectación hora a hora, hasta el punto de que en Estambul se incorporaron periodistas y representantes del Gobierno español para informar de primera mano y acompañarlos el resto de la travesía. Y a bordo, una de las escenas más emocionales, fue cuando oyeron por primera vez en las costas italianas Radio Nacional de España; y navegando cercanos a Mallorca las voces de sus familiares tras más de una década de silencio.

Habían cruzado el mar Negro y todo el Mediterráneo, de este a oeste. Al fin, el 2 de abril Semiramis atracaba en Barcelona.

De Leningrado a Odesa

De Leningrado a Odesa

El recibimiento espectacular

Las autoridades españolas organizaron una recepción triunfal. Volvían como héroes victoriosos y la razón ideológica de la División Azul combatir al comunismo, estaba en plena consonancia con la Guerra Fría.

Se facilitó el viaje a los familiares, aún así muchos no esperaron y se desplazaron directamente a Barcelona, y algunas localidades fletaron autobuses.

El Ejército y la Falange hacían acto de presencia con el teniente general Muñoz Grandes, Ministro del Ejército, primer jefe la unidad. y por Raimundo Fernández-Cuesta, Secretario General del Movimiento. Pequeños barcos iban saliendo a su encuentro. La recepción estaba milimetrada hasta el mínimo detalle. Al muelle solo podían acceder los familiares, pero se vio arrasado de la multitud y el calor popular desbordó todo hasta provocar a un caos. Se llegó a asaltar el barco, algunos trepaban por las amarras cuando estaba atracando. Pudo desembocar en una catástrofe.

El conocido fotógrafo Pérez de Rozas murió de un infarto. Su emoción era ingente: dos de sus hijos habían sido divisionarios. El barco llegó a escorar de la gente que se subía. La emoción era incontenible, padres, madres, hijos que no habían conocido a sus padres, esposas que habían sido hasta entonces viudas de vivos.

El recibimiento fue más que multitudinario, se cerraron oficinas, comercios y todo tipo de establecimientos y las actividades programadas no se pudieron cumplir. Al hospital militar donde se había habilitado un ala para que se alojaran apenas llegaron prisioneros, tampoco al Tedeum de gracias de la iglesia de la Merced, las bolsas que les iban a entregar se quedaron abandonadas. Tal era el ímpetu de familiares, amigos y camaradas por estar con ellos y transmitirles su afecto que rápidamente se los llevaban de allí. Era lógico, después del horror, el calor y la presencia física era primordial a todo.

Comitiva por las calles

Comitiva por las calles

Se ha cuestionado el porqué no acudió Franco. Se ha barajado desde el desprecio, a que se sentía culpable por no haberlos podido traer antes, su costumbre de evitar acontecimientos que pudieran restar protagonismo a los homenajeados, o por los problemas de seguridad derivados su desplazamiento como jefe del estado en semejante aglomeración.

Sin embargo, sí recibió en privado a Álvarez Asensi, el militar de mayor graduación y sí fue a Santander a la concesión de la Laureada al capitán Palacios en acción ejemplificante por todos y cada uno los combatientes en Rusia.

Multitudes los esperaban en los trenes

Multitudes los esperaban en los trenes

Un retorno incomparable

El rutilante retorno de los divisionarios contrastó con el silencio con el que fueron recibidos los prisioneros liberados alemanes o italianos. Según el corresponsal Werner Schulz de la prensa germana.

«Poquísimos soldados han regresado a su Patria con tantos honores y tan impresionante júbilo El entusiasmo ha excedido toda ponderación. Y esta acogida no ha sido organizada, sino espontánea y sincera. En ciudades y pueblos de España su llegada revistió caracteres de verdadero acontecimiento». El Salzburger Nachrichten narraba «el recibimiento ha constituido también una manifestación anticomunista […] los gritos y exclamaciones de las muchedumbres han estado impulsadas por la alegría, el sentimentalismo, el patriotismo y, sobre todo, el espíritu religioso que les impulsó a partir a Rusia».

Llegada del barco

Llegada del barco

Incomprensiblemente en Madrid no se organizó nada oficial. ¿Se tuvo miedo de la exaltación popular? España estaba saliendo del aislamiento internacional. Estaba bien haber luchado contra los comunistas, pero tal vez no el recordar a sus compañeros de viaje.

Aún así, fueron recibidos calurosamente en las casas regionales y la Hermandad Provincial de Excombatientes se encargó de la vuelta a sus hogares. Allí la llegada volvió a ser multitudinaria y las autoridades militares, civiles y religiosas no faltaron a los actos arropados por un gentío que rompía el protocolo, y los trasladaba a hombros a las catedrales, iglesias y ermitas. Allí se postraban ante las patronas para dar las gracias por su liberación.

Divisionarios trasladados a hombros

Divisionarios trasladados a hombros

Una aclimatación difícil

Habían estado fuera del mundo real desde el invierno de 1941 y su aclimatación fue difícil. Torres recuerda que algunos habían perdido hasta la capacidad de hablar en castellano, más allá de frases cortas. Otros como uno de Ferrol se encontraron con que sus mujeres creyéndolos muertos se habían casado de nuevo. Algunos tuvieron más suerte y sus novias seguían solteras y la mayoría se casaron enseguida. Padecían estrés postraumático y fatiga de combate, ya que como comentamos el cautiverio fue una batalla de once años y las familias fueron el mejor antídoto. Aún así, con ellas poco hablaron de sus terribles experiencias. Solo lo hacían en sus reuniones periódicas en la Hermandad o en hojas de papel escribiendo las extraordinarias memorias que nos han legado.

¿Silencio sobre la llegada? Falso total

Algunos historiadores han contado que el régimen quiso silenciar su llegada. Falso total. Toda España devoró los periódicos que agotaron ediciones y contempló con fricción las fotografías de las vistosas manifestaciones de apoyo en las capitales y pueblos de los repatriados.

Dos ediciones de 'Embajador en el infierno'

Dos ediciones de 'Embajador en el infierno'

Pero es más, poco después se realizaba un sobresaliente especial de NODO con un título evocador Retorno a la Patria. Due el más visto de toda la dictadura, ya que periódicamente y pese a los años transcurridos se seguiría exhibiendo en los cines españoles. Su alto voltaje emocional hizo que haya permanecido en la memoria de todos aquellos que lo vieron entonces y animamos a los lectores a que lo contemplen hoy. Junto a ello, una gran novela Embajador en el Infierno de Luca de Tena daría lugar a una gran película de Forqué. Aunque en la cinta se atemperó el falangismo de los protagonistas abarrotó grandes salas de capitales y pequeños cines de barrio. En las proyecciones las lágrimas y los gritos de «¡Viva España!» eran continuos. Pocos héroes fueron tan reconocidos.

Cartel de 'Embajadores en el infierno'

Cartel de 'Embajadores en el infierno'

El reconocimiento al valor de una epopeya militar

Y qué mejor que terminar con la comunicación oficial del diplomático ruso Grigorij T. Wrobek: «La actitud entera y viril de los españoles nos ha inducido a facilitar las negociaciones. Su valor en los campos de batalla y su comportamiento estoico y tenaz en el cautiverio, nos han enseñado a estimar a esos hombres. Lo humano es para nosotros un valor inapreciable».

En el Semíramis

En el Semíramis

España acogió a los divisionarios como triunfadores. Como lo que eran. Habían salido victoriosos de una batalla de once años y tras el último combate habían vuelto a la Patria. En palabas de Torres, la lucha mantenida por los cautivos de la División Azul había adquirido los tintes de una extraordinaria epopeya militar.

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