Eduardo Torres Cuevas
Muere el destacado historiador cubano Eduardo Torres Cuevas
Su deceso deja un vacío considerable en el estudio y la difusión del pensamiento histórico cubano, disciplina a la que dedicó toda su vida con entrega ejemplar
El historiador cubano Eduardo Torres Cuevas, una de las figuras más influyentes en el ámbito de las ciencias sociales y humanísticas de la isla, falleció este domingo en La Habana a los 81 años de edad. Su deceso deja un vacío considerable en el estudio y la difusión del pensamiento histórico cubano, disciplina a la que dedicó toda su vida con entrega ejemplar.
Diversos medios oficiales han elogiado su trayectoria, poniendo énfasis en la amplitud de su legado académico y su firme compromiso con la investigación, la enseñanza y la defensa del pensamiento nacional. Según se destaca en estas publicaciones, su vida estuvo marcada por una constante labor intelectual en favor de la preservación de la identidad cultural cubana.
A lo largo de su fecunda carrera, Torres Cuevas ocupó relevantes cargos dentro del ámbito académico e institucional. Presidió la Academia de la Historia de Cuba y estuvo al frente de varios centros dedicados a las ciencias sociales y humanidades, como el Centro Interdisciplinario para el Desarrollo de las Ciencias Sociales y la Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz, ambos adscritos a la Universidad de La Habana. Asimismo, fue responsable de la Cátedra Voltaire, un espacio de intercambio académico entre dicha universidad y la embajada de Francia en la isla.
El diario Juventud Rebelde lo describió como una figura imprescindible del pensamiento nacional: «Cuando se escriba el listado de los hombres y mujeres que marcaron el pensamiento cubano en, al menos, los últimos 50 años, de seguro que en un lugar muy visible, con letras doradas y brillo sereno, ahí estará el nombre de Eduardo Torres Cuevas».
Por su parte, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, expresó sus condolencias a través de un mensaje en el que calificó la jornada como un «triste día para Cuba», al señalar que el país ha perdido a un «infatigable y riguroso historiador, patriota de cultura vasta y brillante oratoria», a quien se deben «obras fundamentales para el conocimiento del ser nacional».
Licenciado en Historia y Filosofía por la Universidad de La Habana, Torres Cuevas ejerció como profesor e investigador titular tanto en esta institución como en otras universidades cubanas y extranjeras. Su labor como docente fue paralela a una constante producción intelectual que abarcó múltiples áreas del saber histórico.
Entre sus múltiples responsabilidades se incluye su papel como director de la Biblioteca Nacional de Cuba, función que desempeñó durante más de una década. Asimismo, integró la Academia Cubana de la Lengua y la Academia de Ciencias de Nueva York, reflejo de su prestigio internacional.
Su vocación por la historia también se manifestó a través de la presidencia de la sociedad cultural José Martí y de la coordinación de la Cátedra Interdisciplinaria de Estudios Históricos de la Masonería Cubana Vicente Antonio de Castro.
A lo largo de su carrera, participó en la autoría, coordinación o coautoría de más de 60 libros y numerosas publicaciones científicas. Su obra recibió el reconocimiento tanto dentro como fuera de Cuba, siendo galardonado con distinciones como los Premios Nacionales de Ciencias Sociales e Historia y la prestigiosa Legión de Honor de la República Francesa.
En el plano político y académico, también tuvo una destacada participación: fue diputado del Parlamento cubano, miembro del Consejo de Estado y formó parte de instancias clave como la Comisión Nacional de Grados Científicos, el Consejo Científico del Instituto de Historia de Cuba y la Comisión Nacional de la carrera de Historia.
Eduardo Torres Cuevas deja tras de sí un legado imponente, no solo por la cantidad de obras y cargos desempeñados, sino por el impacto profundo que su pensamiento ha dejado en la historiografía cubana contemporánea. Su fallecimiento representa la pérdida de una de las voces más autorizadas en la interpretación del devenir histórico de la nación.