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Batalla de Algeciras (1801). Obra de Augusto Ferrer-Dalmau

Batalla de Algeciras (1801). Obra de Augusto Ferrer-Dalmau

La pólvora: China la descubrió por accidente, pero Europa la usó con precisión en sus batallas

Inventada por alquimistas chinos en busca de la inmortalidad, la pólvora tardó siglos en encontrar su lugar en el campo de batalla… y fue Europa quien la convirtió en una herramienta decisiva en la guerra naval

A lo largo de los siglos, en el mundo de la Historia Militar se han dado notables innovaciones que cambiaron el desarrollo de las operaciones militares en el campo de batalla. Sin embargo, en pocos casos nos encontramos con un ejemplo como el de la pólvora.

Cuando la madera y la vela dieron paso al acero y la máquina de vapor, en la esfera de la construcción e ingeniería naval, los marinos se encontraron con unos buques que les abrían un nuevo abanico de opciones tácticas. Ya que dejaron de depender del viento para poder ejecutar sus movimientos.

Lo habitual es que, cuando una innovación demostraba su utilidad y valía, fuera rápidamente adoptada por otros actores. El caso de la pólvora es notable ya que, en China, la civilización que la inventó no tuvo el desarrollo que cabría esperar de un elemento revolucionario.

Primera fórmula escrita conocida para la pólvora, del Wujing Zongyao de 1044 d.C.

Primera fórmula escrita conocida para la pólvora, del Wujing Zongyao de 1044 d.C.

Siguiendo a la Real Academia Española, la pólvora es una mezcla explosiva de salitre, azufre y carbón que, al inflamarse, libera una gran cantidad de energía. La pólvora es un propelente, es decir, un compuesto químico cuya energía puede ser usada para lanzar un elemento a distancia. Ha sido muy aprovechada en el mundo militar y el civil, puesto que se usa para disparar proyectiles a objetivos variados, por tierra, mar y aire, al tiempo que forma parte inseparable de los fuegos artificiales en celebraciones populares.

Hecha esta digresión científica, regresemos a la historia de nuestra invención. Cuentan los cronistas, que la pólvora fue encontrada por error –como muchos avances científicos– cuando unos alquimistas chinos buscaban la fórmula de la inmortalidad. Entre los siglos VIII y XI los «ingenieros» orientales ya habían sido capaces de manufacturar las primeras piezas de artillería, tanto de uso naval, como terrestre.

La escuadra de guerra china fue la primera fuerza naval que se podría beneficiar de la innovación, pero con el paso de las décadas no fue cuajando en el modo que sus revolucionarias propiedades podrían hacer pensar. Los marinos chinos la usaron en muchas ocasiones en su eterno conflicto naval contra los piratas nipones. Estos enfrentamientos eran muy habituales en la China medieval y sin duda alguna, este avance podría haber aportado una ventaja notable, pero los estrategas asiáticos no lo tenían tan claro.

La pregunta sería el por qué se dio esta situación de falta de confianza. El prestigioso historiador Geoffrey Parker considera que la razón radicaba en la falta de precisión de las primeras piezas de artillería embarcadas. Al tiempo que Tonio Andrade, sinólogo estadounidense, esgrime que las fuerzas chinas no tenían con quién utilizarlas y eso ralentizaba el desarrollo de la pólvora y sus aplicaciones navales.

Por lo que respecta, a la tesis de la falta de precisión, cabe mencionar, que, si los artilleros no eran capaces de conseguir una ventaja táctica palpable, en la que la precisión era un ingrediente clave, esto podía generar una pérdida de confianza en la pólvora. Sin embargo, si bien los piratas nipones no eran la fuerza naval más poderosa de su tiempo, todo parece indicar que si fueron una preocupación notable.

Con el paso del tiempo la pólvora llegó a Europa, dónde se convertiría en un elemento clave para las fuerzas navales del viejo continente. Esto no fue por otro motivo que por el desarrollo de la artillería embarcada. En este aspecto, también hay debate sobre cuando se produjo su primer uso. Para algunos fue en la Batalla de Arnemuiden (1338), luchada entre ingleses y franceses en el marco de la Guerra de los Cien Años, al tiempo que en el ámbito hispano se suele citar el caso de la Batalla de la Rochella (1372).

Primera representación de un cañón europeo: "De Nobilitatibus Sapientii Et Prudentiis Regum", Walter de Milemete, 1326.

Primera representación de un cañón europeo: «De Nobilitatibus Sapientii Et Prudentiis Regum», Walter de Milemete, 1326.

Esta batalla se luchó igualmente en la contienda de los Cien Años, con la salvedad de que los castellanos se enfrentaron a los ingleses, en apoyo del aliado francés. La escuadra hispana estuvo mandada por el hábil comandante Gil de Bocanegra, que habría sido capaz de usar la pólvora para ganar la batalla.

La pólvora se convirtió en una innovación que revolucionó el campo de la guerra naval y terrestre, al dotar a los marinos y militares de poderosas armas de fuego, capaces de cambiar el cómo se había hecho la guerra hasta el momento. Con el paso del tiempo la pólvora ha ido cambiando su formulación, consiguiendo mejores propelentes, pero que no olvidan su origen en la China Medieval.

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