Fundado en 1910
Pintura de Lenin frente al Instituto Smolny por Isaak Brodsky

Pintura de Lenin frente al Instituto Smolny por Isaak Brodsky

Dinastías y poder

Cómo un colegio de señoritas se transformó en nido de la Revolución Bolchevique

Fue un centro de referencia por el que pasaron herederas y nobles rusas de alto rango como Catalina Dolgorukóv, futura amante de Alejandro II

Durante más de un siglo, el Instituto Smolny fue la residencia en la que se formaron las jóvenes más distinguidas de la aristocracia rusa. Por él pasaron princesas y futuras reinas. Pero con el inicio de la revolución y la toma del poder por los bolcheviques en 1917, aquel delicado lugar se transformó en el espacio desde el que funcionaban todas las dependencias del nuevo Gobierno popular. Hasta ahí se desplazó la corresponsal gallega Sofía Casanova para entrevistar a Trotsky, comisario de negocios extranjeros, que ocupaba uno de los despachos del edificio.

Desde la reina de Italia, Elena de Montenegro a Sofia Troubetzkoy, duquesa de Sesto. El Instituto Smolny se creó en San Petersburgo a finales del siglo XVIII por la Sociedad para la Educación de Nobles Doncellas, en la idea de acoger la formación de señoritas de familias de abolengo y ofrecer la preparación necesaria para su vida en artes, ciencias, idiomas y buenas maneras. Fue un centro de referencia por el que pasaron herederas y nobles rusas de alto rango como Catalina Dolgorukóv, futura amante de Alejandro II.

El instituto en la época de la revolución

El instituto en la época de la revolución

Estaba situado cerca del antiguo monasterio, al este del centro de San Petersburgo, en un edificio de estilo clásico que aún se conserva y en el que Putin llegó a trabajar en los años noventa, cuando era sede del gobierno local. Las grandes duquesas de la familia Romanov, no solían estudiar allí, ya que recibían educación privada en palacio.

Con el estallido de los sucesos revolucionarios de 1917, aquello se transformó. Tras la toma del poder por Lenin y el asalto al Palacio de Invierno, comenzaba uno de los cambios más dramáticos de la sociedad y la política conocidos hasta la fecha. Las instituciones que habían albergado órganos de poder afectos a la administración autocrática anterior, fueron incautados por elementos afectos a los comunistas.

También las grandes residencias a las orillas del Neva, que como la de la gran duquesa Maria Paulovna, esposa del gran duque Vladivir, habían sido el centro de la sociedad durante los reinados de Alejandro III o Nicolás II. Entre estos símbolos de una época que tocaba fin, estaba el Instituto Smolny.

Con el triunfo de la Revolución, el edificio se convirtió en Sede del Comité Central de los Bolcheviques. Desde él, Trotsky organizó el Ejército Rojo y negoció la salida de Rusia de la Primera Guerra Mundial a través de un acuerdo con el Imperio Alemán que se rubricaría en Brest-Litovsk.

Sofía Casanova era una escritora gallega que colaboraba con el ABC desde el comienzo de la guerra. Había abandonado su hacienda de Drozdowo, a escasa distancia de Varsovia, donde vivía a raíz de su matrimonio con un intelectual nacionalista polaco, debido al avance de los alemanes. Fue uno de tantos refugiados que se vieron forzados a huir a través de los inmensos territorios rusos.

Durante ese tiempo siguió escribiendo unas crónicas que destilan el dolor humano de un conflicto de aquellas magnitudes y que se publicaron en El Ideal Gallego bajo el título de En los caminos del fuego y la nieve (1919).

En octubre de 1916, Sofía Casanova llegó a San Petersburgo. Lo que se estaba gestando allí hizo que se convirtiese en testigo directo del proceso revolucionario que terminó con el imperio de los zares y consagró el modelo político comunista. Sus crónicas son una fuente de interés para conocer de primera mano, las experiencias de aquel caos político que arrastró al pueblo ruso a la tragedia. En sus textos, publicados entre noviembre de 1916 y enero de 1917, Sofía Casanova comentó las tempestades políticas y la desesperación de una población agotada. Hasta narró la muerte de Rasputín.

Movida por la curiosidad personal, Sofía Casanova quiso mantener una reunión en el Instituto Smolny con el entonces ministro de Negocios Extranjeros, el todopoderoso Leon Trotsky. Sofía Casanova no lo dudó: quería saber más de aquel siniestro personaje que cada día tomaba mayor peso en la nueva Rusia. Tras solicitar los permisos necesarios, se presentó en la sede del antiguo Instituto Smolny.

Era el mes de diciembre de 1917 y una «nevada densa y callada caía sobre la ciudad». A su llegada a ese «foco de anarquía» y de la «ignorancia y el odio de los antiguos esclavos a todas las clases sociales» la escoltaron unos guardias rojos. Tras un pasillo, sentado en «un gabinete chico», Trotsky se dirigió a ella en francés.

Casanova describe como «pinceladas mefistofélicas», las cejas negras que cubren el «rostro cetrino de tipo israelita» del líder revolucionario con una «espesa melena revolucionaria que enmarca con negrura su rostro regular y agudo». Podría pasar por un artista decadente, escribe, «pero yo creo que tiene un valor irremplazable en la Rusia actual».

La crónica se publicó en el diario ABC en marzo de 1918 con el acertado título de En el antro de las fieras. Toda una muestra de la transformación que había sufrido una institución nacida para formar a jóvenes de las dinastías más distinguidas, hasta convertirse en el centro del demoledor poder bolchevique.

Muchas crónicas de Sofía Casanova fueron la base para publicaciones de libros como De la Revolución Rusa en 1917, En la corte de los zares, La Revolución Bolchevista: diario de un testigo y el simpático, Viajes y aventuras de una muñeca española.

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