Skyline de Boston
Picotazos de historia
Cocoanut Grove: una tragedia que hizo olvidar la guerra mundial
La historia del incendio del Cocoanut Grove Club de Boston
El Cocoanut Grove Club fue un conocido local nocturno de la ciudad de Boston. Abrió sus puertas hace casi cien años, en 1927 mientras estaba en vigor la Ley Seca de Estados Unidos.
En 1931 fue adquirido por el mafioso Charles King Salomon, que acabaría siendo acribillado a balazos en el urinario del legendario Cotton Club, de esa ciudad, en el año 1933. Después pasó a ser propiedad de un individuo poco escrupuloso llamado Barnet Welansky, que era representante legal de individuos más dudosos todavía.
El club era un complejo conjunto de garajes, almacenes, salones, cocinas, etc., entre las calles Broadway y Piedmont. En su interior, los salones estaba decorado con motivos tropicales.
En la planta sótano, aparte de almacenes, cocinas y calderas, se había habilitado un nuevo salón denominado Melody. A esta planta sólo se accedía por medio de una escalera que partía del salón, siendo esta el único medio de entrada y salida de la planta.
El local se había convertido en uno de los lugares imprescindibles de la ciudad y de visita obligada para pasar un buen rato. Así, ese fatídico 28 de noviembre de 1942 se dieron una serie de circunstancias con consecuencias tan trágicas que la Segunda Guerra Mundial pasó a segundo plano.
Como les mencioné el propietario del local –Barnet Welansky– era un ser de pocos escrúpulos. Había estado recortando gastos para maximizar los beneficios. No sólo ahorraba dinero contratando adolescentes como ayudantes de camarero –no teniendo que pagarles lo que cobraría un camarero–, también hizo recortes en la calidad de los revestimientos y con los materiales, tanto de construcción como de decoración. Estos últimos sólo habían sido sometidos a pruebas ordinarias de ignición.
En teoría las telas que colgaban y cubrían los techos y paredes habían sido tratadas con sulfato de amonio, un retardante, pero no se había mantenido el tratamiento, por lo que este había perdido efectividad. El aire acondicionado dejó de ser alimentado con freón (estable y no inflamable) para serlo con clorometano, mucho más barato y fácil de conseguir pero muy inflamable.
Los informes posteriores establecieron que el fuego se inició a las 22:15h en una de las esquinas del salón Melody de la planta sótano. Un ayudante de camarero, de 16 años, recibió orden de enroscar bien las bombillas de ese salón, ya que algunos clientes las desenroscaban para disfrutar de algo más de intimidad.
El joven estaba en estos menesteres. Como no veía bien, debido a la oscuridad, se ayudó encendiendo un fósforo con la mala suerte que la llama de este prendió la decoración de la lámpara. El fuego subió hasta el techo y con una enorme velocidad prendió la telas y las palmeras de decoración, atravesando el salón, de 10 x 16 metros, en pocos minutos y alcanzando la escalera.
Las dimensiones del salón eran reducidas, carecía de suficiente oxigeno para una combustión completa y de medios para disipar el calor. Como resultado de ello se proyectó, a través de la escalera, hacia la planta de arriba una gran cantidad de gases sofocantes, extremadamente calientes e inflamables.
A la 22:20 el fuego había atravesado toda la planta baja, de punta a punta, hasta alcanzar la entrada de la calle Broadway, que estaba a 70 metros de la entrada que daba a la calle Piedmont y que era la que se encontraba más cerca de la escalera que conducía a la planta sótano. El fuego avanzó más rápido que las personas que estaban en el interior.
Aquí es donde se alcanzó la tragedia. La entrada principal –y la principal salida– se atravesaba por medio de una puerta giratoria que quedó colapsada por la enloquecida multitud. En este punto se encontraron unos doscientos cadáveres bloqueándola.
La planta baja tenía varias salidas de emergencia, pero se descubrió que: a) se habían modificado para abrirse hacia dentro, lo que las hacía inútiles frente a una multitud asustada, y b) habían sido cerradas con pestillos. Se había hecho por orden del propietario para evitar que la gente se fuera sin pagar.
La gente, desde el interior, trató de huir aprovechando cualquier agujero existente, lo que dio lugar a terribles escenas que pudieron ser contempladas por una impotente y horrorizadas multitud que asistía a la tragedia. Como dato irónico, el Cocoanut Grove Club lindaba con el edificio que era la sede de la Asociación Nacional para la Prevención de los Incendios.
Tras la tragedia del Cocoanut Grove Club se prohibieron por ley las puertas giratorias en las entradas. Después se modificó esta normativa, exigiendo que hubiera salidas de emergencia a ambos lados de la puerta giratoria.
Los aspersores de agua en los techos pasaron a ser una obligación y no una extravagante originalidad, así como las puertas de emergencia con salida hacia el exterior y apertura de barra horizontal.
Se redefinió «lugar de reunión pública» para incluir en el concepto a los locales nocturnos (increíblemente, estaban fuera de la definición municipal y, por lo tanto, ajenos a ciertas normativas de seguridad).
El incendio de Cocoanut Grove Club se cobró un total de 492 víctimas mortales, se hospitalizaron a 192 heridos graves y hubo centenares de heridos leves y afectados por el humo. El Departamento de Urgencia del Boston City Hospital batió un récord al registra 300 ingresos en menos de una hora.
Posteriores investigaciones demostraron que el club duplicaba su capacidad, calculada en mil personas. Su propietario fue condenado a 19 penas por homicidio involuntario con un condena total entre 12 y 15 años sin remisión. Cuatro años después se le indultaría por motivos humanitarios: murió pocos semanas después de cáncer.
Hoy, en el estado norteamericano de Massachusetts, está prohibido poner a una sala de fiestas, discoteca, bar de copas, etc., el nombre de Cocoanut Grove.