El Ministro de Relaciones Exteriores Mamoru Shigemitsu firma el Acta de Rendición en nombre del Gobierno de Japón, finalizando formalmente la Segunda Guerra Mundial
Picotazos de historia
Las plumas con las que se firmó el fin de la Segunda Guerra Mundial
Se colocaron dos sillas, una a cada lado, para que los representantes firmaran por turnos. Sobre la mesa se encontraban los documentos a firmar y cuatro plumas negras de la marca Waterman
Del 17 de julio al 2 de agosto se celebró la llamada Conferencia de Potsdam, en Berlín. Asistieron a ella el presidente Truman, por los Estados Unidos de América; Stalin, por la Unión Soviética, y el viceprimer ministro del Reino Unido, Clement Attlee. Entre otras cosas, declararon que solo aceptarían la rendición incondicional del Imperio japonés; que este perdería todos los territorios aparte de sus islas matrices; que debería llevar a cabo un desarme completo, y que Japón sería ocupado por los Aliados.
El 27 de julio, Japón rechazó formalmente las condiciones de Potsdam. El 6 de agosto cayó la primera bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. Los muertos se calcularon entre 80.000 y 120.000. A pesar del horror del descubrimiento nuclear, Japón decidió continuar con la guerra.
Ese mismo día, 8 de agosto, la URSS declaró la guerra a Japón. Al día siguiente cayó una segunda bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Nagasaki. Esta vez, los muertos se calcularon entre 60.000 y 90.000. El Gobierno japonés era incapaz de tomar una decisión. Se trataba de una situación completamente inédita y sin precedente alguno. El emperador convocó a su consejo y les comunicó que estaba dispuesto a aceptar las condiciones de Potsdam.
La ceremonia oficial de rendición del Imperio japonés a las fuerzas aliadas se llevaría a cabo el 2 de septiembre. Por expresa indicación del comandante en jefe de las fuerzas aliadas en el Pacífico, general Douglas MacArthur, la firma de los documentos se realizaría sobre la cubierta del acorazado USS Missouri.
Este navío se encontraba anclado en la bahía de Tokio, exactamente —y esto también por indicación de MacArthur— en el mismo punto donde estaba el barco del comodoro Perry cuando, sobre su cubierta, se firmó el Tratado de Kanagawa (31 de marzo de 1854), por el cual Japón se abría al comercio exterior.
MacArthur en la ceremonia de rendición. La bandera ondeada por Perry es visible en el fondo
MacArthur también hizo traer la bandera de guerra que ondeaba en el barco del comodoro durante la firma del tratado. La bandera, enmarcada para su conservación, se colgó sobre la pared del puente de mando. En las fotografías se puede apreciar cómo cuelga de la pared, a la izquierda, en el lado donde están situados los representantes de los países aliados.
Sobre la cubierta de teca se situó una mesa alargada, que fue cubierta con un paño verde. Se colocaron dos sillas, una a cada lado, para que los representantes firmaran por turnos. Sobre la mesa se encontraban los documentos a firmar y cuatro plumas negras de la marca Waterman.
La delegación japonesa estaba compuesta por once personas y llegó a bordo del acorazado a las 9:02 horas. A las 9:04 firmó, en nombre del emperador y de su Gobierno, el ministro de Asuntos Exteriores, Mamoru Shigemitsu. A las 9:06 firmó «por orden y en su nombre» del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas el jefe del Estado Mayor del Ejército, general Yoshijirō Umezu.
Dos minutos después se sentó, en el lado opuesto al que lo habían hecho los representantes japoneses, el comandante en jefe de las fuerzas aliadas en el Pacífico, Douglas MacArthur. Detrás suyo —y también por petición expresa de él— se situaron los tenientes generales Wainwright y Percival. El primero, norteamericano, tuvo que rendir las fuerzas estadounidenses en Filipinas y cayó prisionero en la fortaleza de la isla del Corregidor.
El segundo, británico, estuvo al mando de las fuerzas de defensa en Singapur y tuvo que rendirse ante el genio del general Yamashita. Cada uno de los antiguos prisioneros recibió de manos del comandante en jefe una de las plumas que utilizó para firmar los documentos. Utilizó una tercera pluma que era propiedad de su ayudante general, Courtney Whitney, a quien se la devolvió tras utilizarla. Por último, MacArthur sacó una cuarta pluma que usaría: era de un brillante color rojo, de la marca Parker, y era la que usaba su esposa.
Los representantes japoneses a bordo del USS Missouri durante la ceremonia de rendición el 2 de septiembre de 1945
Quedaron dos de las plumas Waterman, que fueron utilizadas por los representantes de los Estados Unidos (almirante Nimitz, quien usó dos plumas: una de las que había sobre la mesa y otra perteneciente a un íntimo amigo suyo), Reino Unido (almirante Fraser), URSS (teniente general Derevyanko), Australia (general Blamey), Canadá (coronel Cosgrave), Francia (general Leclerc de Hauteclocque), Países Bajos (almirante Helfrich) y Nueva Zelanda (vicemariscal del aire Isitt).
Hubo un pequeño incidente durante el acto, ya que el almirante Fraser, imitando lo que había hecho el general MacArthur, usó las dos plumas que había sobre la mesa y las entregó a sus ayudantes como regalo.
Inmediatamente intervinieron los oficiales encargados del protocolo, que dejaron muy claro al británico que esas plumas eran para ser utilizadas por todos, que no podía regalar lo que no era suyo y que debía dejar lo que debía ser usado por los demás. No sentó nada bien al representante del Reino Unido la regañina que recibió, pero no organizó ningún escándalo. Estas dos plumas se encuentran depositadas en el Museo Memorial MacArthur de Norfolk, Virginia.
La pluma que utilizó MacArthur para firmar la rendición de Japón en 1945
Respecto a las otras plumas, la familia Whitney sigue teniendo en su poder la que utilizó MacArthur. El teniente general Wainwright donó la suya al museo de la Academia Militar de West Point. La del teniente general Percival fue donada y hoy puede contemplarse en el museo militar de Cheshire.
Por último, la bonita pluma Parker de color rojo, que era propiedad de Jean Faircloth, segunda esposa del general MacArthur —la primera fue la pesadilla del militar, como expliqué en un artículo que escribí sobre ella—, la conservó hasta que un día fue sustraída de su casa durante la década de 1980. Nunca se supo quién fue ni si conocía el valor de la pluma. La señora falleció a los 102 años, en el año 2000.