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Retrato de Baldomero Espartero por José Casado del Alisal

Retrato de Baldomero Espartero por José Casado del Alisal

Dinastías y poder

Cuando el general Espartero se exilió en Londres y ganó el respeto de la Reina Victoria y Wellington

Su prestigio internacional como militar y líder político no se limitaba a tierras extranjeras, sino que Espartero se convirtió en el hombre más afamado de España: su celebridad era tal que incluso se pusieron de moda las patillas largas y tupidas como las que él llevaba

El general Baldomero Espartero vivió en Londres durante más de cinco años. Se había exiliado a finales de 1843 como consecuencia del fracaso de la Regencia. Durante su estancia en Inglaterra, disfrutó de un reconocimiento impensable para muchos: fue agasajado por la Reina Victoria y por el duque de Wellington, lo que reflejaba su prestigio internacional como militar y líder político. Pero esta fama no se limitaba a tierras extranjeras.

En España, tras su victoria en la guerra carlista, Espartero se convirtió en el hombre más afamado: su celebridad era tal que incluso se pusieron de moda las patillas largas y tupidas como las que él llevaba, un símbolo de admiración y lealtad liberal que trascendía lo estrictamente militar.

Héroe de la guerra carlista como jefe de los ejércitos liberales frente a las huestes de Carlos María Isidro de Borbón, el general Espartero había sido condecorado en España como conde de Luchana y duque de la Victoria. Fue también el artífice del acuerdo de paz con los marotistas. Más tarde añadiría el título de príncipe de Vergara con tratamiento de alteza real. Su lema, «Cúmplase la voluntad popular», definía un liderazgo liberal progresista que le granjeó fuerte admiración tanto en su país como fuera de él.

Acompañado por su esposa Jacinta Martínez de Sicilia, adinerada heredera riojana, Espartero llegó a Londres. Eran los días de la entonces joven Reina Victoria, en el trono desde 1837. La prensa se hizo eco de la noticia en estos términos: «Espartero se halla entre nosotros. Muchos y muy ilustres fugitivos han sido arrojados a nuestras playas por las revoluciones que se han sucedido en el continente durante los últimos sesenta años; pero jamás, en ninguna ocasión, se ha presentado nadie con mayores títulos a nuestras simpatías y a la hospitalidad del pueblo inglés, que caído el regente y sus valientes compañeros de destierro».

Según refiere The Times, poco después de entrar en la capital del Támesis, su hotel —algunas fuentes citan la fonda Mivart— fue sitiado por visitantes de todos los rangos. El duque de Wellington, héroe tras su victoria en Waterloo frente al emperador Napoleón, estuvo entre los primeros en hacerle visita. Se inscribió en el libro de visitas como el «feldmariscal duque de Wellington, capitán general, duque de Ciudad Rodrigo».

Días después, Espartero fue recibido en el Palacio de Windsor por la Reina y el príncipe Alberto. Vestía uniforme de general del Ejército español con varias cruces de caballero. El encuentro duró aproximadamente media hora. En esos años, la reputación de Espartero como estratega y defensor del liberalismo creció entre la aristocracia inglesa. Según algunas fuentes, Victoria le otorgó la Orden del Baño, un reconocimiento de la caballería británica creada por el Rey Jorge I, en muestra de sus méritos militares. Además, su esposa Jacinta también causó buena impresión en la corte británica. En la biografía de Adrián Shubert sobre Espartero puede leerse que la soberana comentó que Jacinta había debido de ser una mujer hermosa y conservaba muchas muestras de belleza.

Retrato de Jacinta Martínez de Sicilia

Retrato de Jacinta Martínez de SiciliaDominio Público

Durante su estancia en Londres, Espartero se mudó a una finca llamada Abbey Lodge y mantuvo lazos interesantes con la sociedad inglesa. Trabajaba en su jardín, aunque también disfrutaba del reconocimiento público. Rechazó una pensión anual que el Gobierno británico le ofreció, aunque su presencia era constante en eventos sociales y políticos. También colaboró con amigos españoles exiliados y progresistas, por lo que mantuvo una influencia discreta en la política española desde el extranjero.

En 1848, en plena Década Moderada, Espartero regresó a España y retomó su papel político. Tras la Vicalvarada de 1854, volvió al poder junto a Leopoldo O’Donnell en el llamado «Gobierno de los dos cónsules». Sin embargo, sus caracteres chocaban. Poco a poco se fue retirando de la vida pública y estableció su residencia en Logroño. Aunque su prestigio se mantuvo: figuras como Amadeo de Saboya, el presidente de la I República, Estanislao Figueras, y Alfonso XII, una vez proclamado Rey y restaurados los Borbones en el trono, lo visitaron en su residencia.

La estancia de Espartero en Inglaterra resultó decisiva para su legado. Reafirmó su prestigio internacional y salió reforzado en el plano político por una de las monarquías más poderosas de aquel tiempo. La relación que mantuvo con la Reina Victoria y con Wellington no fue únicamente circunstancial, sino que puede verse como parte de un reconocimiento necesario en días de transformaciones políticas en el viejo continente. Espartero, militar y político, prototipo de los «espadones» que manejaron el reinado isabelino, había consolidado su prestigio como figura clave del liberalismo en el siglo XIX.

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