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El inolvidable José Isbert, en uno de los planos más emblemáticos, el sueño del alcalde, de ¡Bienvenido, mister Marshall!

El inolvidable José Isbert, en uno de los planos más emblemáticos, el sueño del alcalde, de '¡Bienvenido, mister Marshall!'

Dinastías y poder

José Isbert, el actor que actuó para niños durante la guerra y triunfó bajo el franquismo

La historia de José Isbert y su familia ayuda a entender cómo el mundo del espectáculo español navegó durante el siglo XX: la Guerra Civil, el franquismo, la censura y la posterior apertura democrática condicionaron la producción cultural

En la historia del cine y el teatro español, encontramos pocos nombres tan queridos como el de José Isbert. Su figura nos traslada a una época y marca el inicio de una dinastía familiar de actores que ha dejado huella imborrable en el país. La vida y obra de Isbert, paralela a los acontecimientos que atravesó España en el siglo XX, configuran una historia en la que se entrelazan el arte y la adaptación al cambio político.

El Isbert de Bienvenido, Mister Marshall, con Manolo Morán, sigue siendo sinónimo de una época fundamental de nuestro cine, pero también de una dinastía escénica que transmitió su pasión por la interpretación a lo largo de varias generaciones: la complejidad de una España marcada por la guerra y el posterior régimen de Franco.

Nacido en Madrid en 1886, en el popular barrio de Embajadores, José Isbert pasó parte de su infancia en Tarazona de la Mancha (Albacete), localidad de origen de su familia. Aunque inició estudios en Comercio, su verdadera vocación lo condujo al mundo escénico, debutando en el Teatro Apolo a comienzos del siglo XX, en una España marcada por las secuelas del Desastre del 98 y el inicio de profundas transformaciones políticas y sociales.

Lo encontramos en el corto Asesinato y entierro de don José Canalejas (1912), interpretando al anarquista José Pardiñas, autor del disparo que terminó con la vida del ferrolano político liberal. «Ha ingresado en la Compañía de la notable actriz Carmen Cobeña el simpático y notable actor cómico José Isbert, que durante cuatro temporadas ha actuado con gran aplauso del público en el Coliseo Imperial», leemos en La Tribuna (28 de marzo de 1912).

José Isbert (centro) en ¡Bienvenido Míster Marshall!

José Isbert (centro) en ¡Bienvenido Míster Marshall!Instituto Cervantes virtual

Con la llegada del cine sonoro, Isbert no solo logró mantener su relevancia, sino que amplió su proyección artística al fundar su propia compañía de comedias itinerante. En 1931 participó en La pura verdad, versión española de la estadounidense, dirigida por Florián Rey y con Enriqueta Serrano como compañera de cartel (El Sol, 12 de julio de 1931). Años, también, en el Teatro de la Comedia, interpretando títulos de los geniales Muñoz Seca o Arniches. El cine comenzaba ya a consolidarse como un medio de expresión de masas en la nueva Segunda República.

Durante la Guerra Civil (1936–1939), su actividad profesional se vio profundamente condicionada por el conflicto. Aunque no se tienen registros de una participación directa en los acontecimientos bélicos, su condición de católico practicante y su residencia en el Madrid republicano lo situaron en una posición vulnerable. Isbert tuvo que centrarse en las escasas oportunidades de trabajo y en su familia, lo que le llevó a pasar más de cinco meses en Cuenca actuando en el Teatro Cervantes para niños y combatientes.

Tras la victoria nacional, consolidó su carrera en el cine. Su participación en numerosas películas durante las décadas de los 40 y 50 —comedias, pero también dramas populares— lo convirtió en un rostro familiar y entrañable de la posguerra. Lo recordamos también en Historias de la radio, de José Luis Sáenz de Heredia.

Aunque asociado al cine franquista, la figura de José Isbert sobrevivió a los cambios políticos que vendrían con la transición a la democracia. Películas como La gran familia (1962) o su papel en El verdugo (1963), de Luis García Berlanga, muestran su capacidad para retratar la realidad social española con humor incluso cuando esta se mostraba desde una velada crítica al sistema. Isbert murió en 1966, tras una enfermedad que le había privado del habla, cuando era ya una de las figuras más reconocibles de nuestro cine. Su rostro amable y voz ronca, papeles de personajes sencillos y humanos, lo convirtieron en un referente para varias generaciones.

José Isbert

José IsbertReal Academia de la Historia

El legado de José Isbert se prolongó en su familia con una auténtica dinastía de actores. Su hija María Isbert protagonizó Viridiana, de Luis Buñuel, en 1961. Y su nieto, Tony Isbert, trabajó en televisión, cine y teatro, manteniendo vivo el legado familiar en una España democrática y culturalmente más plural. Compartió cartel junto a Pepa Flores, Marisol, en la serie de TVE 1 Mariana Pineda, la bordadora granadina que se rebeló contra el absolutismo de Fernando VII.

La historia de José Isbert y su familia ayuda a entender cómo el mundo del espectáculo español navegó durante el siglo XX: la Guerra Civil, el franquismo, la censura y la posterior apertura democrática condicionaron la producción cultural. La dinastía Isbert es un testimonio de la capacidad del arte para construir puentes entre generaciones.

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