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María Antonieta en 1788 de Vigée-Lebrun

María Antonieta en 1788 de Vigée-Lebrun

Cómo un collar de diamantes hundió la imagen de la reina María Antonieta

Desmontaron el collar para vender los diamantes por separado en Londres. Mientras, la reina María Antonieta, presunta autora de la compra, permanecía ajena a todo este entramado

Detrás de los grandes acontecimientos existen acciones fortuitas, detonantes escondidos que se convierten en hitos cruciales que configuran la Historia. En este caso, una estafa en torno a un lujoso collar de diamantes repercutió de forma negativa en uno de los personajes más influyentes de la Francia de finales del siglo XVIII. Toda la trama de engaños apuntaba a un solo nombre: la reina María Antonieta, situada en el centro de la crítica de la época.

Para explicar el fraude, se debe conocer a los involucrados. La protagonista fue Jeanne de la Motte, una mujer que decía ser descendiente de la Casa Real de los Valois. Tras la muerte de su padre, un noble empobrecido, se vio obligada a ejercer la mendicidad. Apiadada de su situación, la marquesa de Boulainvilliers se encargó de su educación, con vistas a que ingresara en un convento.

Retrato de Jeanne de Valois-Saint-Rémy

Retrato de Jeanne de Valois-Saint-Rémy

La Motte consiguió escapar y contrajo matrimonio con un oficial. Sedienta de riqueza, pululaba por los círculos íntimos de la reina para conseguir un hueco en la sociedad. Sus actos obedecían a un solo objetivo: ascender en la escala social.

Por otra parte, el papel de tonto útil le correspondía al cardenal Rohan, un adinerado miembro del clero francés. Unos desafortunados comentarios le hicieron perder los favores de la reina, lo que provocó que sus aspiraciones políticas se vieran bloqueadas. Su obsesión por la reconciliación con la monarca permitió a La Motte aprovecharse de él como un títere para lucrarse económicamente.

Un valioso collar de diamantes, fabricado por Boehmer y Bassenge y valorado en 2.800 quilates, fue el centro de la compleja estafa. La Motte convenció al cardenal Rohan de que actuaba en nombre de María Antonieta para hacerse con dicha pieza. En un principio, por muchas riquezas que codiciara el cardenal, el alto precio de la joya hacía dudar al engañado Rohan. No obstante, guiado por su necesidad de aprobación de la reina, aceptó el acuerdo: compraría el collar para entregárselo a Versalles.

Retrato del cardenal de Rohan

Retrato del cardenal de Rohan

Para afianzar la estafa, La Motte falsificó cartas en nombre de la reina e, incluso, organizó un encuentro secreto con Nicole d’Oliva, una prostituta disfrazada de soberana, que guardaba cierto parecido con María Antonieta. Esto confirmó al cardenal la supuesta veracidad del encargo y facilitó el comienzo de la trama.

Una vez cerrado el acuerdo, un convencido Rohan entregó el collar a los cómplices de La Motte. Fueron estos quienes desmontaron el collar para vender los diamantes por separado en Londres. Mientras, la reina María Antonieta, presunta autora de la compra, permanecía ajena a todo este entramado.

El engaño comenzó a desmoronarse en el momento de efectuar los pagos acordados con los joyeros. Al no poder pagarlos, La Motte se vio obligada a destapar el complot: confesó que las cartas enviadas llevaban la firma falsa de María Antonieta. No obstante, el pacto se cumpliría: el cardenal pagaría los diamantes.

Impacientes, los joyeros rehusaban esperar más tiempo y recurrieron a María Antonieta, que, con sorpresa, negó haber comprado el collar o tener relación alguna con la operación. Esta noticia revolucionó la corte. La reina consorte de Francia y Navarra se convirtió en la protagonista de un escándalo que perjudicó su imagen pública.

Recreación del collar de diamantes que fue el centro del escándalo del collar de diamantes (1784-1786). Castillo de Breteuil, Francia

Recreación del collar de diamantes que fue el centro del escándalo del collar de diamantes (1784-1786). Castillo de Breteuil, Francia

«La Austriaca», encolerizada, ordenó a Luis XVI la detención inmediata del cardenal Rohan. El 15 de agosto de 1785, en plena preparación de la fiesta de la Asunción, se procedió al arresto del cardenal frente a toda la corte. La confusión de Rohan acabó en el momento en el que notificó haber sido víctima de una compleja estafa. Tras su confesión, La Motte, condesa de Valois, clara implicada, fue detenida, así como sus cómplices.

A pesar de no estar implicada, María Antonieta se puso en contra a gran parte de la nobleza por el arresto del cardenal, ya que consideraban que este había sido tratado como un vulgar ladrón. En cuanto a la sentencia, el Parlamento de París, elegido como tribunal, debía elegir entre una absolución con amonestación por haber empleado el nombre de la reina sin consentimiento o una absolución total, lo que dejaría en mala postura a la consorte.

Tras una deliberación reñida, los partidarios de la exculpación completa obtuvieron la victoria. El cardenal y los cómplices fueron perdonados, aunque la condesa y su marido no se libraron de la pena. La Motte fue condenada a prisión perpetua.

El asunto del collar, por muy superfluo que parezca, alimentó los rumores y críticas que se articulaban en torno a la Corona francesa. En medio de un clima en el que se fraguaba la insurrección, este caso perjudicó de forma considerable a una monarquía débil, desconectada de los problemas del pueblo. Tras estallar la Revolución, la imagen de María Antonieta continuaba asociada a este caso que, pese a su inocencia, ayudó al desprestigio de una Corona situada al borde de la guillotina.

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