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Soldados españoles vigilando una manifestación del Frente Polisario contra el Partido de Unión Nacional Saharaui (25 de agosto de 1975)

Soldados españoles vigilando una manifestación del Frente Polisario contra el Partido de Unión Nacional Saharaui (25 de agosto de 1975)Wikimedia Commons

Sáhara: mucho más que cincuenta años de un abandono

En lo relativo a las relaciones España-Marruecos, nada es casual, nada es simple, nada ocurre porque sí

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas emitió el pasado 31 de octubre una resolución en la que considera como solución viable para el Sáhara una autonomía para el territorio, pero manteniendo la soberanía marroquí sobre el mismo, lo que ha provocado inmediatamente una oleada de euforia nacionalista en el país vecino, con grandes manifestaciones de reafirmación nacional en las principales ciudades, justo cuando apenas hace unas semanas se producían graves disturbios protagonizados por jóvenes que demandaban oportunidades laborales a las que manifestaban no tener acceso.

En dicha resolución hay detalles que no deben ser pasados por alto: ha sido redactada por Estados Unidos tomando como base la propuesta de autonomía presentada por Marruecos; en ella se insta a las partes a iniciar negociaciones con el objetivo de alcanzar una solución política definitiva que garantice el derecho a la autonomía del pueblo saharaui; ha salido adelante con 11 votos a favor, tres abstenciones –Rusia, China y Pakistán–, las dos primeras de las cuales no han ejercido su derecho a veto, y la ausencia de un país que no participó en la votación, Argelia.

Tras esta declaración, el rey de Marruecos se ha apresurado a dirigirse a su pueblo en un discurso, tras mucho tiempo sin hacerlo, catalogando la situación como un «momento histórico» y manifestando que supone un cambio de rumbo en el conflicto del Sáhara, agradeciendo el esfuerzo de los países que han apoyado la postura marroquí, con especial mención al Reino Unido, España y, sobre todo, Francia.

Por su parte, el Frente Polisario sigue manteniendo inamovible su postura de la creación de la República Saharaui independiente y rechaza cualquier solución que no pase por su reconocimiento y la oposición frontal a la «ocupación marroquí» del territorio, privándoles de su «reconocido derecho a la autodeterminación».

Durante décadas, España ha mantenido una postura de difícil equilibrio en relación con el antiguo Sáhara Español, apelando a las Naciones Unidas para la resolución del conflicto. Pero la situación se modificó súbitamente en 2022 al declarar el presidente del Gobierno, por carta al rey de Marruecos, su apoyo a la propuesta de autonomía para el territorio presentada por su país ante la ONU en 2007.

La publicación de esta resolución coincide con el 50.º aniversario de la organización por Marruecos de la Marcha Verde, lo que supuso el principio del fin de la presencia de España en el Sáhara Español, que se remontaba a 1884. Circunstancia que se prolongó durante tres días frenéticos que a punto estuvieron de desembocar en un conflicto armado entre nuestro país y el reino alauí, y que permanece aún muy presente en la conciencia de la sociedad española.

La iniciativa partió del rey Hasán II, padre del actual monarca, verdadero artífice de la concepción, organización, movilización, invasión y ocupación de la hasta entonces 53.ª provincia española, aprovechando una situación de inestabilidad política cuyo máximo exponente era el delicado estado de salud del jefe del Estado, que había sido ingresado en estado de coma en el Hospital de La Paz de Madrid, del que ya no saldría con vida.

La mañana del día 3 de noviembre, el primer ministro marroquí, Ahmed Osman, llegó a Madrid para entrevistarse con el presidente del Gobierno español. Al parecer, se llegó a un acuerdo tácito mediante el cual las fuerzas españolas permitirían la entrada de la marcha sin que esta rebasase la primera línea de minas.

El día 5 de noviembre, Hasán II, desde Agadir, se dirigió por radio a los voluntarios de la Marcha Verde para anunciarles que al día siguiente franquearían la frontera del Sáhara.

350.000 marroquíes durante la «marcha verde» en 1975

350.000 marroquíes durante la «marcha verde» en 1975

Más de 350.000 civiles desarmados, entre los que se encontraban mujeres y niños, pertrechados con ejemplares del Corán, banderas marroquíes y estadounidenses, y retratos del monarca marroquí, apoyados logísticamente por las Fuerzas Armadas Reales (FAR), y con elementos de estas infiltrados en sus filas y a retaguardia de ellas, se lanzaron en una marcha vertiginosa hacia la ciudad de Tarfaya, al norte del territorio saharaui, para adentrarse en dos columnas en él.

El día 6 de noviembre, los primeros elementos se aventuraron en territorio español en una zona de de 8 a 10 kilómetros de profundidad entre la frontera y los primeros campos de minas, previamente evacuada por el Ejército español. Los peregrinos avanzaron lenta pero tenazmente hacia el sur con un fuerte viento de cara y unas condiciones meteorológicas muy duras.

El mismo día 6, ante el cariz que tomaban los acontecimientos, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se reunió de urgencia en Nueva York, instando al rey de Marruecos a detener la invasión. El monarca contestó que el movimiento ya había comenzado, pero insistió en que tenía un carácter puramente pacífico.

A media tarde de ese día, el ministro de Información marroquí, Ahmed Tahibi, que desempeñaba interinamente la cartera de Exteriores, convocó al embajador español Martín Gamero para informarle oficialmente del inicio de la marcha y que esta continuaría hacia el sur sin detenerse, con posibilidad de enfrentamiento de los peregrinos con las fuerzas españolas. En el caso de que se produjera gran cantidad de bajas, intervendrían las FAR marroquíes, pudiendo llegarse a un conflicto entre España y Marruecos.

El mismo día 7, tras analizar las amenazas recibidas, se reunió el Consejo de Ministros español. Dadas las circunstancias políticas, lo último que deseaba el Gobierno español era una guerra en el Sáhara. Tras las correspondientes deliberaciones, el presidente Arias Navarro decidió entablar conversaciones con el monarca marroquí. Para ello, el 8 de noviembre, el ministro de la Presidencia, Antonio Carro, se trasladó a Agadir a fin de pactar con Hasán II la apertura de negociaciones para la transferencia del Sáhara a cambio del retorno de la Marcha Verde.

El 9 de noviembre, Hasán II anunció el final de la Marcha Verde y el 10 se inició el repliegue de los voluntarios civiles marroquíes hacia Tarfaya. El día 12 de noviembre comenzaron en Madrid las conversaciones entre España, Marruecos y Mauritania, llegándose el día 14 a un acuerdo tripartito por el que España, entre otros compromisos, ratificaba su resolución de abandonar el Sáhara, instituir una administración temporal con participación de Marruecos, Mauritania y la Yemaa o parlamento saharaui, cediendo la administración del territorio pero no su soberanía.

A partir de entonces, comenzó la evacuación militar del Sáhara (Operación Golondrina), hasta que el 28 de febrero el teniente coronel Ballenilla, delegado gubernativo español en el sur del territorio, arriaba la última enseña nacional, poniendo fin a la presencia española en el Sáhara.

El referéndum que España había prometido realizar en el primer semestre de 1975, con el aval de la ONU y con un censo recién elaborado, se había paralizado a petición de Marruecos.

El Frente Polisario, que había luchado inicialmente contra España, propició la ocupación marroquí, replegándose sobre los campamentos de Tinduf, en Argelia, y declarando la independencia de la República Democrática Saharaui.

El Ejército español acató con disciplina y eficacia una orden de repliegue que no hacía justicia a su dedicación, sacrificio y entrega, fraguada con heroísmo, sangre y muertos, tras muchos años de combates y escaramuzas en territorio sahariano, y que no contribuyó más que a dar carta blanca a una ocupación marroquí que contravenía los designios de Naciones Unidas y que, a la larga, se ha visto legitimada ahora por la misma organización que entonces la proscribió, con una resolución que, lejos de solucionar el problema, lo aplaza sine die.

  • Antonio Ruiz Benítez es general del Ejército de Tierra (Retirado)
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