La Llegada, de Augusto Ferrer-Dalmau
Los motivos por los que España no debe pedir perdón a México
El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha afirmado que a lo largo de la historia compartida entre España y México «ha habido dolor e injusticia» hacia los pueblos indígenas mexicanos y que es «justo reconocerlo y enmendarlo»
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha valorado como «muy importante» la declaración de este viernes del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, quien declaró durante la inauguración de la exposición La mitad del mundo. La mujer en el México indígena en el Instituto Cervantes en Madrid, que «ha habido dolor e injusticia» hacia los pueblos originarios mexicanos y que es «justo reconocerlo y enmendarlo».
Sheinbaum, así como su antecesor Andrés Manuel López Obrador, llevaba tiempo reclamando que el Gobierno de Pedro Sánchez –e incluso se ha dirigido al Rey Felipe VI– pida perdón «por los agravios cometidos contra los pueblos originarios durante la conquista». En contra posición, el historiador mexicano Juan Miguel Zunzunegui, aseguró en entrevista con El Debate que «que España pida perdón por la conquista sería como pedir disculpas por el hecho de que México exista».
Por ello, ¿están justificados los recelos históricos de México por la conquista española? ¿Debería pedir perdón España por la conquista? A continuación reproducimos un artículo de Bernard Durán publicado en este medio sobre esta cuestión:
España no invadió México. En 1519, cuando llega Cortés a territorio maya, México no existía.
Por otro lado, si fuéramos puristas, la conquista no la realiza la Corona, sino que fue, en un primer momento, responsabilidad exclusiva de Hernán Cortés, ya que el extremeño tenía solamente autorización para explorar y descubrir nuevos territorios, pero no para invadirlos y poblarlos, que fue lo que finalmente hizo, aunque podemos aceptar que la responsabilidad última fue española, ya que dichos reinos y señoríos los conquistó en nombre de su Rey y Carlos V los aceptó de buen grado e incluso nombrará a Cortés primer marqués del valle de Oaxaca, entre otras prebendas, en recompensa por los territorios conseguidos para la monarquía hispana.
Sobre lo que no cabe discusión histórica alguna es que México no existía en la época de la conquista. Si lo que se pretende, en realidad, es pedir disculpas por la conquista del territorio que controlaba la triple alianza, (la que conformaban las ciudades de Tenochtitlán, Tlacopán y Tetzcoco), dicho territorio no tiene nada que ver con las fronteras del México actual, aun incluyendo estados y pueblos vasallos no sería ni un cuarto de dicho territorio y si lo que se pretende es pedir disculpas por la conquista de los territorios del virreinato de la Nueva España, entonces deberían sumarse a esa petición, Filipinas, Canadá, (por Nutka), Estados Unidos, Guatemala, Nicaragua, El Salvador, Honduras, Costa Rica, Panamá, (aunque solo por la provincia de Bocas del Toro) y la mayor parte de los países caribeños e incluso algún país de Oceanía como los Estados Federados de Micronesia.
Es cierto que la ciudad de México, la antigua Tenochtitlán de los mexicas, fue el origen y la capital del virreinato, pero con el proceso de independencia el virreinato alumbró múltiples estados. México heredó la mayor parte del territorio continental, pero como es bien sabido, gran parte de este le fue arrebatado por Estados Unidos, (a quien curiosamente no se le pide ninguna excusa histórica) y ratificado por el tratado de Guadalupe-Hidalgo de 1848.
850 españoles y más de 135.000 aliados de pueblos originarios
Aclarado el marco geográfico de la conquista, es decir, ciñéndonos al territorio dominado por la triple alianza, obviamente nadie se cree que 510 españoles, con los que comenzó el de Medellín, por sí solos, pudiesen vencer a los miles de guerreros que componían los ejércitos de las tres ciudades. En realidad, en agosto de 1521 Cortés entra en Tenochtitlán con unos 850 españoles y con más de 135.000 aliados de pueblos originarios, incluyendo tlaxcaltecas, tetzcocanos, totonacas, otomíes, cholutecas, chalcas, huejotzincas y chinatecas, entre otros.
La razón por la que Cortés consiguió tantos aliados, además de sus innegables dotes diplomáticas y por la fundamental ayuda de Doña Marina, es bien conocida. Por el régimen de terror impuesto por los pipiltin o élites tenochcas a sus estados vasallos, que debían proveer entre 20.000 a 30.000 individuos anualmente para ser sacrificados en el templo mayor y cocinados y comidos posteriormente en banquetes rituales.
En cualquier caso, pretender que el mexicano actual se sienta solamente descendiente de etnias mexicas es un absurdo absoluto y aun si ese fuese el sentimiento o la identificación del mexicano actual, las disculpas habría que pedírselas a los descendientes de todas las etnias señaladas, lo cual sería un sinsentido.
¿Fue tan cruel la conquista española?
Vayamos ahora con la conquista y el pretendido «genocidio». Salvo que se pretenda hacer una lectura anacrónica de la historia, en el siglo XVI la guerra de conquista era una constante en Europa, como lo era también en la Mesoamérica pre-hispana. Por poner un ejemplo, Carlos V se enfrentó, apenas cuatro años después de la caída de Tenochtitlán, con Francisco I de Francia para reafirmar su soberanía sobre Nápoles, Flandes, Artois, Borgoña y desplazar a Francia del Milanesado.
En la batalla murieron, aproximadamente, 80.000 franceses y unos 5.000 alemanes. Por supuesto, a ningún jefe de Estado francés o alemán se le ha pasado nunca por la cabeza pedir a España perdón por los caídos en Pavía. La conquista mesoamericana no fue pacífica y existieron muchos episodios condenables, como las matanzas de Cholula o la del templo mayor, aunque en ambas, siendo rigurosos, tenemos que admitir que tuvieron mayor responsabilidad los aliados tlaxcaltecas.
En cualquier caso, como en toda campaña en las que luchan dos ejércitos se produjeron bajas por ambas partes, (en la noche triste, sin ir más lejos, Cortés pierde a unos 800 españoles y a unos 6.000 tlaxcaltecas), pero lo cierto es que la gran mortandad en los pueblos originarios no la provocaron las guerras de conquista, sino que fue debida a las enfermedades que trajeron los europeos.
Muy al contrario, desde los Reyes Católicos, España tenía una legislación muy favorable, para la época, en relación con los indígenas y los abusos a los mismos fueron denunciados con total transparencia e incluso sometidos a juicio. La Inquisición no tenía jurisdicción sobre ellos y la Corona no solo promovió el mestizaje, sino que ennobleció a las élites indias, poniéndolas en pie de igualdad con las españolas.
El resultado fue una Nueva España mestiza y, por cierto, tremendamente próspera, favorecida por el denominado «galeón de Manila», hasta el punto que, en el siglo anterior a la independencia, la renta per cápita del novohispano superaba a la del inglés de las colonias del nordeste. Cuando se produce la independencia, los pueblos originarios apoyaron a la Corona. Tenían buenas razones. En la parte de Nueva España heredada por México pasaron de ser más del 50 % de la población al, aproximadamente, 15 % actual y en la heredada por Estados Unidos, menos del 2 %. Estos son datos fácilmente comprobables, así que es sencillo extraer conclusiones.