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Tropas alemanas en su avance se encuentran con equipamiento estadounidense abandonado

Tropas alemanas en su avance se encuentran con equipamiento estadounidense abandonado

La batalla de las Ardenas: el último intento desesperado de Hitler para ganar la Segunda Guerra Mundial

En diciembre de 1944, cuando la derrota alemana parecía inevitable, el Tercer Reich desencadenó una ofensiva relámpago en el corazón de Europa. Fue un golpe audaz, inesperado y brutal, pero también un fracaso estratégico que aceleró la derrota alemana

Tras el desembarco aliado en las playas de Normandía en junio de 1944, las fuerzas británicas y estadounidenses avanzaron rápidamente por Francia y Bélgica. Simultáneamente, el Ejército Rojo presionaba en el frente este. Sin embargo, con la llegada del otoño, el avance angloamericano se detuvo; las ofensivas lanzadas en septiembre y octubre apenas habían logrado avances significativos. Mientras tanto, Alemania, aunque debilitada, reorganizaba sus defensas con tropas retiradas de Francia, nuevas unidades del Volkssturm —una milicia improvisada— y los últimos recursos disponibles.

Para intentar mantener la iniciativa, en noviembre, los ejércitos aliados desplegados en el frente occidental llevaron a cabo una ofensiva general que resultó infructuosa. Las tropas estaban exhaustas y el invierno se acercaba.

El plan alemán: una apuesta arriesgada

Fue entonces cuando el Alto Mando alemán concibió un plan de gran audacia y ambición: una ofensiva relámpago dirigida a dividir a las fuerzas aliadas, recuperar Amberes y obligar a negociar la paz en condiciones ventajosas. Hitler continuaba, con pueril obstinación, aferrado al sueño de reconducir el rumbo de la guerra.

La región elegida fue el bosque de las Ardenas, en Bélgica y Luxemburgo; un terreno montañoso y boscoso que los aliados consideraban poco probable para un ataque masivo. La sorpresa de la operación estaba garantizada. Además, el mal tiempo previsto impediría la intervención de la aviación aliada, que señoreaba los cielos europeos.

Tropas alemanas combatiendo en las Ardenas

Tropas alemanas combatiendo en las ArdenasBundesarchiv / Wikimedia Commons

El mando de la operación recayó en el mariscal Gerd von Rundstedt, con dos ejércitos blindados como punta de lanza: el 5.º Ejército Panzer, comandado por el general Hasso von Manteuffel, y el 6.º Ejército Panzer SS, bajo el mando del general Sepp Dietrich.

De la sorpresa inicial al fracaso de la ofensiva

Antes del amanecer del 16 de diciembre de 1944, en medio de una densa niebla, más de 200.000 soldados alemanes y 1.000 carros de combate rompieron las líneas aliadas. La ofensiva cogió por sorpresa a las tropas estadounidenses, que encajaron un duro golpe inicial. Durante los primeros días, la niebla favoreció a los alemanes, impidiendo la intervención aérea aliada.

Pero cuando los cielos se despejaron, la superioridad aérea de los aliados resultó decisiva. Las columnas alemanas fueron bombardeadas y se cortaron sus líneas de suministro. Además, la falta de combustible y municiones frenó el avance germano, que dependía en gran medida de la captura de depósitos aliados. Así, a pesar del éxito inicial, la ofensiva alemana comenzó a perder fuerza. Aunque, el 24 de diciembre, las tropas alemanas estaban a tan solo seis kilómetros del río Mosa, no pudieron cruzarlo.

A partir del 23 de diciembre, los aliados lanzaron un contraataque coordinado; el polémico general George S. Patton realizó una espectacular maniobra con su Tercer Ejército para liberar la sitiada localidad de Bastogne. La batalla de las Ardenas se prolongaría hasta el 25 de enero, dejando un balance devastador: más de 80.000 bajas alemanas y 75.000 aliadas, además de una gran cantidad de vehículos acorazados y armamento que el Tercer Reich ya no podía reponer por falta de capacidad industrial.

Tras su fracaso, el Tercer Reich quedó sin capacidad ofensiva y la derrota final se aceleró. Aunque la ofensiva retrasó los planes aliados, también agotó las últimas reservas alemanas y demostró que Alemania ya no tenía capacidad para cambiar el curso de la guerra. Desde entonces, la derrota fue solo cuestión de tiempo. En abril de 1945 caería Berlín y la guerra en Europa llegaría a su fin.

La batalla en el cine y en la televisión

La magnitud y el dramatismo de aquella ofensiva inspiraron la película La batalla de las Ardenas (1965), protagonizada por Henry Fonda y Robert Shaw. El filme, rodado en Segovia, Madrid y Navarra, recrea la tensión y el caos de aquellos días, aunque con abundantes —quizás demasiadas— licencias históricas. Por ejemplo, para recrear algunas de las escenas bélicas se emplearon carros de combate M-47 del Regimiento de Infantería Acorazada «Alcázar de Toledo» n.º 61, con algunos M-41 modificados para simular los temibles Tiger.

Por su parte, los ínclitos carros de combate Sherman estadounidenses fueron emulados utilizando varios M-24 Chaffee procedentes del Regimiento de Caballería Dragones de Alfambra. También se emplearon en el rodaje algunos M-37 —similares a los M-7 Priest de la contienda—, junto con camiones GMC, Reo y jeeps. A pesar de las críticas por su falta de rigor, la cinta se convirtió en un clásico del cine bélico.

Décadas más tarde, la serie Hermanos de Sangre (Band of Brothers, 2001), producida por Steven Spielberg y Tom Hanks, ofreció una visión mucho más realista y emotiva del conflicto. Sus capítulos dedicados a Bastogne muestran el sufrimiento extremo de la 101.ª División Aerotransportada, atrapada en el frío y la escasez de suministros.

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