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Unas monjas son 'paseadas' durante la Guerra Civil

Unas monjas son 'paseadas' durante la Guerra Civil

Una cruzada por la Fe: cómo contó la Guerra Civil una joven corresponsal católica estadounidense

La historia de la corresponsal católica estadounidense Aileen O'Brien durante la Guerra Civil en España

El oficio de corresponsal de guerra ha estado siempre lleno de dificultades y peligros, pero ello no desalentó a muchas mujeres que se atrevieron a desarrollar su trabajo en un mundo abrumadoramente masculino. Así lo demuestra el libro Mujeres corresponsales en conflictos bélicos, que publica la editorial Síntesis y que recoge los testimonios de muchas de estas periodistas pioneras.

Uno de los casos más interesantes es el de la estadounidense Aileen O’Brien, que cubrió nuestra guerra civil. Este conflicto atrajo una enorme atención mediática y fueron muchas las corresponsales extranjeras que lo narraron. La mayoría de ellas simpatizaban con la República, pero Aileen O’Brien fue una notable excepción. Joven, carismática y profundamente católica, esta estadounidense de raíces irlandesas se convirtió en una de las propagandistas más influyentes del bando franquista durante la Guerra Civil española.

Nacida en San Francisco en 1913, O’Brien creció entre Sudamérica y Europa, lo que le dio una educación privilegiada y un dominio perfecto del español. Su familia la mandó a estudiar a la prestigiosa Universidad de Friburgo, donde entró en contacto con círculos intelectuales católicos y se volcó de forma entusiasta en el activismo anticomunista. En la convulsa Europa de entreguerras, Aileen veía con preocupación la deriva atea de las sociedades, de la que el comunismo era una consecuencia.

Cuando estalló la Guerra Civil en España en 1936, Aileen se había mudado con su familia a Irlanda. Aunque solo tenía 23 años, era ya una personalidad bien conocida en el país por su incansable activismo católico. Por ello, fue nombrada secretaria del Irish Christian Front (ICF), una organización liderada por el político conservador Patrick Belton que recaudaba fondos para apoyar al bando nacional. En pocos países la opinión pública se mostró tan favorable hacia la sublevación de Franco como en la muy católica Irlanda. En apenas unos meses, el ICF pudo reunir a decenas de miles de manifestantes y recaudar más de 30.000 libras.

Aileen fue encargada de viajar a España para ponerse en contacto con las autoridades franquistas y gestionar la entrega de los fondos. La misión no era fácil, pues tenía que internarse en un país en guerra que no conocía, pero pese a su juventud, su arrojo y su dominio del español la hacían la candidata perfecta.

Llegó a España en septiembre de 1936 y durante los siguientes siete meses recorrió toda la España nacional. Ante la falta de cobertura por parte de los medios conservadores, Aileen aprovechó esta estancia para escribir varias crónicas que fueron publicadas en periódicos católicos de Irlanda y Estados Unidos. Para poder dar una visión más directa de la guerra, viajó a los frentes de batalla, colaboró como enfermera y hasta fue herida en un combate, lo que le valió el título honorario de capitana de las Brigadas Navarras. En sus palabras: «No fue el valor por mi parte lo que me impulsó, simplemente el hecho de que mi innato escepticismo solo me permitiría creer aquello que hubiese visto con mis propios ojos».

Para O’Brien, la guerra no era política, sino espiritual. Al igual que sus contrapartidas republicanas, como Gerda Taro o Martha Gellhorn, entendían la contienda como una lucha para detener al fascismo, ella la concebía como una cruzada por salvar la fe del ateísmo militante. Compartió con todas las otras corresponsales que narraron la guerra esta cobertura subjetiva y muy personal, que no aspiraba a ser imparcial sino a defender un ideal.

Las crónicas de Aileen describen escenas trágicas y heroicas cargadas de dramatismo. La fe y la presencia de Dios en medio del desastre permean todos sus artículos, en los que también narra episodios de combates, entrevistas con personajes públicos como el cardenal Gomá y hondas reflexiones sobre el carácter español y la idea de Hispanidad. Estos artículos fueron un éxito y, a su vuelta de España, Aileen realizó una gira de conferencias por Estados Unidos que atrajo a miles de personas y consolidó el apoyo católico a Franco en el país.

Aileen O’Brien fue mucho más que una corresponsal: fue activista, propagandista, oradora y, en ocasiones, espía. Pero, sobre todo, fue una mujer profundamente católica que ofreció un testimonio directo de la Guerra Civil desde una perspectiva propia.

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