Alfonso XIII en su escritorio en 1915

Alfonso XIII en su escritorio en 1915GTRES

El giro económico de Alfonso XIII que fortaleció a España tras la crisis del 98

La política económica proteccionista del último cuarto del siglo XIX definió la mentalidad de los gobernantes pues, para regenerar la nación y poder desempeñar un papel histórico importante resultaba inevitable tener un alto grado de desarrollo

Tras la crisis de 1898, el reinado de Alfonso XIII fue, en diferentes velocidades, una época de crecimiento económico indudable. A este rey se le ha calificado en un libro reciente como «rey patriota» con ironía despectiva. Pero resulta innegable que don Alfonso siempre quiso impulsar nuestros sectores económicos, para lograr una nación más fuerte, más próspera y más feliz.

Por ello, si al principio de su vida sus inversiones, mayoritariamente, estaban fuera de España, al final de su reinado la mayor parte de sus ahorros se encontraban invertidos en su país. Desde el ruinoso Matadero de Mérida hasta el Metro de Madrid, invirtió en sectores que podían redundar en un impulso económico nacional. De ahí también que apoyara la política nacionalista de protección a la industria española.

Precisamente, durante su visita a una exposición de ganadería y maquinaria, el rey se paró en la sección de máquinas de fabricación española. Entonces los señores Sempere y Garrido –dirigentes del Sindicato Nacional de este sector– denunciaron en ese momento a don Alfonso que no se cumplía la ley proteccionista. El monarca, muy extrañado, pidió explicaciones al ministro de Fomento, Rafael Gasset, que le acompañaba.

Señalaron que el Ministerio había comprado un tren británico, sistema Guyot, para la localidad manchega de Valdepeñas. Gasset se excusó ante el monarca argumentando que lo había comprado su antecesor en el cargo. Pero Garrido dijo al rey que el actual ministro había adquirido un tren de trilla extranjero para Ciudad Real que era –casualmente– el distrito electoral de donde provenía el político.

Apurado por la presencia de Alfonso XIII, el ministro terminó por invitar a los dos representantes a su despacho, mientras el rey, aparte, les decía: «Cuando necesiten algo, búsquenme».

Alfonso XIII inaugura el metro de Madrid

Alfonso XIII inaugura el metro de Madrid

En la inauguración del edificio de la Asociación General de Empleados y Obreros de los Ferrocarriles de España, en la madrileña calle de Atocha, el 9 de mayo de 1916, don Alfonso pronunció las siguientes palabras, ejemplo de su apoyo al nacionalismo económico: «Proseguid esta labor, pues ella facilitará para su día la aspiración de nacionalizar por entero esta gran riqueza circulatoria, incorporándola al Estado. De entre vosotros, cuando no de entre vuestros hijos, habrá de surgir el plantel de funcionarios que realicen tan magna empresa».

De Marruecos a Hispanoamérica

Además, como señaló el economista Juan Velarde, el rey siempre mostró una clara preocupación por la inserción de la economía española en otras cercanas geográficamente a la Península Ibérica. La primera de ellas fue la marroquí, lo cual le conectó con el pensamiento de Joaquín Costa.

El 5 de abril de 1913, con motivo de la clausura de la asamblea de las Cámaras de Comercio en Madrid –bajo la presidencia de Carlos Prats– Alfonso XIII señaló inequívocamente esta proyección hacia el vecino Imperio alauita. Era un campo en el que, sin embargo, chocó con los intereses económicos de Francia que siempre quiso ser la potencia europea hegemónica y monopolizadora de las inversiones en el Magreb.

La segunda área fue la economía portuguesa, donde las inversiones españoles podían haber llegado a ser importantes, aunque, en esta caso, también chocaron con las británicas, pues Londres siempre consideró ese área exclusivamente suya. Además, como todo nacionalismo necesita un enemigo, el portugués consideró a España en esa categoría. Todo ello unido al recelo de muchos empresarios de invertir en un país pobre no facilitó el impulso empresarial español en Portugal.

La tercera área fue Hispanoamérica, donde se encontraban numerosas colonias de emigrantes españoles. El rey consideraba que era un campo muy amplio para aumentar la presencia económica nacional, como declaró en 1931, en una entrevista que le hizo el gran duque Alejandro de Rusia.

Declaró que, cuando se hallaba en el trono, siempre había enviado instrucciones a sus embajadores recomendándoles que se apartaran de las luchas políticas locales, mostrando una neutralidad clara en el trato con los jefes de los diversos partidos, mientras ayudaban lo más posible a los comerciantes para fomentar los intercambios con España.

Culminó su entrevista con una declaración proamericana. «Cuando todos los gobiernos de Europa sentíanse irritados por la competencia de las Américas –durante los dos años del pánicos que siguieron a la Primera Guerra Mundial– y tramaban una absurda maniobra comercial antiamericana, fui yo el único representante responsable de un régimen europeo que dijo a los pueblos transatlánticos: ¡Sed más fuertes! Estoy dispuesto a colaborar con vosotros. Por consiguiente, prestémonos mutua ayuda».

Y así lo intentó, pues Alfonso XIII comprendió que –tras la Gran Guerra– era preferible cooperar con Estados Unidos y las repúblicas iberoamericanas a perder tiempo y energías en lamentar las glorias pasadas de una Europea que se había intentado suicidar. Como señaló el rey, «siempre me ha gustado vivir en el futuro».

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